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Orden en el Universo 

Ciertos divulgadores de la ciencia postulan gratuitamente que la visión científica del mundo es espontánea del hombre, y sólo las ideas religiosas pueden frenarlas. Nada más lejos de la realidad. La historia de la Ciencia, por el contrario, nos muestra que lo que movió a investigadores como Copérnico, Kepler, Galileo o Newton a profundizar en sus arduos trabajos era la convicción de un ORDEN en la Naturaleza, por proceder de un Dios infinitamente inteligente.

El tren de la ciencia está ya en marcha; un materialista, un agnóstico pueden subirse a él y perfeccionarlo con su trabajo. Pero no fue en un ambiente materialista ni ateo donde se construyó y se puso en marcha tal tren. La ciencia experimental moderna no nació a pesar de la teología, sino de su mano. Y una vez desarrollada, no se opone a ella. Por ello, aun hoy en día los avances científicos se dan por la convicción de que existe un orden racional que puede ser conocido por la inteligencia humana.

Así lo reconoce un historiador de la ciencia, contemporáneo, llamado Stanley Jaki, y que lo ha corroborado ampliamente en libros y ensayos. Jaki sostiene que la ciencia experimental encontró un nacimiento viable en lo que él denomina “matriz cultural” de la Europa cristiana, donde, después de siglos de amplia influencia del cristianismo, era general el convencimiento acerca de la racionalidad del Universo y de la capacidad humana para penetrar en ese orden causado por Dios.

Científicos como Faraday, Maxwell, Planck, Einstein o Heisenberg mostraron en sus trabajos unas convicciones filosóficas que, sin ser exclusivas del cristianismo, gracias a él llegaron de hecho a configurar toda una cultura que hizo posible el nacimiento y desarrollo sistemático de la ciencia moderna.

En 1936 Einstein recibió una carta de un joven de primaria que le preguntaba por sus creencias religiosas. Entresaco, de la respuesta que le envió Einstein, los siguientes párrafos que confirman cuanto hemos indicado:

“Todo hombre que participe con seriedad en la búsqueda del conocimiento científico acaba convencido de que hay un espíritu manifiesto en las leyes del Universo; un espíritu que es muy superior al nuestro, y ante el cual nosotros con nuestras pobres facultades, debemos sentirnos humildes”

La idea de que la obra de Dios es racional y puede ser descrita por leyes universales, hizo posible la investigación científica.

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