Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, noviembre 13, 2019
  • Siguenos!

Pidamos a Cristo un corazón misericordioso como el suyo. Mensaje del Papa para la Cuaresma 2015 

 Poniendo en guardia contra «la dimensión mundial» de la «globalización de la indiferencia», «malestar que tenemos que afrontar como cristianos», el Papa empieza su Mensaje para la Cuaresma 2015 – titulado «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – recordando que el camino  cuaresmal «es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2).

En su Mensaje – fechado en el Vaticano, el 4 de octubre de 2014 Fiesta de san Francisco de Asís –  el Obispo de Roma, desea que se celebre en toda la Iglesia el próximo 13 de marzo, que coincide con el segundo aniversario de su elección pontificia, la iniciativa «24 horas con el Señor», cuyo lema este año es «Dios rico en misericordia». Y reitera que «Dios no nos pide nada que no nos haya dado  antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó  primero»  (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede».

«Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás(algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen …, hace hincapié el Papa Francisco, refiriéndose luego a la «actitud egoísta, de la indiferencia», que «ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos».

Tras destacar que cuando «el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente», el Papa escribe textualmente: «uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme  en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.  La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos».

Francisco propone tres pasajes para meditar acerca de la renovación que necesita el pueblo de Dios «para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo». «Necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de  los profetas que levantan su voz y nos despiertan. Dios no es indiferente al mundo, sino que lo  ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación  de cada hombre».

«Si un miembro sufre, todos sufren con él»  (1 Co12,26)– La Iglesia; «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades; y «Fortalezcan sus  corazones»  (St 5,8) – La persona creyente. Son los tres pasajes que propone el Papa ante un  mundo que «tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo  en Él», por lo que la «Iglesia, nunca debe  sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida».

En el tercer pasaje «Fortalezcan sus  corazones»  (St 5,8), que es también el título del mensaje pontificio, el Papa Francisco,  refiriéndose a la persona creyente recuerda que «estamos saturados de noticias e  imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento  humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra  incapacidad para intervenir». Y Para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia, recuerda que es indispensable la oración, la caridad y la conversión.

El Obispo de Roma señala en primer lugar, que «podemos orar en la comunión  de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la  fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre  en toda la Iglesia — también a nivel diocesano — en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta  necesidad de la oración».

«Queridos hermanos y hermanas, deseo  orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: «Haz nuestro  corazón semejante al tuyo » (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo  tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí  mismo y no caiga en el vértigo de la globalización  de la indiferencia», con este deseo concluye su Mensaje el Papa Francisco, asegurando su «oración para que  todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido  que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la  Virgen los guarde».

(CdM – RV)

Texto completo del Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2015 « Fortalezcan sus corazones » (St 5,8)

«Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un « tiempo de gracia » (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado  antes: « Nosotros amemos a Dios porque él nos amó  primero »  (1 Jn4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen … Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme  en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.  La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es  una tentación real también para los cristianos. Por  eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de  los profetas que levantan su voz y nos despiertan. Dios no es indiferente al mundo, sino que lo  ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación  de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios,  se  abre  definitivamente  la  puerta  entre  Dios  y  el  hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es  como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de  los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa  por la caridad (cfr. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo  tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a  través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo  en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe  sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida. El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad  de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

Añadir comentario