Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, noviembre 20, 2019
  • Siguenos!

Pánico y agorafobia 

La agorafobia es la fobia más compleja e incapacitante de cuantas existen. Entre el 4 y el 6%  de la población de los países desarrollados sufre este trastorno, uno de los menos comprendidos por los amigos o familiares. Suele comenzar con una crisis de angustia o ataque de pánico ante una determinada situación (en casa, en el trabajo, en la calle, en el coche, en el metro, etc.), que generalmente acaba en urgencias de un hospital. A partir de ese momento,  el agorafóbico deja de frecuentar el lugar donde se desencadenó la primera crisis, desarrollando numerosos síntomas de ansiedad ante la posibilidad de sufrir otro ataque. A lo largo de mi experiencia profesional he tratado a personas que llevaban 4, 9 e incluso 12 años sin salir de casa ni poder quedarse solos en ella.

El pánico y la agorafobia son regulados por una zona del cerebro llamada “locus ceruleus”. Este trastorno con frecuencia va asociado a otro de personalidad. Estos enfermos, que habitualmente toman alcohol y barbitúricos, no pueden hacer una vida normal en cuanto se desarrolla el trastorno. El 92% de los agorafóbicos tienen un miedo atroz a que les suceda algo grave, estar solos, salir a la calle, y entre los síntomas más habituales se encuentran el  mareo o vértigo constante, las taquicardias, náuseas, hipersudoración,  dificultad para respirar, etc.

La persona que tiene pánico o agorafobia huye de los estímulos fóbicos, evitando actividades tan simples como salir a la calle, entrar en unos grandes almacenes, conducir, montar en metro o autobús, ir a un concierto, al cine, etc. Estas “conductas de evitación” son precisamente las que mantienen el trastorno. Con frecuencia desarrolla una hipocondría que le lleva a convencerse de que posee un tumor en el cerebro que le causa el vértigo, sin que se le haya detectado nada.

el miedo que paraliza

En la segunda fase  la persona comienza a generalizar su miedo a otras situaciones y su conducta se hace más limitada. Deja de hacer una vida normal. Sabe que su miedo es irracional, pero no se atreve a hacer muchas cosas, se aísla cada vez más y va perdiendo sus conductas de adaptación y autocontrol. Es incapaz de proseguir su vida cotidiana; cada vez se siente con más miedos e inseguridades.

El miedo irracional incrementa los síntomas de ansiedad y los pensamientos negativos, tanto en intensidad como en frecuencia. Estos pensamientos a su vez, y por sí solos en la tercera fase, producen los mismos síntomas de ansiedad ya generalizados, aunque la persona se encuentre en casa y acompañada, con lo cual el miedo a tener miedo va aumentando constantemente.

En la cuarta fase, la persona se vuelve hipersensible e hipervigilante a muchos estímulos. Las conductas de escape y evitación aumentan su cuadro clínico, porque actúan como reforzadores negativos. Este mecanismo hace que aumenten más los síntomas, por eso no es extraño que pueda desarrollar una crisis de ansiedad o un ataque de pánico en el sofá de su casa.

manifestaciones del trastorno

Los síntomas  más frecuentes de pánico son:

  • Taquicardias frecuentes.
  • Mareo o vértigo constante.
  • Hipersudoración.
  • Visión borrosa.
  • Dificultad de respiración.
  • Sensación de asfixia.
  • Opresión o dolor en el pecho.
  • Náuseas y dolores en el abdomen.
  • Miedo a perder el control.
  • Miedo a morir.
  • Miedo a volverse loco o hacer alguna locura involuntariamente.
  • Sensación de ahogo.
  • Tensión muscular.
  • Miedo a realizar cualquier tipo de ejercicio físico.
  • Dificultad para comer por miedo a atragantarse.
  • Desrealización (sensación de lo que está viviendo no es real).
  • Despersonalización (sensación de estar separado de uno mismo).
  • Miedo a tener un infarto o derrame cerebral.
  • Sensación frecuente de tener escalofríos o sofocos.
  • Sensación de hormigueo o entumecimiento en distintas partes del cuerpo.
  • Numerosos pensamientos negativos de miedo.

