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Reconciliación Judeocristiana 

La actitud de muchos cristianos hacia los judíos a lo largo de la Historia ha sido de hostilidad y menosprecio, por haberles sido atribuida la total responsabilidad de la muerte de Jesucristo, según una idea bastante reduccionista. Éste fue el motivo aparente, aunque hay numerosos datos que nos llevan a pensar que el rechazo a los hebreos se debía a la discriminación que sufren las minorías y en su caso particular al fenómeno del antisemitismo.

A mediados del siglo XX, tras el horror del Holocausto, el mundo occidental y más particularmente las iglesias cristianas comienzan a preguntarse sobre la gran injusticia cometida contra este pueblo, perseguido y errante a lo largo de los siglos.

Con la vuelta de los judíos a su tierra y el nacimiento del moderno Estado de Israel, la Iglesia Católica se replantea el papel del pueblo judío en la Historia de la Salvación. El episodio de su terrible desaparición parcial y posterior resurgimiento, añadido a su permanencia durante diecinueve siglos a pesar de todas las dificultades da paso a una nueva actitud de sorpresa, aprecio y reconciliación. ¿Qué ha sucedido para que seis millones de judíos hayan sido asesinados? ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Y cómo es que han vuelto a su tierra y han constituido un estado?

Después de la II Guerra Mundial, en 1948, un grupo de biblistas judíos y cristianos, se reunieron en la ciudad suiza de Seelisberg y publicaron el documento “Los Diez Puntos de Seelisberg”, que serviría de base a las modernas relaciones entre judíos y cristianos. A partir de ahí, se inicia un cambio en la actitud de las iglesias cristianas. En la Iglesia Católica el primer momento significativo se produjo cuando, tras una entrevista entre el intelectual judío Jules Isaac y el Papa Juan XXIII (8 de agosto de 1960), éste retiró la oración Pro Perfidis Iudaeis (“Por lo pérfidos judíos”) del oficio vespertino del Viernes Santo. Más tarde la declaración Nostra Aetate, del Concilio Vaticano II, en octubre de 1965 fija la postura oficial de la Iglesia respecto al Pueblo Judío “… la Iglesia tiene siempre ante sus ojos las palabras del Apóstol Pablo sobre sus hermanos de sangre a quienes pertenecen la adopción y la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas y también los patriarcas y de quienes procede Cristo según la carne (Rm 9,4-5) hijo de la Virgen María. Recuerda también que los apóstoles, fundamentos y columnas de la Iglesia, nacieron del pueblo judío, así como muchísimos de aquellos primeros discípulos que anunciaron al mundo el Evangelio de Cristo…

Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos… deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”.

Recientemente, en los primeros días de febrero de este año, el Papa Benedicto XVI ha vuelto a modificar el texto de la oración por los judíos, en el Misal Romano, que expresamente dice ahora así: “Dios omnipotente y eterno, que quieres que todos los hombres se salven y alcancen el conocimiento de la verdad que procede de Ti, concede por tu bondad que la plenitud de los pueblos entre en tu Iglesia y todo Israel sea salvado”.

Como consecuencia de ese clima de diálogo, se creó en el Vaticano una Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, integrada desde el primer momento en el Consejo Pontificio para promover la Unidad de los Cristianos y no en la Pontificia Comisión de Relaciones Interreligiosas.

Como complemento de la Nostra Aetate se redactaron dos documentos por dicha Comisión de la Santa Sede: “Orientaciones y sugerencias para la aplicación de la Declaración Conciliar Nostra Aetate” (diciembre de 1974) y “Para una correcta presentación de los judíos y el judaísmo en la predicación y la catequesis” (mayo 1985)

El cardenal Agustín Bea, confesor de Pío XII, arquitecto de la Nostra Aetate y Presidente del Secretariado para la Unión de los Cristianos, encargó a las Hermanas de Sión, congregación religiosa fundada en 1846 por los hermanos Teodoro y Alfonso Ratisbona, el especial carisma de mantener estas relaciones de fraternidad con el pueblo judío.

El Papa Juan Pablo II impulsó muy particularmente estas relaciones de amistad con el Pueblo Judío, en su visita a la sinagoga de Roma (13 de abril de 1986), donde destacó aquel famoso párrafo: “La religión judía no nos es extrínseca, sino que en cierto modo es intrínseca a nuestra religión. Por tanto, tenemos con ella relaciones que no tenemos con ninguna otra religión. Sois nuestros hermanos predilectos y en cierto modo, se podría decir, nuestros hermanos mayores”.

