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Guardar el amor 
11 de Mayo
Por JoséManuel Mora Fandos

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (San Juan 14, 21-26).

COMENTARIO

Guardar mis mandamientos, mi palabra… amarme. Es posible que, por el ambiente en el que vivimos, notemos una contradicción entre seguir mandamientos y amar. Parece que una cosa es cumplir mandatos, protocolos, para estar en regla: “Yo ya he cumplido, que no se me pida más”; y otra es amar, donde todo dependería de nuestros sentimientos, de una libertad con respecto a todas las cosas. Pero sabemos que vivir así nos rompe por dentro. Jesús habla de guardar los mandamientos, la palabra… no se trata de información, de instrucciones que están en un manual, que guardamos en algún cajón o carpeta del disco duro, para que no las perdamos de vista, las ejecutemos y que todo nos vaya bien. Jesús habla de guardar en el corazón, de un cuidado atento, de que sus palabras que dan la verdadera vida y la orientan en el amor y para el amor, arraiguen en la buena tierra del corazón. Se trata de acoger la palabra con confianza, entregarnos por la oración y las obras a su crecimiento en nosotros, como Jesús, que guarda la palabra del Padre, y que nos envía al Espíritu Santo, el Amor.

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