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Razón de mi fe 

En numerosas ocasiones existe una clara coincidencia entre la verdad religiosa y la verdad científica, pero ello no significa que necesariamente una y otra deban estar siempre unidas. En la historia de la ciencia son muchas las veces en las que una teoría ha sido sustituida o perfeccionada por otra. Esto, sin embargo, no debe llevarnos a suponer que nuestras verdades de fe deban ser demostradas, como lo son las verdades físicas o matemáticas; es más: sería erróneo pensar que la verdad religiosa, es decir, la verdad revelada, únicamente puede adquirir valor si se refrenda científicamente.

libres para amar a Dios

Nuestra fe en las verdades sobrenaturales se apoya en la Revelación y en Cristo, Palabra del Padre hecha carne. Y no se nos impone, sino que gratuitamente se nos ofrece y, respetando nuestra libertad, se nos anima a adherirnos a la misma. Misterio impresionante éste de la libertad humana.

Un conocido divulgador científico norteamericano, ya fallecido, que se proclamaba ateo, en una de sus obras argumentaba que, cuando alguien le demostrase la existencia de Dios del mismo modo que se podía demostrar que dos más dos son cuatro, entonces creería en Dios.

¡Qué pobre imagen de ese Dios! Si así fuera, no sólo sería comprendido por nuestra mezquina mente, sino que todos los seres humanos nos veríamos obligados, forzados a creer en Él. Y Dios no quiere esclavos, sino seres libres que generosamente le entreguen su corazón, su vida, su amor.

De ahí que sea peligroso acudir a pretendidas pruebas científicas para la sustentación de nuestra fe. Estas podrán ser en todo caso accesorias, coyunturales, puntuales. Mucho más estables son, por el contrario, las razones dictadas por las reflexiones filosóficas. Pero sin duda es en el campo de la Revelación donde debemos anclar nuestras creencias.

fe en la verdad revelada

¿Puede extrañarnos esto? ¿Acaso no es mediante testimonio ajeno como adquirimos la mayor parte de nuestros conocimientos? ¿Quién de nosotros estuvo en la batalla de Lepanto? Y creemos en su realidad histórica. No he estado en Moscú y creo en su existencia. No he pisado la Luna y creo en su existencia. No he visto el átomo, pero creo en las propiedades que de él me muestran los científicos.

Pues también las verdades de fe me han sido reveladas por alguien que es veraz, que me ha dado muestras de ello, y que se proclamó a sí mismo la Verdad: Cristo. Él es la prueba de mi fe.

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