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Quien escucha mi Palabra y cree, posee la Vida 
29 de Marzo
Por Miguel Iborra

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.” Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: “Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Juan 5,17-30

Comienza la persecución contra Jesús. Ante la oposición de los dirigentes judíos, que invocan el precepto de la Ley como expresión de la voluntad divina, Jesús expone el fundamento de su actividad liberadora, que ellos no aceptan: su obra se identifica con la de Dios creador, que continúa trabajando para llevar al hombre a la plenitud de vida.

Ese amor de Dios crea vida, transforma y regenera. Por eso Jesús decía: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. El Señor nos ha traído una propuesta para nuestra vida, no para nuestra muerte, ni para el final de nuestros días. Él nos propone que reconociendo la dignidad de nuestro Padre, vivamos en consecuencia. Las reglas están dadas y son muy claras. Tú decides.

Yo quiero ser testimonio de vida cristiana.

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