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Pedid y se os dará 
25 de Febrero
Por Juanjo Guerrero

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden! Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los profetas» (San Mateo 7, 7-12).

COMENTARIO

Dios, en su amor infinito a los hombres, siempre está a nuestro lado para atender todas nuestras necesidades, darnos lo que nos conviene y evitar lo que pueda perjudicarnos por que comprometa nuestra salvación eterna. Esto lo hace respetando totalmente nuestra libertad.

En este pasaje, Jesucristo nos invita a confiar plenamente en Dios; lo cual supone que hemos de pedir cuanto nos parezca que es conveniente, sabiendo que nuestro Creador es Todopoderoso y nos conoce, incluso mejor que nosotros mismos, por lo cual, no nos concederá nada que nos perjudique, aunque, en nuestra inconsciencia se lo pidiésemos.

Por eso, cuando pedimos algo que no se nos concede, o tarda, no se debe perder la fe, ni pensar que Dios no escucha nuestra plegaria. Por el contrario, hemos de estar convencidos de que el Señor actuará en el momento y en el sentido oportunos, conforme a lo que sea mejor para nuestro bien.

Jesucristo aprovecha la ocasión para recordarnos que, el prójimo, que también es hijo de Dios, debe ser tratado como nosotros deseamos que se nos trate. En definitiva, se nos recomienda que examinemos nuestro proceder, antes de acudir a Dios, para rectificar, si es que tenemos algo contra alguien.

Quizá el Señor esté esperando para concedernos lo que pedimos  a que mostremos amor al prójimo. Esta actitud nos hará más felices, nos acercará a nuestra salvación y eso es lo que, ante todo, pretende el Señor para cada uno de sus hijos.

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