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Responsables de nuevas realidades eclesiales, en el Sínodo 

 

¿Cómo despertar el interés del mundo por la fe?
La fe no se puede dar ya por descontada. La pregunta entonces es: ¿Cómo despertar el interés por el cristianismo de un mundo que vive alejado de Dios? A esta pregunta han respondido en el Sínodo de los Obispos el responsable del movimiento Comunión y Liberación, el sacerdote Julián Carrón, y Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal. La tercera responsable española de movimientos y nuevas realidades eclesiales española invitada al Sínodo por el Papa, Lydia Jiménez, Directora General de las Cruzadas de Santa María, se preguntó qué está fallando para que «muchos alumnos de nuestras escuelas católicas hayan llegado a ser líderes sociales enemigos de la fe y de la Iglesia»
Noticia digital (18-X-2012)

La gran respuesta que exige el reto de la secularización es el testimonio. «El lugar privilegiado para despertar» el interés por el cristianismo «es la vida cotidiana, donde como cristianos entramos en relación con nuestros hermanos los hombres», dijo el 13 de octubre el responsable del movimiento Comunión y Liberación, el sacerdote Julián Carrón, en el aula sinodal.

Coincide en la valoración Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumental. «Vivimos en una sociedad secularizada que tiene los oídos cerrados» al anuncio del Evangelio, dijo el miércoles. ¿Cómo? «Si queremos evangelizar, es preciso dar signos que abran los oídos al hombre contemporáneo», afirma. Pero eso no se improvisa. «De aquí la necesidad del catecumenado postbautismal que haga crecer la fe».

«A pesar de todos los esfuerzos de las últimas décadas para mejorar los instrumentos de la transmisión de la fe», no se consigue suficientemente despertar «la curiosidad por lo que los bautizados viven en su vida diaria», destacó Julián Carrón. Lo cual le lleva a plantear la siguiente pregunta: «¿Cómo superar esta fractura entre la fe y la vida que hace más difícil poder encontrar la fe de una manera razonable, y por tanto atractiva, en la vida ordinaria?» Ahí está «la raíz del problema», y «el nexo profundo entre el Año de la fe y la Nueva Evangelización».

El aliado de la nueva evangelización es el corazón de todo hombre, «hecho para el infinito», añade. «Este deseo, aunque esté sepultado bajo multitud de distracciones y errores, es inextirpable», de modo que «el hombre de hoy espera, quizás inconscientemente, la experiencia de un encuentro con personas para las que Cristo es una realidad tan presente que ha cambiado su vida». Hoy, como hace dos mil años, «sólo una criatura nueva, que testimonia una vida cambiada, puede volver a suscitar una curiosidad por el cristianismo: ver realizada esa plenitud que uno desea alcanzar, pero no sabe cómo. Hombres nuevos que crean lugares donde cualquiera pueda comprobar en primera persona lo mismo que los dos primeros discípulos a orillas del Jordán: Venid y lo veréis». Sólo esta fe -decía monseñor Giussani, fundador de Comunión y Liberación, será capaz de «resistir en un mundo donde todo, todo, dice lo contrario».

Frente a la emergencia educativa, fidelidad al propio carisma

Poco después de la intervención de Kiko Argüello, tomaba la palabra Lydia Jiménez González, Directora General del Instituto Secular Cruzadas de Santa María, que habló sobre la evangelización en el mundo educativo. « Hemos visto, con dolor, cómo muchos alumnos de nuestras escuelas católicas, educados con rigor en el estudio, han llegado a ser líderes sociales enemigos de la fe y de la Iglesia», constató.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? ¿Cómo es posible revertirla y llevar a cabo una auténtica evangelización en el mundo educativo, para dar respuesta a lo que el Papa ha denominado emergencia educativa?

En primer lugar -afirma-, es necesario «mantener la identidad católica de nuestros centros» y «establecer en nuestros centros un programa serio e integral de formación en la fe» Un camino seguro para ello es la «fidelidad creativa al carisma fundacional». Otros puntos que señala la Directora de las Cruzas es la «práctica de las virtudes mediante un programa serio de educación de la voluntad», introducir programas «de educación de la afectividad», «fomentar el ejercicio de la caridad» y cultivar la «atención personaliza» al alumno.

En definitiva, es preciso tener claro que las escuelas y las universidades católicas no están para ser «centros de cultivo de personas muy cultas, pero bautizadas descreídas». Cuando estos centros mantienen su identidad «y se realiza la educación en la fe, surgen vocaciones para la propia congregación y para todos los estados de la vida cristiana».

Lydia Jiménez pide además a los obispos «una atención especial a los centros de titularidad católica de sus diócesis. Que velen porque no desaparezcan y mantengan su clara identidad católica como contribución eficaz a la formación de nuevos y creíbles evangelizadores».

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