A estos síntomas se le unen los de la agorafobia, que son:

  • Ansiedad excesiva por estar en lugares donde no puede escapar: un banco, una fila, unos grandes almacenes, el cine,  la playa, o cualquier lugar cuando se generaliza.
  • Miedo a estar solo.
  • Evita muchas situaciones por miedo  a tener un ataque de pánico.
  • Es incapaz de permanecer en el hogar por períodos prolongados.
  • No puede estar separado o alejado de los demás.
  • Desarrolla muchas conductas de dependencia hacia las personas más cercanas.
  • Miedo a perder el control en cualquier situación.
  • La persona se siente desesperada en todo.
  • Muchas conductas de escape o evitación.
  • Miedo a no volver a ser el mismo de antes de la enfermedad.

tratamiento

Como cualquier otro trastorno psicológico, el trastorno de pánico y agorafobia, si no se trata a tiempo se puede cronificar. Una cosa que hay que tener claro es que un ataque de pánico está precedido por un pensamiento, sin el cual nunca se desencadenaría. Si la persona es capaz de producirse sus ataques de pánico, también es capaz de salir de ellos. Por supuesto ello no es tarea fácil; si así fuese nadie tendría que tratarse.

La terapia cognitivo-conductual es la que ha dado mejores resultados hasta ahora. Normalmente se sigue una terapia de exposición progresiva a los lugares temidos por el agorafóbico, durante el tratamiento, que consiste en técnicas de relajación, respiración, afrontamiento, autocontrol emocional, terapias cognitivas y biofeedback. A lo largo de  este proceso, la persona realiza ejercicios diarios de detención del pensamiento, reestructuración cognitiva, esto es, una reinterpretación de las sensaciones, así como una racionalización de las emociones.

El tratamiento psicológico va acompañado en muchos casos a un tratamiento farmacológico; lo más recomendable es seguir ambos tipos.

consejos

  1. En la medida que pueda no le dé importancia a las sensaciones corporales.
  2. Repita “basta” a los pensamientos negativos.
  3. Piense que la crisis de pánico va a pasar, aunque se sienta dominado por ella.
  4. No haga ejercicios físicos de más de un minuto que le produzcan síntomas parecidos al trastorno (tensión muscular,  taquicardia, respiración intensa y rápida, etc.)
  5. Aunque los síntomas producen mucho sufrimiento, lo peor son los pensamientos negativos que la persona sin querer asocia a esos síntomas, y que quedan relacionados en su cerebro.
  6. Vaya exponiéndose primero a lo que le resulte más fácil y repita continuamente pensamientos positivos (“no tengo miedo”, “puedo hacerlo”, “tengo que superar esto”, etc.)
  7. Intente no tener conductas o pensamientos de evitación.
  8. Practique en casa la relajación profunda antes de exponerse a una situación temida.
  9. Durante la situación temida, repita continuamente pensamientos positivos (“estoy muy relajado”, “me siento muy bien”, “me siento muy seguro”, etc.”).
  10.  Cuando afloren en su mente los pensamientos negativos, practique la distracción del pensamiento, que consiste en pensar en algo positivo, que no tenga relación con los síntomas.
  11.  También es útil, realizar una conducta incompatible con los pensamientos negativos, póngase a hacer alguna actividad agradable, como escuchar música, pintar, hablar por teléfono, tocar la guitarra, etc.,  lo que más le guste en ese momento.
  12.  Comience a exponerse o afrontar la situación menos temida, durante cinco minutos y cada día o semana vaya aumentando el tiempo.
  13.  El pánico y la agorafobia es el miedo más intenso, pero todo está en sus pensamientos. Cambie sus pensamientos y desaparecerá el miedo.
  14.  El tratamiento psicológico es altamente eficaz. No deje que se cronifique. Acuda a un profesional. No lo dude, ya que cuanto más tarde en comenzar el tratamiento,  más tardará en curarse.

Añadir comentario