Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|jueves, agosto 13, 2020
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Pasar de la palabra a la acción 
Por F. A.

«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte:  ‘Lo siento’, lo perdonarás”. Los apóstoles le pidieron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor contestó: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: ‘¡Arráncate de raíz y plántate en el mar!’. Y os obedecería”». (Lc 17, 1-6)


Hoy el Señor nos dice mucho en una breve lectura. Por eso es importante que no endurezcas tu corazón y acojas esta Palabra sin adulterarla ni interpretarla a tu manera. ¡Acógela tal y como es proclamada!

En primer lugar nos advierte de las graves consecuencias que el pecado puede ocasionar cuando nuestras obras son motivo de escándalo. Estos pequeños de los que nos habla la Escritura son todas esas personas que están cerca de nosotros y tal vez estén alejados de la Iglesia, es decir pequeños en la fe. Es posible que una obra escandalosa, un pecado público nuestro les aleje definitivamente: pierdan la fe o no lleguen a tenerla nunca. ¡Cuántas personas se han alejado de Dios como consecuencia del escándalo producido por otros, que llamándose cristianos, no han vivido como tales.

Después de esta primera advertencia, el Señor nos habla de la corrección fraterna y del perdón, del perdón incondicional. De la corrección fraterna, no del juicio. Y del perdón siempre, sin tener en cuenta la ofensa anterior, sin llevar cuentas.

Por último, pone delante de nosotros el poder de la fe. Un poder que traspasa nuestra razón. Hoy se nos invita a aspirar a esta fe. Una fe sincera, pequeña como la del grano de mostaza pero sincera, sin hipocresía; donde nuestras obras sean coherentes con ella: sin escandalizar a nadie, sin ofender a nadie, sin juzgar a nadie, sin condenar a nadie, perdonando a todos por todo, siempre.

El evangelio es esa buena noticia que puede cambiar nuestra vida, renovar nuestra fe.  La fe se ve en nuestras obras, no en nuestra vana palabrería. Pasar de la palabra a la acción: que nuestras acciones sean hoy la misericordia y el perdón, el mismo que el Señor ha tenido con nosotros.

F.A.

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