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¿Quién me aleja hoy de la presencia de Dios? 
21 de Julio
Por Carmen Montes López

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a la barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas: “Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar. Un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó

Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y la ahogaron.

El resto cayó en tierra buena y dio grano; unos ciento; otros, sesenta; otros treinta.

El que tenga oídos que oiga” (San Mateo 13, 1-9).

COMENTARIO

Jesús comienza a predicar al aire libre (fuera de la Sinagoga) y por medio de parábolas; esta será la primera de una serie de ellas.

Parábola proviene de un término griego que literalmente significa “colocar al lado de” con el propósito de hacer una comparación o presentar una ilustración. Consiste en una historia humana que ilustra una lección espiritual.

Jesús habla así por la reacción negativa de sus familiares (Mc 3,21) y los religiosos fariseos (Mc 3,6). El mismo Hijo de Dios había estado enseñando y llevando a cabo grandes milagros en medio de ellos, pero en lugar de reconocerle como el verdadero Mesías, lo habían menospreciado.  Le rechazaron hasta el punto de atribuir sus obras al mismo Satanás (Mc 3,22).

Pero muchos del pueblo le seguían, quizá con distintos intereses, y también había un grupo de discípulos que escuchaban su Palabra y aceptaban su autoridad.

Estaban pues los cercanos a él con los doce (Mc 4,10), que eran ilustrados por medio de las parábolas y los que se colocaban fuera. No eran discípulos, no estaban abiertos a entender ni obedecer el reino de Cristo (Mc 4,11).

A veces los discípulos tampoco entendían el significado de la parábola pero buscaban la oportunidad para preguntarle y comprender. En cambio, para el incrédulo la parábola no pasaba de ser una sencilla historia en la que no veía ni buscaba ningún sentido espiritual, quedando así completamente en oscuridad.
La parábola del sembrador  tiene la intención de mostrarnos cómo llega el reino de Dios a los corazones humanos. El sembrador es el mismo Señor. Pero también cualquier pastor, misionero, evangelista, o creyente que predique fielmente la Palabra de Dios. El campo sobre el cual era sembrada la semilla no era sólo Israel, sino cualquiera que escuchara.
La Palabra es sembrada y nos muestra como hay tres enemigos que se empeñan en impedir que arraigue en el corazón humano.
1.- Satanás: Una parte cayó “junto al camino”, en un terreno tan duro que no podía hundirse y los pájaros la comieron sin que hubiera dado señal alguna de vida. Hace referencia al rechazo de la Palabra porque somos incrédulos, autosuficientes, indiferentes a la predicación porque nos parece más útil para otros. Satanás no tiene ninguna dificultad en quitar la semilla que ha sido sembrada. (Mc 4,15) 
2.- El mundo: Terreno pedregoso. No tiene profundidad ni echa raíces, y el sol pronto la abrasa. A veces creemos por cultura, tradición, por si acaso, como para tener a Dios contento. Miedos, supersticiones, folclores. En cuanto hay contrariedades, sufrimientos o persecución, surgen dudas, cobardías, inseguridades, y abandonamos la batalla de la fe. (Mc 4,17)
3.- La propia naturaleza humana: La semilla “cayó entre zarzas”, germinó pero las espinas la oprimieron de tal forma que no llegó a dar fruto. Los intereses y las preocupaciones por las cosas de la vida. Búsqueda de entretenimientos y placeres. Lo que muestra la naturaleza engañosa de las riquezas, que siempre ofrecen satisfacer y nunca llegan a cumplir su promesa. El deseo de otras cosas.
Mientras que el sol seca rápidamente los tallos tempranos que surgieron en los pedregales, las zarzas ahogan lentamente la espiga.
Por fin encontró el terreno bien preparado, y no sólo germinó sino que creció y dio su fruto plenamente con distinto rendimiento (Mc 4,8). Se trata de personas que escuchan la Palabra con un corazón deseoso de conocer y hacer la voluntad de Dios, y en estas circunstancias, siempre produce fruto.
La cuestión que nos plantea esta parábola es el tipo de tierra que soy yo a día de hoy.
¿Por qué cosas me dejo seducir dejando a Dios en segundo plano? Mis amistades, mis rencores, mis caprichos, mis actividades… todo puede ocuparme demasiado tiempo. O acaso el escándalo del sufrimiento, no ver milagros, solo desgracias… no ver a Dios por ninguna parte.
¿Quién me aleja hoy de la presencia de Dios?: ¿el mismo demonio con sus enredos?, ¿el mundo con sus seducciones y razonamientos?, ¿mis deseos y concupiscencias?
Si me alejo no encontraré la paz. Haz de mi Señor buena tierra para que pueda ser transformada por tu Palabra.

“…No estaba en la siembra y no estaba en la semilla; estaba en el suelo, el corazón del hombre.” (E. Keith Howick)

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