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Seis claves apostólicas 
31 de Marzo
Por Francisco Lerdo de Tejada

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:

«Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí.

Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.

Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado.

Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.

Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros.

Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis.

¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?» Juan 5, 31-47

Los judíos no quieren recibir al Señor, tienen el corazón cerrado a la gracia. Su amor propio les hace caer en enredos y cegueras. Hacen lo que pueden para no creer. Malabares del intelecto para huir del Dios encarnado por amor.

La vida de Cristo es toda para el Padre. El ha venido para llevarnos al Padre. Y es san Juan el evangelista especializado en mostrarnos la relación íntima entre el Padre y el Hijo. No es que el Hijo esté “heréticamente” subordinado al Padre, es que el Hijo es todo del Padre y vive para El, para su designio, para su plan de amor.

Del actuar de Jesucristo se pueden entresacar algunos elementos de interés apostólico en este pasaje que estamos considerando:

Confianza: el Señor no da testimonio a su favor. Es el testimonio del Padre el que avala su actuar. Es lo propio del apóstol. No apoyarse en uno mismo, no buscar el propio derecho, vivir confianza absoluta en que Dios Padre es nuestro defensor, nuestro valedor. Es Dios mismo quien me da el prestigio que necesito y todo lo demás para transmitir su mensaje salvífico. “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura” (Mc 6,33).

Condescendencia: Cristo no necesita el testimonio de ningún hombre pero alude a él para favorecer la creencia de los judíos en él. El se adapta al modo humano de proceder y comprender. Aunque estrictamente no hacía falta Jesucristo se hace necesitado de Juan para su labor evangelizadora. El apóstol no debe caer en espiritualismos desencarnados, en misticismos demasiados celestes. Los medios humanos, en su justa medida, ayudan a la evangelización. El corazón de la misión se lo lleva la oración, la unión con Dios, la vida de gracia interna. Pero hay medios humanos con los que hay que contar para propagar la fe, como puede ser un libro espiritual, una obra de arte que lleve a Dios o una cantata de Bach por ejemplo.

La primacía de la obras: Decía san Ignacio que el amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras. No es discursear maravillosamente sino sacrificarse maravillosamente. Son las obras las que dan testimonio de que el Hijo es enviado por el Padre. Los judíos no carecen de culpa porque no solo no están abierto al mensaje sino también a las obras, puestas al servicio de dicho mensaje. El milagro, el bien hacer, la gestión santa, deberían abrir los ojos del alma, pero el orgullo pudo más. Ni oigo ni veo. Me cierro. Rechazo. El enviado por el Señor ha de poner su vida al servicio de la Vida, no al mero servicio de conceptos museísticos. Obras, obras, obras; que no es lo mismo que activismo pueril. Una sonrisa bien plantada puede equivaler a cien sermones sobre la sonrisa. La fuerza de la obra testimonial siempre ha sido motor evangelizador.

Lectura en fe de la Biblia: Las Escrituras hablan de Cristo. Los Proverbios son Cristo y el Cantar de los cantares también. El Génesis es Cristo y el libro de los Reyes también. En los salmos dialogo con Cristo y en la Sabiduría también. Quiero decir con esto que la Palabra (Escritura) es la Palabra (Verbo), que todo está referido a él. Los Santos Padres nos enseñan a leer y vivir el Antiguo Testamento desde el Nuevo. En Moisés veo a Cristo, y en el esposo de Eva al nuevo Adán. Deberían saber los escribas y fariseos que las Escrituras hablan de Cristo, aquella roca de la que manaba agua (1 Cor 10,4). La Biblia es el manual del apóstol, el manuscrito incomparable por ser la Palabra del mismo Dios. San Juan que me habla de Amor. San Pablo del combate apostólico. San Lucas de la misericordia pastoral. Los Profetas de la conversión continua al único Dios verdadero.

La gloria del Padre: Cristo no buscó su gloria. Esto es clave para evangelizar. No buscar prestigio ni aplauso. No buscar la plaza pública para hacer resonar mi voz. Apoyarme en mi pobreza de bastón y sandalias (Lc 10,4). Realmente es de gran importancia para el fruto apostólico: el ser ese anawin confiante, ese mendigo que vive de las migajas que caen de la mesa de su señor (Mt 15,27). La pobreza acredita la  misión del evangelizador, autentifica su mensaje de salvación.

Búsqueda de la gloria del Padre: no se trata simplemente de no buscar mi propia gloria, valiéndome de apoyaturas humanas. Se trata de buscar positivamente otra gloria que no es la mía. No es mera ausencia sino llenanza de gloria. Mi vida apostólica llena el corazón del Padre de gloria. Glorificar y alabar al Padre como fuente y origen del Amor, de la creación y redención. Ausencia de intereses propios, desinterés personal, magnanimidad a ultranza. El apóstol no va en nombre propio para gestionar una empresa de talante humano. Es un enviado por cuenta del Padre, un elegido para comunicar el amor sobrenatural de Dios a todos los hombres. Un cultivador de la gloria de Dios  Padre.

Seis claves apostólicas que nunca van a dar ese resultado masivo y perfecto que desearíamos. La libertad de aquellos a quienes va dirigido el Evangelio puede frustrar la gracia. Muchos judíos de entonces y muchos hombres de todos los tiempos no querrán ir a Cristo para beber Vida eterna. Otros en cambio sí.

 

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