Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|lunes, diciembre 17, 2018
  • Siguenos!

Retos: No ser protagonista 

Carta a mi Señor

No hace mucho, me han enviado una oración a san José que me ha conmovido y me ha planteado retos que quisiera ser capaz de  aceptar.

En el primero se pide que nos enseñe a no ser protagonistas. Y he pensado largamente en ello. No destacar, no ponerse en primer plano, hacer las cosas discretamente, sin avasallar, sin intentar asumir el lugar más importante, sin que nuestra voz suba por encima de las otras ni nuestros planes tengan que prevalecer sobre los demás, sin publicar ni alardear de hazañas o trabajos. No ser el personaje principal de las historias que me toca vivir, ni pretender manejar el hilo conductor de cuanto me sucede.

Eso es dejar el protagonismo de lado. Y le daba vueltas: ¿Por qué? En beneficio de los demás, para que puedan ocupar el sitio que yo llenaría con mi principalidad… Pero algo me dejaba insatisfecha, no convencida del todo. No terminaba de ver con claridad ese reto que me atraía y deseaba cumplir. Me parecía que no era demasiado difícil y que aunque no fuera algo que saliera del corazón, se podía cumplir solamente por empeño, tercamente. No era eso lo que yo anhelaba. No era ese el protagonismo que podía costarme apagar, no.

Sin imaginármelo siquiera, me hizo entender la verdad, mi verdad, el desdén inesperado y la falta de aprecio de alguien a quien quiero y de quien hubiera deseado otro trato. Fue como una bofetada repentina sin motivo alguno. Y ahí es donde de pronto se me hizo la luz sobre el protagonismo al que sí vale la pena renunciar para responder a la oración a San José. Renunciar a mi reacción, a lo que habría respondido ante la afrenta. Abandonar el protagonismo de mis decisiones, de tomar yo las riendas de mis andaduras, tomar yo los rumbos que me parezca. En la congoja se me ocurrió rezar: “Tú lo conduces todo, Tú decides en mi vida. Tú eres el protagonista, no yo. Te entrego las riendas, las dejo en tus manos, dejo el rumbo de mi vida, que es tuya.” Ahí estaba la bofetada de esa persona a quien aprecio y yo me la guardé. El Señor guiará mis pasos a responder o callar.  Él es el protagonista, no yo. Y no hice ni dije nada.

Vénceme, Señor.

Vence mi espíritu indómito, doblégame de una vez,

acaba Tú el combate con tu victoria.

Haz que mis dedos agarrotados de tanto aferrarse

suelten mi vida entre tus manos.

Ángela C. Ionescu

Añadir comentario