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Sobre la pedofilia 

LA SITUACIÓN

Llevamos una temporada en que los medios de comunicación nos traen casi a diario diferentes noticias a cerca de la pedofilia y de la implicación en ella de miembros de la Iglesia. Primero fue Irlanda y después Alemania (por no hablar de las de EE.UU. que ya pertenecen a un pasado más lejano). No hay palabras para expresar la indignación y el bochorno que se siente, como católico y como sacerdote, por el comportamiento de los clérigos que han provocado dichas noticias, y lejos de nosotros el pretender disculpar o minimizar la gravedad de la culpa. Se aprovecha la circunstancia para atacar a la Iglesia, la jerarquía y al mismo Papa, así como el celibato como si fuera éste el causante de esos comportamientos. Es cierto que aunque sólo hubiese un solo caso es ya inexcusable y condenable. Pero también es cierto que los números no acompañan el sensacionalismo de muchos medios de comunicación. En el país en donde más casos ha habido, es EE.UU. (no hablemos de otros donde los casos se han contado con los dedos de las manos). Podemos considerar que el problema ha afectado solamente al 0,3% del clero. La cifra, citada en el libro “Pedophiilia and Priests”, escrito por el estudioso no católico Philip Jenkins, está tomada del estudio más amplio que existe hoy día sobre este tema. Concluye el estudioso que solamente 1 de entre 2252 sacerdotes que formaron parte del estudio a lo largo de un período de más de treinta años, se ha visto afectado por la pedofilia. En los escándalos tan conocidos de Boston, diócesis en la que parece que hubo más casos, solamente 4 de entre los más de los 80 sacerdotes etiquetados por los medios de comunicación como “pedófilos” fueron en realidad culpables de abusar de menores. Las estadísticas que hablan de un 0,3 por ciento de sacerdotes que cometieron pedofilia, sitúan a éstos en el mismo nivel o inferior que a los hombres casados, y si se habla de profesiones, por lo menos en Estados Unidos se han dado mucho más casos entre profesores y educadores que entre sacerdotes. Allí mismo, el hecho de que haya muchos casos de pedofilia entre los profesores no se difunde para que los padres no pierdan la confianza en el profesorado, cosa que no se evita respecto a los sacerdotes. EL PEDÓFILO El retrato robot del pedófilo, no incluye ningún rasgo aplicable exclusivamente a los sacerdotes y poco aplicable a los casados. Las conclusiones sobre el perfil de un pedófilo son similares en la gran mayoría de los estudios consultados. El retrato robot se elabora a partir del estudio de los detenidos por pedofilia, y habla de hombres en el 90% de los casos; de mayores de 35 en un 70%; de profesionales de nivel socioeconómico medio o alto en su mayoría; sin antecedentes penales también en su mayoría, y en cuya casa “normal” es igualmente “normal” que puedan albergar una familia propia con hijos pequeños propios. La conclusión a la que nos conduce este perfil es inquietante, puede responder a la de cualquier persona. El peligro que puede tener un sacerdote de caer en estas prácticas no es mayor ni menor que el de otro hombre. Pedófilo se es ya a los 15, 16 años; sin embargo la promesa de vivir el celibato no la hacen los sacerdotes hasta los 25 ó 30 años, cuando la identidad sexual ya está plenamente definida. LOS DATOS DE UNA REALIDAD En Estados Unidos, según el estudio del año 2004 del JohnJay College Of Criminal Justice, los sacerdotes acusados en EEUU de efectiva pedofilia en 42 años, fueron 958, 18 por año. Las condenas fueron 54, poco más de una al año (los sacerdotes y religiosos en los Estados Unidos son alrededor de 109.000). Durante el mismo período hubo 6000 condenas a profesores de gimnasia y entrenadores, declarados culpable de ese delito por tribunales de los EE.UU. Datos de Massimo Introvigne: (http://www.documentazione.info/article.php?idsez=41&id=1107) Los casos de pedofilia denunciados en USA, además de reducirse las denuncias año tras año (lo cual es doblemente indicativo, porque denunciar ha sido un gran negocio para víctimas y abogados), éstas