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Popiełuszko “La libertad está en nosotros” 

Del mismo modo que la vida del padre Jerzy Popiełuszko (1947-1984) fue un regalo para cuantos le conocieron, incluso para sus enemigos, la película que sobre su vida ha dirigido Rafal Wieczynski es un regalo cinematográfico que merece ser visto más de una vez, en un momento en el que el concepto civil y político de libertad está manipulado o ha visto empañado su significado más prístino.
Tal y como recuerda el propio director, la figura del sacerdote polaco Jerzy Popiełuszko supuso un cambio en los ciudadanos polacos, creyentes o no, que vivían con una ‘libertad’ mutilada a causa de uno de sus peores enemigos: el miedo. El régimen comunista totalitario bajo el cual se encontraba Polonia todavía a principio de la década de los ochenta del pasado siglo estaba orientado a la aniquilación de lo más humano de la persona y aquello que ha de suponer la raíz de toda su acción: la de su absoluta dignidad, sin cortapisa alguna, desde el mismo momento en el que comienza su existencia. El totalitarismo contra el que luchaba el sindicato Solidarność (Solidaridad) de la que el padre Jerzy fue capellán, encontró en la defensa sin tapujos de la dignidad de la persona el escollo que sin duda dejaba en evidencia la falsedad de su sistema político.
La película, de la que no vamos a hacer aquí un análisis técnico, merece el reconocimiento de su buena factura. Uno de sus mejores logros es, sin lugar a dudas, el sabio modo en el que el montaje ha ido imbricando en las escenas del filme muchas otras secuencias reales que fueron grabadas in situ en aquellos años, y que ahora han sido rescatadas con maestría, dotando al desarrollo de la película con una verosimilitud contundente y libre de toda consideración subjetivista e, incluso, maniquea.
amor a Dios y a la patria
En palabras del propio director, la inclusión de tales escenas documentales «era un reto, porque los técnicos tenían que estudiar al milímetro las secuencias de archivo que íbamos a utilizar, para después imitar por completo la iluminación, y los detalles en los vestuarios y escenarios. Si algo era distinto, el público se saldría de la película. Pero era muy importante que lo hiciéramos así. Quería que hubiera una parte real, para que los espectadores fueran conscientes de que no nos estábamos inventando lo que salía en pantalla». Desde luego, ha sido todo un acierto, sobre todo porque las secuencias de archivo incluyen imágenes del propio Juan Pablo II, quien siempre estuvo al tanto de aquellos duros momentos por los que estaba pasando su querida patria, así como de las valientes acciones en defensa de la verdad encabezadas por el padre Popiełuszko.
La importancia de la libertad interior, una libertad que jamás podrá ser encarcelada es el mensaje más importante de la película. No se trata, evidentemente, de una libertad interior de índole exclusivamente subjetivo, libre de todo criterio exterior. En este sentido, la película no es una apología del relativismo, ni la figura de Popiełuszko es el paradigma de la desobediencia civil sin otro motivo que ella misma.
Al recordar y ensalzar la dignidad de la persona, el mensaje que aborda la defensa de la libertad interior, de la libre conciencia, es un mensaje exigente: se trata sobre todo de una lucha en todos los frentes con el objetivo de educarse en la verdad de las cosas y de formar la libertad interior guiándola hasta su completa madurez. Esto supone exigencia con uno mismo, eso ante todo.
La fortaleza del padre Popiełuszko, que fue declarado beato por Benedicto XVI el 6 de junio de 2010, radica en su absoluta fidelidad al Evangelio de Cristo, de manera que la libertad interior se gana escuchando en la conciencia no el propio parecer sino, ante todo y sobre todo, la voz misma de Dios. Desde esta óptica se defienden con auténtica integridad los derechos humanos, los derechos de los trabajadores, la libertad de expresión, el recto amor a la patria, tal y como se refleja en la enseñanza del padre Jerzy.
fuerza espiritual que asustaba al régimen
Como se ha dicho, Popiełuszko fue el capellán del sindicato Solidaridad, un sindicato no gubernamental polaco, que comenzó en agosto de 1980 en los astilleros de Gdańsk, de mano de Lech Wałęsa y otros activistas obreros. Esto puede extrañar: ¿puede un sacerdote “meterse en política”? ¿Era Popiełuszko un activista político? Mariusz Frukacz, sacerdote de la archidiócesis de Czestochowa, periodista y redactor del semanario católico Niedziela nos ofrece una interesante respuesta: «El padre Popiełuszko era un sacerdote que llevaba siempre consigo las palabras tomadas del profeta Isaías y del Evangelio de Lucas: “Me ha enviado a llevar la alegre noticia a los pobres, a vendar las heridas de los corazones rotos” (Is 61, 1-2; Lc 4, 18). Esta frase se encuentra en la estampa de su ordenación sacerdotal.
