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Santa María Magdalena 
22 de Julio
Por Francisco Javier Sánchez Hita

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto» (San Juan 20, 1.11-18).

COMENTARIO

Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. Durante su vida fue una gran pecadora hasta el momento de su redención por Cristo. Posteriormente, tuvo la inmensa dicha de ser la primera testigo de la resurrección del Señor.

Era el primer día de la semana y todavía estaba oscuro. María Magdalena acudió a visitar el sepulcro de Jesús y vio que estaba abierto. Inmediatamente acude a los apóstoles y les dice que se han llevado el cuerpo del Señor. Ninguno de ellos piensa en la resurrección.

Una vez inspeccionado el sepulcro, los apóstoles se marchan. María Magdalena se queda junto a la puerta del sepulcro llorando.

Allí mismo tiene ocasión de ver a Jesús, pero no le reconoce. Lo mismo les ocurrió a los discípulos de Emaús. No es posible reconocer a Jesús resucitado salvo que Él se da a conocer. Es importante que lo tengamos presente ya que lo mismo nos ocurrirá a nosotros. Por supuesto, tenemos que poner de nuestra parte. María Magdalena dio el primer paso acudiendo al sepulcro. El Señor dio el segundo al decir “María”.

Es muy reconfortante ver que la primera testigo de la resurrección fue, durante una parte de su vida, una gran pecadora. Luego se arrepintió, siguió al Señor y fue la primera testigo y apóstol de la resurrección. No hace falta ser perfecto para encontrar a Jesús. Cualquiera de nosotros puede ser redimido y llegar a la santidad, como María Magdalena, si nos abrimos al amor infinito de Dios.

“Buscad el Reino del Señor y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura”.

Mucho ánimo, hermanos. Os deseo un feliz y santo verano.

Unidos en la oración.

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