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Salieron a predicar 
04 de Febrero
Por Valentín De Prado

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (San Marcos 6, 7-13).

COMENTARIO

Hoy, el Evangelio relata la primera de las misiones apostólicas: Id por todo el mundo a predicar la Buenanueva del evangelio. Ésta es la misión de la Iglesia, y también la de cada cristiano. “para esto he venido al mundo”, afirma Jesus . Jesús envía a los Doce a predicar, a curar todo tipo de enfermos y enfermedades. El  poder sobre los enfermos y los espíritus impuros es el signo de la curación  del pecado de los hombres. Ese es el mandato: Anunciar “¡El Reino de Dios ha llegado!”.

Es la única razón, es “la razón”. Toda la misión de Jesús, su vida, su muerte y resurrección no tiene otro sentido y la misión de la iglesia es esa misma. “Hay de mi si no evangelizare” dice también san Pablo. Que mayor y mejor noticia para la humanidad .

El anuncio del evangelio. El anuncio  de la buena noticia para los hombres debería ser  la mayor delicia  y alegría también para nosotros. Por eso dice  el evangelio que los apóstoles regresaron llenos de gozo, Felices al constatar los frutos de su misión.  Prestar nuestra vida, nuestra palabra, para proclamar el amor de dios, el perdón, la misericordia, la conversión… Que mayor gloria para nosotros los cristianos, como hicieron los apóstoles, como tantos hombres en toda la tierra, como ha hecho la iglesia durante cientos de años.

La iglesia se ha dicho o es misionera o no es nada. Los hombres esperan con ansia esta noticia: que alguien les anuncie que hay un Dios de amor, de misericordia, de perdón, de salvación de todos los pecados, que nos liberan de tantas angustias, miedos y sufrimientos que nos provocan. La Iglesia y los cristianos perderíamos nuestra misión principal, su esencia, si no lo hiciéramos. No hay otra misión, ni otra razón más importante. Es precisamente la última recomendación del Señor antes de subir al cielo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” (Marcos 16, 15). Para eso vino, para eso murió y resucito.

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