También han sido hitos muy importantes el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Estado de Israel, con el Acuerdo Fundamental (30 de diciembre de 1993) y el documento “Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoá” (16 de marzo de 1998). Pero el hecho más excepcional fue la visita de Juan Pablo II a Tierra Santa, cuyo momento cumbre fue la oración depositada por el Papa ante el Muro del Templo el 26 de marzo del año 2000: “Dios de nuestros padres, Tú has elegido a Abrahán y a su descendencia, para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones; nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la Historia, han hecho sufrir a éstos tus hijos y a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el Pueblo de la Alianza. Por Cristo, nuestro Señor.”

Su sucesor Benedicto XVI, en su visita a la sinagoga de Colonia el 19 de agosto 2005, confirmó sus deseos de continuar y mejorar el diálogo judeo-cristiano. Y en su libro “Jesús de Nazaret” rinde homenaje al rabino Jacob Neusner, aceptando el desafío intelectual que supone el libro de este autor “A Rabbi talks with Jesús”.

Como consecuencia de este clima de reencuentro que se da en el mundo occidental, han surgido asociaciones de amistad entre cristianos y judíos.

En Inglaterra, Bill Simpson fundó el British Council of Christians and Jews en 1941 y fue principal impulsor del ICCJ. En Francia, Jules Isaac, Edmond Fleg y Jacques Maritain, fundaron la Amitié Judéo-Chrétienne en 1948. En Italia, la Amicizia Ebraico-Cristiana de Florencia, fue la asociación pionera del diálogo judeo-cristiano; y SIDIC, en Roma, es un importante centro de estudios y documentación.

El International Council of Christians and Jews (ICCJ), asociación que fue institucionalizada en 1974, reúne a organizaciones de diálogo judeo-cristiano de 28 países. Tiene su sede en Heppehein, Alemania, en la que fue casa del filósofo Martin Buber y, desde allí, coordina actividades y encuentros interreligiosos en todo el mundo.

En Israel existen varias instituciones de diálogo interreligioso entre las que destacan el kibtutz Neve Shalom, fundado por el P. Bruno Hussar con el objetivo de lograr una pacífica convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes. También está el Pontificio Instituto Ratisbona, centro católico para el estudio del judaísmo.

En Madrid en 1961, Sor Esperanza Mary, Vicente Serrano, Samuel Toledano y Max Mazin fundaron la Amistad Judeo-Cristiana, antecesora del actual Centro de Estudios Judeo-Cristianos, dirigido hoy por Sor Ionel Mihalovici, de la Congregación de Nuestra Señora de Sión, que publica la revista “El Olivo” y principal referencia para las relaciones judeo-cristianas en España.

L´Entesa Jueu-Cristiana de Catalunya se fundó en 1967 y la Amistad Judeo-Cristiana de Valencia en 1994.

Benedicto XVI modifica la oración del Viernes Santo en la que se pide por los judíos

VATICANO, 05 Feb. 08 / 04:10 pm (ACI).- El Papa Benedicto XVI modificó la oración del Viernes Santo del Misal de 1962, para la celebración de la Eucaristía en latín, en la que se pide por los judíos, según informa una nota de la Secretaría de Estado Vaticano que aparece en la edición de hoy de L’Osservatore Romano.

Según esta nota, el Santo Padre ha dispuesto que el “Oremus et pro Iudaeis” de la Liturgia del Viernes Santo contenido en dicho Misal Romano sea sustituido por el siguiente texto:

Oremos también por los judíos: Para que nuestro Dios y Señor ilumine sus corazones, para que reconozcan a Jesucristo salvador de todos los hombres. Oremos. Nos ponemos de rodillas. De pie. Dios omnipotente y eterno, que quieres que todos los hombres se salven y alcancen el conocimiento de la verdad que procede de Ti, concede por tu bondad que la plenitud de los pueblos entre en tu Iglesia y todo Israel sea salvado. Por Cristo nuestro Señor, Amén.

La nota también precisa que este “texto deberá ser utilizado, a partir de este año, en todas las celebraciones de la liturgia del Viernes Santo con el citado Misal Romano“.

Con esta nueva oración, “la fórmula que será leída el Viernes Santo es una simple invitación a rezar por los judíos. Juan XXIII ya había retirado el adjetivo ‘pérfidos’ para describir a los judíos, pero todavía quedaba la frase sobre la necesidad de su conversión. En la versión actualizada para el Misal, publicada hoy por L’Osservatore Romano desaparece también la referencia a la ‘ceguera’ del pueblo judío”.

Asimismo, en la oración antigua se pedía “liberar a este pueblo de las tinieblas“, referencia que también ha sido descartada, con lo que queda ahora una sencilla oración que pide por el pueblo judío para que descubra a Jesús como salvador.

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