representan sólo el 2% de las denuncias por pederastia en la unión americana, frente a un 5% de profesores de escuela y un rango entre 40-60% de familiares de las víctimas. Si se ha buscado hacer del sacerdote una figura “temible” que ahuyente a los niños, antes deberían temerles a sus profesores, tíos e incluso padres o hermanos. En Alemania, 94 casos sospechosos sobre un total de 210.000. En un artículo del periodista Andrea Tornielli (http://www.ilgiornale.it/interni/ sulla_pedofilia_ci_aiutino_anche_istituzioni/07-03-2010/articolo-id=427497-page=0-comments=1), informa de que en Alemania desde 1995 se notificaron 210.000 casos de delitos contra menores. Los casos sospechosos dentro de la Iglesia católica fueron 94 (1 sobre 2000). En este país, según las estadísticas criminales, cada año se dan aproximadamente 15.000 casos denunciados de niños víctimas de abusos sexuales; queda muy claro que no son sólo la escuela o el club deportivo los ambientes en que sucede. Según Barbl Meier, presidenta de una asociación de ayuda, más de la mitad de las víctimas tienen una relación familiar con el autor; aproximadamente en el 20% de los casos es el propio padre y en otro 20% es el padrastro o nuevo “compañero sentimental” de la madre. Datos suficientemente alarmantes que hablan de una sociedad enferma. En Austria, según las propias autoridades civiles, los casos hallados en instituciones vinculadas a la Iglesia fueron 1 7, mientras que se produjeron otros 510 en otros ambientes. En Irlanda, el Informe Ryan del año 2009 ha recogido los testimonios de 1090 personas con casos de violencia (no sólo sexual, sino sobre todo fisica y psicológica) en el sistema escolar de la isla desde 1914 hasta 2000. Tras un examen minucioso de cientos de casos de violencia, los religiosos acusados de abuso sexual a niños fueron 23. En las escuelas de niñas fueron acusadas sólo 3 empleadas seglares. En varias escuelas los abusos fueron cometidos por el personal o por visitantes externos o por alumnos mayores y no por parte de sacerdotes (http://www.laiglesiaenlaprensa.com/2009/05/el-informe-irland%C3%A9s.html. <http://www.documentazione.info/article.php?idsez=41&id=1107>) El informe muestra, más que la pedofilia en la Iglesia, una clara situación de abandono, violencia fisica y depravación común a los métodos educativos de todo el sistema escolar. Son 300 casos en todo el mundo, de entre alrededor de 400.000 sacerdotes. Mons. Scicluna, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, afirmó en una entrevista (<http://www.documentazione.info/artic le.php?idsez=41 &id=1109>)que desde 2001 hasta 2010, la congregación ha trabajado en cerca de 3000 casos de sacerdotes diocesanos y religiosos relacionados con crímenes cometidos durante los últimos cincuenta años. Sólo en el 10 % de los casos se ha tratado de actos de pedofiIia. El 60% se trata de “efebofilia”, o sea, atracción sexual hacia adolescentes del mismo sexo y el 30% son relaciones heterosexuales. De los tres mil asuntos en total, en el 20% de los casos se ha celebrado un proceso penal o administrativo, normalmente en la diócesis de procedencia bajo la supervisión de Roma para agilizar los procedimientos. Muchos de los procedimientos terminan en sentencia condenatoria, pero no se contabilizan en los que el sacerdote fue declarado inocente. En el 60% de los casos no hubo proceso, principalmente por la edad avanzada de los acusados, pero se dictaron sanciones administrativas y disciplinarias, como la prohibición de celebrar misa con presencia de fieles y de oír confesiones, y la obligación de llevar una vida retirada y de oración. Los demás casos se resolvieron sin llegar a concluir un proceso judicial canónico. En la mitad el Santo Padre asumió la responsabilidad de dimisión al estado clerical de esos sacerdotes. En el restante 10% de los casos los mismos clérigos acusados pidieron la dispensa de las obligaciones derivadas del sacerdocio, que fue concedida con prontitud. Los sacerdotes implicados en estos últimos casos tenían en su poder material de pornografía pederasta y por eso fueron condenados por las autoridades