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Sin cambio, ni progresismo ni reformismo 

Por culpa de las partidocracias de izquierdas o de derechas, ya bien sean neosocialistas y neocomunistas, noeliberales o nacionalistas separatistas y terroristas, pero con la aquiescencia o la pasividad de la mayoría de la sociedad española, nuestra España ha entrado en una descomposición política y social, moral y ética, cultural y económico financiera. Los políticos, que controlan desde el Poder Ejecutivo, a los demás poderes, el Legislativo y el Judicial, durante casi cuarenta años de democracia monárquico- parlamentaria avanzada hacia la denigrante entrada del terrorismo secesionista en las instituciones del Estado, la corrupción, la prevaricación y el nepotismo institucionalizados, durante y después de haber ejercido el poder junto a los jueces, fiscales y magistrados, no han recibido el castigo justo que se merecen por haberse servido del poder para sus propios intereses partidocráticos, de prebendas públicas y privadas y de enriquecimiento personal.

Se han parapetado en la inmunidad parlamentaria del aforamiento o en la prescripción de los delitos, latrocinios y desfalcos cometidos contra el bien común de los españoles, y la falsificación, con la dictadura del relativismo partidocrático, de la Constitución Española de 1978. Tanto han falsificado sus principios, tanto se han falsificado e interpretado en provecho de sus demagogias partidistas del cambio inmovilista, del progresismo sin progreso y de la transparencia sin rendir las cuentas claras y devolver cuanto se ha robado, que, ahora quieren cambiarla, cambiarla para imponernos por medio de leyes tiránicas, los cambiazos progresistoides, fraudulentos, que han llevado a cabo contra el Estado de Derecho, contra la Justicia como la virtud del bien común, y que nos asoman a la autodestrucción de la identidad histórica de España.

Se apartan de quien es uno de los más insignes representantes del derecho iuspositivista del siglo de la Ilustración, el Barón de Monstesquieu (1689-1755), por tanto, como ellos, amigo de someter el Derecho Natural al Derecho Positivo según las circunstancias históricas, pero que traicionan al historiador y filósofo galo por lo que no han realizado ni realizarán en España mientras sigan parasitando la vida política con el despotismo relativista consensuado del cambio y del diálogo de la imposición unilaterales, y del progresismo contrarreformista de las partidocracias del estado del bienestar materialista, sustentado en el hedonismo y en la totalitaria ideología de género del aborto, de la eutanasia, del gaymonio y lesbimonio: el equilibrio y la libertad que deberían regir los tres poderes del estado, la división de poderes en Legislativo, Judicial y Ejecutivo, según su capital obra, Del espíritu de las leyes(1748), pero dentro de una democracia representativa y participativa del pluralismo en un Estado de Derecho aconfesional, y no del relativismo consensuado, laicista anticatólico, falsificador de los Derechos Humanos y de la Constitución Española de 1978, según las apetencias de las partidocracias.

              Diego Quiñones Estévez.

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