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Poesía en la vida diaria 

No importa que ya no esté en la pantalla. Another year (2010) es una obra maestra llena de sensibilidad y sencillez que vale la pena visionarla. De tantos autores que han escrito sobre ella me siento deudora y agradecida. Señalan —y apoyo— que Mike Leigh, su director, convierte esta película de personajes y situaciones en un auténtico retrato de las bondades y debilidades humanas, sin caricaturas ni excesos, con emoción contenida. Por este film Leigh puede ser nominado como un auténtico poeta de lo cotidiano, ya que sabe pintar la normalidad como un fresco tan bondadoso en la superficie pero complejo en su fondo de armario sentimental. Una franca, gozosa celebración de la vida, en la que la invitación al sosiego y al amor no olvida que a la dicha se llega salvando tortuosos obstáculos.

Mike Leigh, desde sus inicios como director de cine, señaló cuál iba a ser su estilo, el retrato de los seres humanos. Su modo de hacer se caracteriza por una lectura social y urbana que centra el argumento en los problemas habituales de la clase media británica. Es un cine realista, casi documental en el que prescinde, del aspecto político, a diferencia de muchos de sus connacionales contemporáneos —entre ellos Ken Loach—. El director británico lleva años comprometido con esta mirada que radiografía la humanidad con la sencillez que destilan pequeños microcosmos: familias, amigos y vecinos que intercambian posiciones, estados de ánimo y se enfrentan también a los golpes que la vida asesta, ayudándose a superarlos.

Gloria M.a Tomás y Garrido

Dirección y guión: Mike Leigh.
País: Reino Unido.
Año: 2010.
Género: Comedia dramática
Interpretación: Jim Broadbent (Tom), Lesley Manville (Mary), Ruth Sheen (Gerri), David Bradley (Ronnie), Imelda Staunton (Janet), Karina Fernandez (Katie), Oliver Maltman (Joe), Peter Wight (Ken), Martin Savage (Carl), Michele Austin (Tanya), Phil Davis (Jack). 
Música: Gary Yershon
Estreno en Reino Unido: 5 noviembre 2010.
Estreno en España: 14 octubre 2011.

Según nuestro objetivo —siempre con el cariz de aprender la vida desde el cine, como buen espectador— nos interesa recordar dos películas suyas. En primer lugar Secretos y mentiras (Secrets and Lies, 1996), donde se confirmó como uno de los mejores cineastas de su país. De hecho, Secretos y mentiras fue una de las grandes irrupciones en los Óscar al conseguir cinco nominaciones, entre ellos la de mejor película. La película consiguió algunos premios más.

Me interesa también citar El secreto de Vera Drake (2004), película por la que volvería a ser nominado a los Óscar como mejor director y guionista, y en la que la indudable calidad de la puesta en escena de Leigh, y la emotividad de su dirección de actores quedan en nada, pues sirven a un guión manipulador, tendencioso sutil y tramposo sobre la defensa del aborto —silencioso genocidio—, que nunca aparece como tal en el film.

sobreponerse con una sonrisa 


Another year
trata de un maduro matrimonio, Tom —ingeniero geólogo— y Gerri —terapista ocupacional—, que son capaces de acoger a cuantos se acercan a ellos y de escucharles sus penas y fatigas para ponerse a su altura con paciencia y cariño. La película se estructura en cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno. Un año más, un año menos, seguimos el ritmo estacional en la vivienda de este matrimonio, a las afueras de Londres, y en cuyo escenario aparece el hijo que no acaba de encontrar novia, la inestable compañera de trabajo de Gerri, Ken el amigo tosco, y el hermano de Tom.

Si se jugara a repasar todo el reparto de cada actor extraeríamos valiosas lecciones, pues la brillante dirección de actores tiene su réplica en unas interpretaciones acertadísimas, con gestos sutiles e ingeniosos, con diálogos rápidos e inteligentes en su elegante ironía. Cada personaje respira frescura y espontaneidad, y una hondura que cautiva a un espectador que engancha unas veces con sus debilidades y sinsabores, y otras con sus ganas de ayudar y de salir adelante.

