Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|domingo, agosto 25, 2019
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Otro ataque laicista contra una iglesia 

Es verdaderamente estremecedor, e indignante al mismo tiempo, ver como los ataques laicistas contra iglesias y objetos de culto, están sucediéndose cada vez con mayor frecuencia. Pero ahora han rebasado los límites en su encono hacia los cristianos, me refiero al ataque perpetrado recientemente en la Iglesia de Nuestra Señora de Belén en el pueblo de Bigastro, provincia de Alicante, donde para vergüenza y deshonor de unos cuantos desalmados, han profanado el sagrario, esparciendo por el suelo las Sagradas Especies.

Los que han perpetrado este horrendo sacrilegio, no han atacado a Dios como ellos hubieran deseado (no ofende quien quiere sino quien puede) sino a los cristianos, a los de Bigastro en primer lugar y al resto de los católicos que lamentamos profundamente un hecho tan execrable. No sabemos si la señora alcaldesa Doña Teresa Belmonte habrá condenado como corresponde el hecho punible a todas luces, por atropellar directamente lo más sagrado, venerado y adorado por los cristianos, como es la misma persona de Jesucristo, presente en la Eucaristía.

Jamás se ha oído decir que los católicos atenten contra símbolos de cualquier ideología, menos aún si de lo que se trata es de atentar contra las más íntimas creencias religiosas, sean de la confesión que sean. Las personas que hacen esto amparándose en la nocturnidad, son unos cobardes y unos seres que no merecen vivir en sociedad con personas civilizadas. Lamento profundamente que se den hechos tan viles como este, sobre todo cuando suceden en países de profundas raíces cristianas como el nuestro.

¿Por qué se ensañan contra los católicos y sus creencias? ¿Por qué son odiados de este modo? Los creyentes católicos sólo sabemos perdonar según el mandato evangélico, hasta setenta veces siete, es decir siempre. Entonces, que olviden los resentimientos personales, y nos dejen vivir en paz, respetando como nosotros lo hacemos, el derecho a la libertad religiosa.

                                                                                                                                                                      Isabel Rodríguez de Vera.

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