civiles. Resumiendo, el total de casos comprobados de pederastia por sacerdotes o religiosos en todo el mundo asciende a 300 en cincuenta años, sobre un total de casi medio millón de curas en ese mismo período. Si de verdad preocupara realmente el delito, quizá se debería prestar mayor atención, por ejemplo, a los 228 casos de abusos a menores que se cometen cada hora en Iberoamérica. LOS DOCUMENTOS CON DISPOSICIONES EXPLÍCITAS En las informaciones sobre la pedofilia, se citan a menudo documentos, que se interpretan como si se ofrecieran instrucciones para encubrir los casos de pedofilia. Pero la realidad es que todos los documentos tienen carácter oficial y son públicos y en ellos la actitud de condena es clara y fuerte. Los malentendidos —si es que lo son— surgen de malas traducciones e imprecisiones debidas al hecho de que los documentos están escritos en latín y no hay traducciones oficiales en otros idiomas. Así, por ejemplo, una mala traducción al inglés dio pábulo a que se pensara que la Santa Sede imponía el secreto para ocultar los hechos. Pero no era así. El secreto de instrucción servía para proteger la buena fama de todas las personas involucradas, en primer lugar de las víctimas, y después de los clérigos acusados, que tienen derecho como cualquier persona a la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. A la Iglesia no le gusta la justicia espectáculo. La normativa sobre los abusos sexuales no se ha interpretado nunca como una prohibición de denuncia a las autoridades civiles. El primer documento de referencia es la instrucción “Crimen Sollicitationis”(texto en latín http://www.cesnur.org/2007/Crimen_1962.pdf) un texto de 1922, nuevamente propuesto por Juan XXIII en 1962. La Instrucción trata del delito de incitación a actos indecentes por confesores. El documento, que se refiere principalmente a otros abusos, hace directa mención de la pedofilia llamándola “crimen pessimus”. Es explícita en el documento la obligación de denunciar los delitos. (http://paparatzinger-blograffaella. blogspot.com/2007/05/crimen -sollicitation is-canoni-15-19. html). El segundo documento es el “De delictis gravioribus” (texto en latín http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/ documents/rc_com_cfait h_doc_20010518_epistula_graviora%20delicta_It.htmlc, en italiano <http://www.ratzinger. us/modules.php?name=News&file=artícle&sid= 202>, firmado por Joseph Ratzinger y el cardenal Tarcisio Bertone, en 2001, que fue escrito para actualizar el motu proprio “Sacramentorum Sanctitatis tutela” (en latín http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/ documents/hf_jp-ii_motu-proprio_20020110_sacramentorum-sanctitatis-tutela_It.html , en italiano en una traducción no oficial http://paparatzinger3-blograffaella.blogspot.com/201 0/03/traduzione-in-italiano-del-motu-proprio.html) del Papa Juan Pablo II que, para evitar los encubrimientos y corruptelas locales, asigna la competencia sobre cuestiones de pedofilia a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Si ha habido encubrimientos y omisiones, se deben a una falta de lealtad a las disposiciones del Papa y del Magisterio. EL CELIBATO NO TIENE NADA QUE VER CON LA PEDOFILIA También, como ya hemos indicado, se ha hablado estos días de un vínculo entre el celibato y la pedofilia. El psiquiatra Manfred Lutz, uno de los más importantes expertos en el tema, explicó en una reciente entrevista (<http://www.documentazione.info/article.php?idsez=41&id=111 0>) cómo esta conexión no existe. Es más, los expertos dicen que las personas que viven la abstinencia sexual tienen menos riesgo de cometer abusos que los casados. En el artículo de Introvigne (<http://www.documentazione.info/article.php?idsez=41&id=1107>) se hace referencia a los estudios de Jerkins, que ha recogido cómo la mayor parte de casos de abusos sobre niños se han dado en mayor medida entre las diversas denominaciones protestantes, donde los pastores pueden casarse. Incluso la cifra ya citada de los 6.000 casos de abuso en los Estados Unidos en el mismo periodo, fueron cometidos en su mayoría por personas casadas. Por lo