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Permaneced en mi 
22 de Junio
Por Olga Alonso Pelegrín

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará (San Juan 16, 12-15).

COMENTARIO

En el Evangelio de hoy Jesús nos habla del verbo “cargar” y nos resulta extraño que utilice este verbo cuando habla de su Palabra.

Probablemente la razón reside en el hecho de que el hombre no esta preparado en su naturaleza para vivir según Dios, según su naturaleza.

Y, por esa razón, si no tenemos la ayuda del Espíritu Santo que Dios nos anuncia, ese verdadero Espíritu dentro de nosotros, hacer el camino de la fe en Jesucristo es una auténtica carga, es un vivir en contra de nuestra naturaleza.

Por esa razón, muchas personas piensan que seguir el Evangelio y hacer de él nuestra vida es una tortura insoportable llena de limitaciones.

Visto desde esta perspectiva puramente humana, ciertamente es así, pero la buena noticia que Dios nos propone es invitarnos a nacer de nuevo, a convertirnos en seres nuevos creados por Dios a su imagen y semejanza. Seres llenos de luz, de su Espíritu dignos de alcanzar las cotas más altas de libertad porque aspiramos a parecernos a Él. No es una ilusión, verdaderamente Jesucristo envía el Espíritu Santo a los apóstoles para que lleguen a ser lo que nunca imaginaron.

Si aspiramos a ser sus discípulos, debemos vivir ese sueño que se hace real porque es una promesa de Dios.

Solamente tenemos que hacernos pequeños, bajar nuestras  barreras, pedir a Dios que nos libere de todo aquello que ocupa espacio en nuestro interior y que tantas veces veneramos como si fuera un tesoro, el reino de lo material, de nuestros deseos vacíos, de nuestros ídolos de barro para dar paso a su Luz, dar paso al Espíritu que nos guía paso a paso, despacio, como un verdadero maestro, a una nueva vida a la vida eterna.

Una vida eterna vivida ya desde aquí, desde la tierra, disfrutando de una alegría y libertad incomparables, nada parecido a la satisfacción súbita que producen los límites de nuestra naturaleza humana.

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