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RAZÓN Y VERDAD 
09 de Diciembre
Por César Allende

Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.
En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados».
Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».
Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas» (San 5, 17-26).

COMENTARIO

La verdad es la razón lo que la gracia (el perdón) es a la ley: Jn. 1,17. Esto se aprecia bien en este Evangelio de Lucas; basta comparar la camilla primera del paralítico con la segunda: la que llevó al enfermo ante Jesús con la que él mismo se llevó a su casa… ya curado, ya perdonado.

Es delgado, fino, finísimo, incluso sutil en ocasiones, el borde que separa a una de otra en ambos casos. Tan sutil, tan fina y tan luminosa como la Sabiduría del obrar de Dios (Sab. 7, 22-29).

Los fariseos y maestros de la ley ¡qué razón no tenían en que sólo Dios puede perdonar  pecados! (v. 21); pero sus razonamientos son romos, burdos, justamente lo contrario de la Sabiduría. Verdad que se identifica con el Profeta de Nazaret, como irradiación de la luz eterna y espejo límpido de la actividad curativa, de parte de Dios, y de la fe del tullido y sus amigos camilleros. De ese mismo Dios de quien los fariseos dicen que Jesús blasfema.

Lucas invita a una reflexión detenida sobre la opaca razón farisaica y la VERDAD que alumbra a todo hombre que viene a este mundo y da gloria a Dios por las “maravillas que se ven” proceder de Él (v.26).

En breve se nos presentará de nuevo este Kairós, éste es un tiempo propicio.

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