Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|jueves, febrero 21, 2019
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Reavivar la fe 

Camino de esperanza con María    
Realizando el mismo itinerario de la Santina, permitidme que os proponga tres tareas que nos permitan vivir con intensidad este segundo y último año de preparación para las sesiones del Sínodo Diocesano y la celebración del Año Santo de las Cruces de la Victoria y de los Ángeles.

Misioneros con ardor, método y expresión nuevos
Como María entró en la casa de Isabel, entra tú en la vida de todos los hombres. Cuando llegó María a casa de Isabel, percibió la presencia de Dios. Hermanos, nosotros tenemos una gran tarea: debemos tener el atrevimiento de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios. María, en el camino, cuando entró en casa de Isabel, hizo saltar de gozo en el vientre de su madre a un niño no nacido. Con la ayuda de María, nuestra Madre, estamos llamados en virtud de la vida recibida en el Bautismo a ser discípulos y misioneros. Hay que entrar en la vida de todos los hombres y mujeres de este mundo, ya que un nuevo momento de la historia se está inaugurando; un momento en que se abren desafíos y exigencias nuevas que se caracterizan fundamentalmente por la situación de muchas personas, afectadas por un desconcierto generalizado, que se propaga de manera turbulenta y se manifiesta en la difusión de un cultura lejana y hostil a la tradición cristiana.

Sin embargo, hay sed de Dios en nuestra cultura. Ello se manifiesta en la emergencia de variadas ofertas religiosas que precisamente tratan de responder a esa sed de Dios. ¿Estaremos los cristianos de Asturias sin capacidad de reacción en estos momentos, cuando vivimos una época histórica en la que los hombres quieren ver un nuevo semblante y oír una voz nueva?

La oportunidad que tiene la Iglesia para anunciar la novedad del Evangelio en una sociedad desgastada, en la que hasta las palabras pierden su contenido real, es única, porque los hombres y las mujeres de nuestro tiempo quieren saber de la Verdad. Y la Verdad es Jesucristo. ¿Conocéis alguna otra que sea siempre así o más bien nos dejamos aprisionar por verdades relativas que hoy nos dicen sí y mañana no?

Decidirse por vivir con la Verdad es una ocasión única y siempre nueva para el ser humano. La Santina de Covadonga se nos acerca hoy para decirnos que Ella está en las grietas de la roca, que quiere seguir acompañando a los hombres y mujeres de nuestro tiempo para eliminar las turbulencias que llegan a la vida personal y a la historia de los hombres, cuando se decide vivir de espaldas a quien es Camino, Verdad y Vida, Jesucristo.

El poder transformador de Dios en la historia
Recoged la bendición que llega a esta tierra con quienes llevan a Dios en su vida. «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». A este mundo llega la bendición, la gracia, la fuerza que se construye siempre, con hombres y mujeres que llevan a Dios. Cuando pensamos en hacer grandes transformaciones en la vida histórica, no podemos olvidar que las verdaderas llegan con hombres y mujeres nuevos cuya novedad no procede de ellos mismos, sino que les viene dada de parte de Dios. Esto es lo que llevaba María a casa de Isabel y Zacarías.

¿Sabéis cuál es la mayor amenaza para este mundo y también para la Iglesia?: ser grises. Es decir, vivir una vida cristiana en la que aparentemente todo es y se vive con normalidad, pero la fe está desgastada, no es viva, se queda sin fuerza y sin capacidad de cambiar lo que hay a su alrededor, y degenera así en una especie de mezquindad. Los cambios y embates del tiempo no los pueden resistir unos cristianos que reduzcan la fe a un elenco de normas y prohibiciones, a prácticas devocionales fragmentadas o adhesiones selectivas según el gusto o la carta del momento; tampoco a participaciones ocasionales en la vida de fe, a repeticiones miméticas de principios doctrinales o a moralismos blandos o crispados que no convierten a nadie. ¿Sabéis por qué Isabel pudo decir a María aquella expresión −«porque en cuanto tu saludo sonó en mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno»- y que tanto nos dice? Porque se había encontrado con Jesucristo que vivía ya en el seno de María. Como nos dice el Papa Benedicto XVI: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello, una orientación decisiva» (Deus Cáritas est, 1).

Por tanto, la bendición llega a nuestras vidas cuando nos encontramos personalmente con Jesucristo. Abridle vuestras vidas. Mirad el patrimonio más valioso de esta tierra de Asturias: es la fe que desde hace tantos siglos sostiene que Dios amor y que tantos han sabido llevar a otros lugares, para que hombres y mujeres de otras tierras pudieran vivir con esta herencia que construye, realiza, afronta, genera, decide, suscita, cambia, trae presente y futuro y siempre da esperanza.

Con el método del Evangelio, siendo testigos del amor de Dios
Pasar por la vida anunciando, viviendo y sirviendo con las mismas actitudes de la Virgen María: «Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador». Ello requiere que hagamos un esfuerzo por radicar y hacer madurar en toda la Iglesia, y por tanto en todos los cristianos, la certeza de que Cristo, el Dios de rostro humano, es nuestro verdadero y único salvador. Como Iglesia, hemos de entregarnos del todo a evangelizar. La misión de la Iglesia es evangelizar y sus actitudes para hacerlo han de ser las mismas que nos describe el evangelio: «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las gentes, sintió compasión de ellas, porque estaban desechas y abatidas como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, y los obreros pocos, pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,35-38). Anunciar a Jesucristo con obras y palabras; estar al lado de todos los hombres, pero como Jesús, con sus modos, sentimientos y actitudes; sentir pasión por todos los hombres y por todas sus situaciones; y sentir la urgencia del mandato de Jesús: tenemos necesidad de sacerdotes. Que toda la Iglesia Diocesana asuma esta escasez y pida al Señor que mande obreros a su mies.
¿Cómo glorificar al Señor con nuestra vida?
Con estas actitudes y tareas:
1. Sentid la alegría de ser discípulos misioneros de Jesucristo. Esa alegría que nace de sentir el cariño de un Dios que nos ha amado tanto que cuenta con nosotros para servir a los hombres la única noticia que trae la gloria del hombre, ya que la gloria del hombre es Dios mismo.

