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Saber lo importante 
27 de Septiembre
Por José Manuel Mora-Fandos

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día» (San Lucas 9, 18-22).

COMENTARIO

Desde hace tiempo se habla de que vivimos en la sociedad del conocimiento y la información, y lo comprobamos a diario: medios de comunicación, canales por los que nos llegan tantos datos, necesidad de reciclaje en los conocimientos de la propia profesión… a veces podemos tener la impresión de que sabemos muchas cosas, pero que quizás con frecuencia son perecederas, inútiles o superficiales. Quizás pensemos que lo más importante para vivir bien, lo esencial que da sentido a todos nuestros conocimientos, paradójicamente no lo estamos conociendo, o más bien poco y sin profundidad. Para un cristiano el conocimiento esencial es el propio Cristo, saber quién es, cómo es. Un conocimiento que necesita la doctrina que la Iglesia da a sus hijos y ofrece a todos los hombres, y que al mismo tiempo pide ser vivencial, acogido y encarnado en la propia vida. No es el de quien puede decir algo sobre Él solo de oídas, como lo que le responden al Señor cuando pregunta «¿Quién dice la gente que soy yo?». El verdadero conocimiento es el de Pedro, el que inspira el Espíritu Santo cuando se busca la presencia de Cristo en la vida cotidiana mediante la oración, los sacramentos y la atención amorosa a los hombres y mujeres con los que se convive. Con ese conocimiento, el más importante, todos los demás ganan su sentido.

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