Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, julio 19, 2019
  • Siguenos!

Recibid el Espíritu Santo 
4 de Junio
Por Juan José Guerrero

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. (Jn. 20, 19-23)

Dice San Pablo (1 Cor. 15,51) que en la otra vida “todos seremos transformados”. Esto quiere decir que disfrutaremos de unas cualidades que aquí no tenemos; además de la maravilla que supone el que no exista ninguna imperfección y que todos estemos invadidos por un infinito amor que jamás se agotará. Algo de esto se trasluce en este Evangelio cuando, con las puertas cerradas, “Jesús se puso en medio de ellos”.

Un aspecto a destacar, verdaderamente importante, es el de la alegría que Jesús resucitado produce en los discípulos que, por supuesto, lo acogerían con toda el alma. Esta cuestión es importante para nosotros, pues sigue siendo así, también hoy. No hay más que ver la felicidad que traslucen en su rostro, de manera casi permanente, muchas de las personas consagradas. Eso no puede ser fruto más que de una paz y un amor que está muy por encima de todo lo que el mundo puede ofrecer.

Cualquiera que se tenga por cristiano y, habitualmente, viva entristecido, debería plantearse hasta qué punto ha puesto su vida al servicio de los demás, sin trabas, para hacer la voluntad de Dios, con absoluta rectitud de corazón. No se puede recibir el Espíritu Santo en plenitud si se siguen alimentando malos deseos y no se está dispuesto a cambiar, a entrar en conversión. Esto, no a base de esfuerzos sobrenaturales, sino, humildemente, dejándose traspasar por la gracia y el amor de Dios, capaz de transformar a cuantas personas así lo deseen.

Otro aspecto importante a considerar es el relativo a la autoridad que Jesucristo da a los discípulos para, en su nombre, perdonar o retener los pecados. Esto supone que el Espíritu Santo otorga discernimiento al confesor, pues en el momento en que está escuchando al penitente, es el propio Jesucristo el que actúa en él. De ahí, la importancia del sacramento, la paz y la alegría que invaden al penitente al sentirse perdonado por Dios, cuando acude al sacramento con la disposición adecuada.

Añadir comentario