Como capellán de Solidarność estuvo siempre con los trabajadores durante las huelgas, ayudaba a las familias de los obreros perseguidos y encarcelados. El padre Popiełuszko no era un activista político en el sentido usual de la palabra, sino que recordaba siempre que la acción política debe servir al bien común, debe reconocer la dignidad de las personas y respetar los derechos humanos. En este sentido podemos decir que el padre Popiełuszko, queriendo realizar su vocación sacerdotal de servir a la humanidad participó intensamente en la vida social. La finalidad de sus acciones no era de carácter político reductivo o particular».
Remontándonos a la audaz tarea del cardenal Wyszyński quien organizó los “Votos de Jasna Góra” en 1956, la Novena con motivo de los mil años del Cristianismo en Polonia (1957-1966), parece que el padre Jerzy siguió la línea de una adecuada y sana Teología de la Nación. Fue el mismo cardenal Wyszyński quien reforzó y defendió esta Teología de la Nación con el fin de reforzar la identidad católica de los polacos. En este sentido, las llamadas ‘misas por la patria’ del padre Jerzy tuvieron un fruto abundante y provechoso, y fueron una de las cosas que más molestaron al régimen comunista polaco, colocando a nuestro protagonista en el número uno de la lista de personas indeseables para el régimen. A medio plazo eso le costaría la vida, como testimonio martirial, al hoy beato Popiełuszko.
Así, como hace poco recordaba el cardenal Schönborn, «se puede ser santo y político»; cuando se refería a Hildegarda Burjan, beatificada el pasado 29 de enero del presente año, quien fue la primera diputada de la historia elegida democráticamente. En el caso del sacerdote polaco, y matizando las cosas, puesto que él no fue político de carrera, la lección es clara: es ineludible el compromiso social del cristiano. Tenemos mucho Magisterio al respecto, comenzando por la primera encíclica de tema social: la Rerum novarum de León XIII, de mayo de 1891, y terminando por la Caritas in veritate del Papa actual.
vencer al mal con el bien
El mundo no necesita de teorías sino de testigos valientes de la verdad y del bien. La fe, como virtud teologal, tiene una dimensión social, civil y política que demasiadas veces es soslayada. En las misas del padre Jerzy no era raro ver carteles en las que se leía “soli Deo et patriæ”. La idea de que el cristianismo ha de transmitir valores y virtudes universales en la sociedad no es una idea utópica. Es absolutamente propio de la identidad de la fe cristiana, que ha construido Europa.
Por esta defensa, en nombre de Cristo, Jerzy Popiełuszko fue secuestrado, torturado y golpeado por cuatro agentes de la policía comunista, para ser después arrojado aún con vida al río Vístula. En las aguas del embalse de Wloclawek, el 27 de octubre de 1984, se recuperó el cuerpo sin vida del sacerdote martirizado. Tres años después, en el aeroclub de Wloclawek, y en la que era su cuarta peregrinación apostólica a tierras polacas, Juan Pablo II describiría ese martirio con estas palabras: «Por tanto, junto a todos aquellos que pasaron por esta tierra a orillas del Vístula; junto al padre Jerzy, que encontró la muerte por martirio, a poca distancia de aquí, en el dique del Vístula, me arrodillo ante el Padre y oro por “la consolidación de las fuerzas del hombre interior”, por todos los hijos e hijas de nuestra patria, en el umbral de los tiempos que ya han llegado, y de los tiempos futuros. […]. Aquí, en esta tierra de Kujawy, en esta ciudad de mártires, es necesario decir esto en voz alta. La cultura europea fue creada por los mártires de los tres primeros siglos; la han creado también los mártires al Este de nuestra tierra, durante los últimos decenios, y también aquí entre nosotros, siempre durante los últimos decenios. Sí, la ha creado el padre Jerzy. Es el patrono de nuestra presencia en Europa a causa del ofrecimiento de su vida, así como Cristo; como Cristo tiene el derecho de ciudadanía del mundo, él tiene el derecho de ciudadanía de Europa, puesto que dio la propia vida por todos nosotros […]».
Ojalá también los hombres de hoy alcancemos ese derecho de ciudadanía: el que se obtiene por la defensa incondicional de la dignidad del hombre y de su verdadera imagen y vocación. Del mismo modo que la libertad está en nosotros, si sabemos escuchar, también nuestro peor enemigo somos nosotros mismos con nuestra mediocridad y cobardía. Que el ejemplo del beato Jerzy Popiełuszko nos sirva de apoyo. Y que disfruten de la película.

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