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¿Qué piensa Jesús de mí? 
29 de septiembre
Por Jerónimo Barrio

«En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Natanael le contesta: “¿De qué me conoces?”. Jesús le responde: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Natanael respondió: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Jesús le contestó: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores”. Y le añadió: “Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”». (Jn 1,47-51)


Natanael se acerca a Jesús y este, al verle venir, dice de él ante los que le rodean: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Todo un piropo. En el lenguaje de hoy las palabras de Jesús se hubiesen dicho de otra forma: “ese sí que es un tío auténtico”, o “un pata negra”.

Nos pasamos la vida hablando y opinando de las cualidades de las personas que nos rodean, de los compañeros de clase, del trabajo, familiares, vecinos, amigos, colegas de gimnasio, etc. etc. Parece que es de lo que más hablamos, de los demás. Lo malo es que casi siempre es para criticar, o en el mejor de los casos, simplemente cotillear. Pocas veces pensamos en que a nosotros nos pueden hacer lo mismo. Y se nos hiela la sangre de pensar que nos puedan poner a caldo a nuestras espaldas.

Nos preocupa mucho la opinión de los demás. Nos gusta caer bien y que hablen bien de nosotros en los círculos en los que nos movemos. Además, cuanto más importante es la persona que opina, más valor le concedemos a ese comentario y mayor es la satisfacción.

Jesús me ve a diario yendo y viniendo por mi vida. Es el más cercano espectador de mi vida. ¿Nos hemos preguntado alguna vez lo qué dirá de mí al verme venir? ¿Qué cotillea Jesús con los ángeles en el cielo sobre mí? Como Jesús es el espectador más benévolo de mi vida, confío en que no me pondrá a caldo, pero, ¿me piropeará como a Natanael?: “Ahí va Javier, o Paco o Fermín… un hombre auténtico en el que no hay engaño”. O, ahí va Manolita… una mujer de verdad, sin engaño ni mentira en su vida….”.

¿Qué piensa Jesús de mí? ¿Nos preocupa tanto eso como lo que piensa mi jefe del trabajo, mi profesor de mates o mis amigas o vecinos de la urbanización…?

Otra observación curiosa. Lo que Jesús destaca de Natanael, lo que le lleva a exclamar su admiración por él es su falta de engaño: “es un israelita de verdad…”. Es lo mismo que decir, un hombre auténtico que hace lo que dice, coherente con su fe y sus principios, valiente para defenderlos, sencillamente auténtico en su caminar por la vida.

Aquí hay un peligro. Si nos preocupa la opinión de los demás y queremos que hablen bien de nosotros, corremos el riesgo de pretender agradar a todos y eso nos llevará inevitablemente a traicionarnos en muchas ocasiones. No se puede contentar a todos con nuestras opiniones ni nuestras acciones, sobre todo cuando vivimos desde la fe. Si somos de verdad auténticos y “verdaderos israelitas”, fieles a la Verdad que mueve y cimenta nuestra vida en Cristo, tendremos que decepcionar, sanamente, a muchos de los espectadores de nuestra vida. Vivir sin engaño es eso, no fallarle a Él, ser transparentes, defensores de la Verdad en todo, pese a quien pese. Siendo así, la opinión de los demás nos preocupará menos que la de Jesús.

Ser un buen israelita de verdad, en quien no hay engaño, es ser un hombre bueno que se esfuerza por vivir con transparencia su vida ante los ojos de Dios, caminando en la Verdad, sin doblez alguna, igual en lo público que en lo privado, ante los demás y en lo secreto. Cuando se vive así, Jesús se enorgullece de nosotros y nos piropea ante sus amigos, los ángeles del Cielo, está encantado de ser nuestro amigo y nos escoge en su compañía.

Jerónimo Barrio

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