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«Sin el matrimonio, la sociedad se desintegraría» 

 EL DÍA DE LAS FAMILIAS

  • El cardenal Rouco Varela defendió la entrega «sacrificada y generosa» de los hogares ante «las dificultades económicas, morales y espirituales»

«No hay duda: ¡Vosotros sois la esperanza para hoy!». Con estas palabras, el cardenal Antonio María Rouco Varela animó durante la eucaristía a las miles de familias presentes en la madrileña plaza de Colón. «La verdad del matrimonio cristiano es la verdad del fundamento de toda sociedad que quiere y trata de edificarse de modo justo, solidario, profundamente humano y fecundo. Sin esta verdad, el organismo vivo que es la sociedad se desintegraría», destacó el arzobispo de Madrid en su homilía, que quiso traer al presente el discurso de Benedicto XVI a la Curia el pasado 21 de diciembre para alertar de que sin la defensa de «las figuras fundamentales de la existencia humana» –el padre, la madre, el hijo– se pone «en peligro el hombre mismo».

De esta manera, una sociedad que da la espalda a Dios hace que se cierren «las vías para una auténtica y duradera renovación». Frente a ello, Rouco Varela presentó a la familia cristiana como «el lugar primero –e insustituible, en principio– para que los hijos nazcan y crezcan en la fe en Jesucristo», además de defenderla como un pilar vital «para el futuro de la sociedad y de la Iglesia; más aún, para el futuro de la humanidad».

Valentía y fidelidad

De ahí, la llamada que hizo a los presentes a ser «valientes en la fidelidad y en la renovación constante de vuestro amor como esposos y padres de familia», una actitud de la que se hizo copartícipe al mencionar la difícil coyuntura que atraviesa nuestro país «con pocos precedentes en la historia de Europa y de España»: «Sería una gravísima irresponsabilidad pastoral y apostólica dejaros solos en esta situación tan dramática, producida por una crisis que os afecta muy directamente en lo económico, pero, sobre todo, en el reconocimiento social, cultural y jurídico que se os debe», reivindicó, a la vez que subrayó la entrega «sacrificada y generosa» de las familias españolas al responder ante situaciones «dolorosas del paro, de las dificultades económicas, morales y espirituales».

Sólo con el amor, prosiguió Rouco Varela, es posible frenar «la estremecedora tragedia del aborto practicado masivamente desde los años setenta». En este sentido, el cardenal lamentó la existencia, tanto en España como en Europa, de una legislación «primero despenalizadora y, luego, legitimadora». También se refirió al divorcio como otra de las principales amenazas de la familia, con la que «se somete a sus miembros más débiles, a los niños, a una dolorosísimas tensión interior que tantas veces los destruye por dentro y por fuera».

Frente a ello, se remitió a la Sagrada Familia de Nazaret como modelo a seguir, pues en su seno «se abrió e inició la verdadera y definitiva historia de la salvación del mundo. Una historia que ninguna crisis, aunque suponga e incluya los mayores y más horrendos pecados del hombre, podrá jamás interrumpir y, menos, anular». Así, el cardenal presentó a Jesús, María y José no sólo como la base de la historia «cronológica» de la Iglesia, sino también como su «entraña teológica, la célula primera del organismo sobrenatural que es la Iglesia».

Un icono para fortalecer el envío a la misión

Al finalizar la eucaristía, el cardenal Rouco Varela entregó a varias familias una reproducción de un icono que desde el pasado verano se ha convertido en el símbolo de los Encuentros Mundiales de las Familias. El original es un gran mosaico realizado por el artista jesuita Marko Rupnik, que el 11 de abril fue bendecido en la plaza de San Pedro por el Papa. La obra representa la Sagrada Familia y la Santísima Trinidad plasmada a través de la mano del Padre, que sostiene el fuego del espíritu, que es Jesús. Con este gesto, la cita de la plaza de Colón se convirtió además en un envío a la misión «para fortalecer la oración en los hogares».

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