2. Tomad como tarea fundamental de vuestra vida el anuncio del Evangelio de Cristo en todos los lugares donde estéis: familia, trabajo, responsabilidades públicas. Todo ámbito de actividad es bueno para el anuncio, el testimonio y el compromiso cristiano. Cada uno verá, según su sensibilidad, cómo lo ha de realizar. Nada, ni nadie, pueden hacernos avergonzar del Evangelio en que creemos. Siguen teniendo vigencia las palabras de Jesús, «el que se avergüence de mí delante de los hombres, tampoco yo no le reconoceré delante de mi Padre» (Mc 8,38).

3. Toda nuestra vida tiene que ser un anuncio de la Buena Nueva de la dignidad humana descrita por Jesucristo. El hombre es imagen de Dios. Ninguno puede maltratar esta imagen. La dignidad humana tiene su origen en quien nos creó. Nadie puede poner recortes a quien ha sido creado a imagen misma de Dios.

4. A través de nuestra vida, tenemos que anunciar la Buena Nueva de la vida. Hoy la vida está cuestionada por una cultura que, marginando a Dios, elige seguir los consejos y decisiones de los hombres y no del Dios de la Vida. Los cristianos formamos parte de la cultura de la vida, ahí está nuestra identidad. No somos hombres y mujeres que construimos la cultura de la muerte, sino de la Vida. A pesar de todas las inconsecuencias que a través de la historia hayamos tenido los discípulos de Cristo, no se puede dudar que hemos sido sostenedores de la cultura de la vida.

Hace muy pocos días visitaba los campos de concentración de Auschwitz, donde pude conversar con una persona que tenía conocimiento de la actividad desarrollada por una comadrona en el campo de Auschwitz II-Birkenao. Tenía la orden de que todos los niños que ayudara a nacer, los hiciera morir inmediatamente; fueron unos 3000 niños los que vinieron al mundo por sus manos. Sin embargo, se negó rotundamente a matar a ninguno y los salvó a todos. El médico que dirigía el paritorio la respetó y no se atrevió a eliminarla por contradecir sus órdenes, dicen que por la convicción interna que tenía de la defensa de la vida. Con todo, los nazis se encargaron después de acabar con la vida de aquellos 3000 niños, de los que sólo 30 llegaron a sobrevivir. Ante este hecho horroroso, esta mujer supo ser un testigo de la Vida en un mundo absurdo que implantaba la cultura de la muerte.

5. Anunciad la Buena Nueva de la familia fundada en la unión del un hombre y una mujer. Quienes defendemos la cultura de la vida sabemos que ésta sólo existe cuando se dan y se unen dos laderas: padre y madre. Sin ellas no hay vida, ni cultura que la haga posible. La Fiesta de la Familia Cristiana y la Marcha de Familias a Covadonga, que desde hace dos años venimos realizando, concentrando centenares de familias, son un dato pastoral elocuente de este servicio a la vida y que hoy quisiera poner de relieve.

6. Anunciad la Buena Nueva de la actividad humana. Todo lo que hace el ser humano es para el desarrollo de todas sus dimensiones. No deshagamos la concepción integral del hombre, basada en su armónica relación con el mundo y con Dios. El gran error de algunas tendencias dominantes de este último siglo está en excluir a Dios del horizonte de todo. Así, se genera una falsificación de la realidad y se engendra una actividad humana en la que sus referentes exclusivos resultan ser los mismos hombres y, entre ellos, la de quienes más poder detentan o acaparan, provocando esclavitudes y dependencias subyugantes cada día más evidentes.

7. Anunciad que esta tierra es para vivir el amor y hacer crecer la esperanza, en un mundo en el que el destino universal de los bienes de la tierra sea una realidad permanente. Pensemos que el desarrollo no es una simple acumulación de bienes y servicios. Es mucho más, e implica el desarrollo de todas las dimensiones de la persona humana entre las que está su dimensión trascendente. De ahí la importancia que adquiere la educación de los niños y adolescentes, tal como nos pide el Concilio Vaticano II: «Los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a prestarles su adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios. Se ruega, pues, encarecidamente a todos los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación, procurar que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho» (GE 1).

Queridos hermanos y hermanas, la Virgen María nos entrega a su Hijo Jesucristo. El Señor se va a hacer realmente presente aquí, en este altar, en el Misterio de la Eucaristía.
Pidamos a la Santina de Covadonga que Asturias recobre el fervor espiritual que la hizo siempre grande.

Roguemos, para que los cristianos tengan la audacia apostólica que les haga capaces de ser protagonistas de este nuevo paso de la historia, ofertando con palabras y obras a Jesucristo Nuestro Señor, el Hijo de María.

Santina de Covadonga, ruega por nosotros. Amén.

+ Carlos, Arzobispo de Oviedo

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