El director logra con ritmo, armonía y color que la estructura de cada uno de estos capítulos se armonicen consiguiéndose también la unidad de contenidos, que se anuncian en el magnífico prólogo. Frente a la soledad y la adversidad, Leigh sitúa la familia y el espíritu positivo… para crear un foco de luz que atraiga a todos hasta aprender a tener una conversación y dar un abrazo.

Durante la primavera, se ocupan de su huerto y pasan las horas con Mary, cuya vida sentimental es desastrosa; además están algo preocupados por su hijo Joe, un treintañero que sigue sin pareja pese a que la mayoría de sus amigos ya han contraído matrimonio. En el verano, Ken, amigo de la infancia de Tom, baja a Londres a pasar un fin de semana con el matrimonio: juegan a golf y organizan una barbacoa; Mary, que siempre que puede se va con el matrimonio, se mantiene gélida ante el inocente enamoramiento que surge en Ken. Llegado el otoño, Joe decide darles una sorpresa a sus padres y presentar a su chica, Katie, una terapeuta ocupacional dinámica y encantadora. Mary, que antaño flirteaba con Tom, se muestra celosa y hostil hacia Katie. Por último, en invierno, Gerri, Tom y Joe llegan a Derby para asistir al funeral de la mujer del hermano mayor de Tom, Ronnie. Allí tienen un encuentro nada agradable con el hijo de Ronnie, Carl. En los siguientes días, Ronnie se traslada a casa de su hermano, a donde acudirá de nuevo Mary, en busca de consuelo.

la emotividad de lo cotidiano

La acertada combinación de drama y comedia, tan propia de Leigh, vuelve a estar aquí presente con este relato estacional. La paleta de colores corresponde a cada época del año, y en especial los grises desoladores del invierno acompañan muy bien la historia luctuosa, donde se atan los cabos para indicarnos que, pasado un año, la vida continúa, prometedora y también incierta.

Que todos queramos tener amigos como el matrimonio protagonista o que Katie resulte simpática y atractiva no es difícil; pero que la cargante e histérica Mary se nos haga cercana y afectuosa, eso es algo que está al alcance de pocos… y Leigh y una magistral Lesley Manville lo consiguen.

En Another year lo entrañable y la amistad se dan la mano con la soledad y con la muerte, que viene a ser un ciclo anual y así se refleja en la magnífica fotografía capturada por Dick Pope. Quienes han bebido la amargura de fracasos —de los que todos tenemos experiencia— encuentran refugio en un par de almas grandes, capaces de ver el corazón y ofrecerse como paño de lágrimas de sus amigos.

Así es la película, enseña a construir una urdimbre humanizadora de ternura, de elegante ironía…, en definitiva de hacerse cargo del otro para acogerlo y acompañarlo, aunque para ello haga falta una cierta actitud heroica; una actitud que manifiesta la generosidad de esta familia que siempre tiene un plato —y un vaso ¡se bebe mucho!— para uno más.

Si el prólogo mostraba las dificultades para conversar cuando una de las personas no da facilidades, si en los primeros pasos de la primavera Mary hacía gala de un egocentrismo patológico, si la antológica escena en la que Mary y Katie se conocen revela la doble actitud en la vida, entonces el extraordinario desenlace viene a ser la guinda a esta gran película, demostración de que cada persona tiene su lugar en el mundo y que nadie sobra, que siempre se puede mejorar y aprender a quererse como uno es: unos lo hacen pronto y otros tardan un poco más, pero todos pueden saber seguir una conversación y dar un abrazo.

Con su película, Leigh ha cosechado un aplauso crítico prácticamente unánime y ha venido recogiendo un sinfín de premios y candidaturas, porque los protagonistas de Another year saben normalizar la felicidad en medio de las dificultades e incluso del desencanto. 

Gloria Mª Tomás y Garrido

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