Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, mayo 22, 2019
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Prácticas de ahora 

Ángela C. Ionescu

Tú sabes bien que amo el silencio y que a veces lo necesito tanto como el agua o como el aire. Me siento bien particularmente con ese silencio que solo se puede guardar con amigos especiales: ausencia total de palabras, llena de concordia y sintonía. Es un silencio que cuando se acaba, ha enriquecido y ensanchado la amistad;  compartirlo vale tanto como compartir años de andadura.

 Pero así como hay silencios que irradian amor, también hay un silencio que ignora al que está al lado, que no tiene en cuenta nada y no sabe más que de sí mismo. Se distingue bien; no es un silencio amable ni amoroso, sino silencio de rechazo.

Me lo encuentro con cierta frecuencia. Lo acompaña a menudo el ayuno y a veces, cuando los veo coincidir, recuerdo inevitablemente tus palabras: “Tú, cuando ayunes, perfúmate…” Y lo recuerdo porque la actitud es a menudo la contraria. Un silencio hosco que se instala en toda la persona y dice, clamoroso: “Estoy en silencio, no me importa tu pregunta, no me importas tú. Estoy en silencio”. Dicen, Señor, que en silencio y también con ayuno es más fácil encontrarse contigo. Y yo pienso: ¿Encontrarse contigo sin amor? Y quisiera decirles:

“Cuando ayunes y guardes silencio, ¡no pierdas el amor! Cuando quieras recogerte, ¡no abandones el amor! ¡No dejes al que está a tu lado con la mano tendida, con la pregunta en los labios, con el ruego en los ojos, con la tristeza de que lo ignoras en el corazón! ¡No puedes decirle: “Vete, que estoy en silencio, vete, que estoy meditando, déjame, que estoy en pleno ayuno”! ¡No puedes callarte sin que te  importe cuál sea la zozobra del otro! ¡No puedes ayunar para quedarte satisfecho de ti mismo!

Si el silencio y el ayuno te conducen a provocar desazón y desencanto, ¿para qué son ese ayuno y ese silencio? Si tu silencio significa aflicción para otro, ¿para qué lo guardas? ¡No cierres la puerta al amor mientras la cierras a las palabras ociosas o a las comidas desmedidas!

¿Qué te queda si no te queda amor? ¿Qué habrá dentro de  ti si destierras el amor para sustituirlo por la preocupación de estar en tu silencio?  Es un silencio que no lleva a amar, sino solamente te lleva a ti mismo. Sí, es cierto, dentro de ti puedes encontrar a Dios, porque siempre está ahí; sí, es así salvo que en tu afán de limpieza, hayas barrido el amor. Porque es cierto que Dios está dentro de nosotros, pero Dios es amor.”

Y me vuelven las palabras de tu gran regalo para todos, el papa Francisco: “Llénate de silencio y de escuchar a los otros…”

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