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Primavera Árabe, pesadilla cristiana 

Cinco años del estallido de la Primavera Árabe:
El cristiano caldeo iraquí Raad Salam cuenta en primera persona las persecuciones que están sufriendo los cristianos en el mundo árabe y lo que verdaderamente hay detrás de la llamada Primavera Árabe. Su testimonio tuvo lugar durante la Semana por la Iglesia Perseguida que Ayuda a la Iglesia Necesitad ha organizado en la madrileña iglesia de Los Jerónimos
El doctor Raad Salam habla sobre el mundo árabe y sus revueltas, no como el investigador y estudioso sobre el Islam que es, que también, sino con la seguridad de quien ha sufrido en sus carnes la persecución religiosa, y que a pesar de ello, afirma: «No odio a los musulmanes o guardo rencor alguno al Islam por todo lo que nos ha pasado a mí y a mi familia. Como cristiano, no debo odiar a nadie. Sólo quiero dar a conocer la realidad, lo que está pasando hoy en el mundo árabe», comenta Raad.

Esta realidad que Raad Salam ha vivido, y que «muchos hermanos siguen allí sufriendo», le lleva a asegurar que la Primavera Árabe «no es más que un otoño, un invierno, oscuro, malo, peligroso, lluvioso y muy largo» período de revueltas que está aprovechando el radicalismo islámico para conquistar el poder. Y esto «supone un gran problema para nuestros hermanos cristianos», pues detrás de la libertad de la que hablan, se esconde persecución, disminución de derechos, ataques contra los cristianos.

Añoranza de los tiempos de Sadam
«En la primera época de Sadam Huseim, yo he vivido con los musulmanes, es cierto que ellos tenían más derecho y había desigualdades, pero vivíamos con ellos. Yo iba con musulmanes a la mezquita y ellos venían conmigo a la iglesia, y estos mismos con los que compartía todo, me llevaron como prisionero cuando hubo las rebeliones en Basora».

Raad Salaam se consideraba un irquí plenamente integrado, que incluso se vio obligado a participar en la guerra contra Irán y a luchar contra los estadounidenses en Kuwait. Cuando empezaron los problemas por su condición de cristiano, Salam, decidió estudiar el Islam para intentar entender la mentalidad de sus perseguidores, o los argumentos religiosos esgrimidos para obligar «a mi familia a pagar unas tasas a un tribu chií para que les protegieran a ellos y a sus negocios».

No lo tuvo fácil en la Universidad de Basora, ya que «muchos no veían con buenos ojos que un cristiano estudiara Islam. Luego creyeron que estaba profundizando en el Islam para convertirme, y me preguntaron por ello. Pero yo les dije: cuanto más profundizo en el Islam, más me alejo del él», esta afirmación le costó a Raad 6 meses de cárcel y varias palizas.

De ahí da un salgo en la memoria, y evoca la feroz persecución contra los cristianos iraquíes, tras la intervención del país. «Tengo en la mente imágenes de cuando volaron la iglesia de Sayida An Nayá, en Bagdad, y mataron a 60 cristianos, cuya única culpa que tenían era celebrar la misa del domingo», dice.

Los cristianos, víctimas de los cambios políticos
Similar, a su juicio, ha sido también la evolución en los países que han protagonizado la llamad Primavera Árabe. Detrás de las imágenes que se difundieron por todo el mundo donde se veía a cristianos y musulmanes rezando juntos en la plaza de Tahrir, de El Cairo, había «pura y dura política. Era sólo para dar una imagen de apertura».

No es inhabitual, dice Raad, en el mundo islámico, que los cristianos se conviertan en víctimas de los cambios políticos. En Irán, «apenas se habla o salen fotos de los 10.000 cristianos que están en las cárcel de los Ayatolás. Irán cambió la constitución a una constitución islámica. Se empezó a gobernar según la sharia o leyes islámicas, y se convirtió en estado radical islámico chií. Se convirtió en un peligro para los iraníes y para todo el mundo. Es verdad que el Sha de Irán era un dictador laico, pero lo que hay ahora es una dictadura política religiosa. Antes, en Irán había 3 millones de cristianos; hoy sólo quedan unos 150.000».

Denunciar la injusticia
Raad Salam pudo escapar de Iraq. Tras años de encarcelamientos, persecución y de ver cómo asesinaban a sus hermanos en la fe, este cristiano sirio-caldeo, doctor en Filología Árabe y experto en Islam, llegó a España. Desde aquí, trabaja para dar a conocer la situación de sus hermanos cristianos iraquíes, y para poner fin a la persecución religiosa en el mundo. Y ante la pregunta de qué se puede hacer, responde: «Denunciar esta injusticia, anunciando que hay hermanos nuestros cristianos en el mundo que están perseguidos… Necesitamos ayuda de Occidente».

Javier Menéndez Ros, director de AIN España, añade que «también podemos empezar a vivir la fe como auténticos cristianos en Occidente». Ésta es la preocupación de la Santa Sede, que «ha creado un dicasterio para la nueva evangelización de la vieja Europa». «Si tuviéramos la fe de un grano de mostaza podríamos mover montañas».

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