tanto no parece existir una relación directa entre pedofilia y celibato. LA ACCIÓN CLARA y DECIDIDA DE BENEDICTO XVI El Papa Benedicto XVI, primero como Prefecto de la Doctrina de la Fe y luego como Papa es sin duda el que más se ha comprometido en la corrección de este problema en la Iglesia. En ese ámbito se circunscribe la reciente carta a los católicos irlandeses (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2010 /documents/hf_ben-xvi_let_ 20100319_church-ireland_sp.html). En ella hay una condena clara de esas prácticas aberrantes y una enérgica llamada de atención a los obispos para que asuman sus propias responsabilidades para reparar y para garantizar que no vuelva a suceder en el futuro. La misma claridad y determinación mostró el Papa durante su viaje a los EE. UU. (aquí una relación de textos con intervenciones suyas sobre la pedofilia (http://magisterobenedettox vi. blogspot.com/2008/05/la-strenua-lotta-del-papa-contro-la_16.html) y a Australia (aquí una relación de textos con sus intervenciones (http://magisterobenedettoxvi.blogspot.com/2008/ 05/la-strenua-lotta-del-papacontro-Ia.html). Aunque solo hubiera un caso de pedofilia de un sacerdote, ya sería repugnante, así como lo es un solo caso de incesto o un infanticidio. De los datos, de los documentos y las respuestas se observa que el Papa invita a la Iglesia en su conjunto a hacer un esfuerzo para tomar sobre sus hombros y reparar las faltas de unos pocos. Mientras tanto, un informe reciente de la Conferencia Episcopal de EEUU (http://www.usccb.org/comm/archives/2010/10-052.shtml) revela que el número de denuncias de presuntos casos de abuso infantil por parte del clero ha alcanzado su nivel más bajo desde 2004 (desde que se comenzó a registrarlos). Es una señal de que la “política” de Benedicto XVI está haciendo efecto. De hecho, la mayoría de las acusaciones que están apareciendo en los medios de comunicación, son casos antiguos, sustancialmente cerrados y conocidos desde hacía tiempo: la plaga de la pedofilia es una tragedia del pasado, con la que se está batallando con eficacia. CONFUSIONES MEDIÁTICAS Hasta ahora han sido mostrados algunos casos de pedofilia que de alguna manera parecen tocar al Pontífice. El primero es el de dos casos de abusos que se produjeron en Regensburg alrededor del año 1958, que parecían implicar al hermano del Papa. En realidad ambos casos eran conocidos, jurídicamente cerrados y referidos a un período diferente de la dirección del coro de Georg Ratzinger desde 1964 a 1994 (véase el artículo de Tornielli, explicando los dos casos (http://www.ilgiornale.it/interni/ sulla_pedofilia_ci_aiutino_anche _istituzion i/07-03-2010/articolo-id=427497-page=0-comments=1). El segundo es el caso de un pedófilo en la Archidiócesis de Munich y Freising, donde Ratzinger fue arzobispo en esa época. El caso se remonta a 1980. Surgió en 1985 y fue juzgado por un tribunal alemán en 1986. El tribunal observó, entre otras cosas, que la decisión de aceptar al sacerdote en la Archidiócesis no se produjo por el cardenal Ratzinger que ni siquiera la había conocido (Massimo Introvigne <http://www.documentazione.info/article.php?idsez=41&id=1107>. El tercer caso es el de un sacerdote acusado de pedofilia en la diócesis de Milwaukee en los años setenta. Los documentos dicen que la Congregación para la Doctrina de la Fe (de la que era prefecto Ratzinger) fue consultada veinte años después de los hechos e invitó a mantener el sacerdote fuera de la actividad pastoral, a pesar de que habían pasado tantos años sin evidencia de nuevos delitos y a pesar de que la misma justicia civil había cerrado el caso (aquí la explicación completa (http://www.avvenire.it/Mondo/prete+Milwaukee_ 201003251301581200000.htm). EL INFORME IRLANDÉS Lo repetiremos una vez más para evitar equívocos: un caso de abuso ya es demasiado. Es imposible minimizar la importancia de lo aportado por el informe de la Comisión de investigación irlandesa sobre abusos contra niños. Al mismo tiempo, como se trata de un texto larguísimo (cinco volúmenes, 2575 páginas), podemos presumir que poca gente lo ha leído, incluidos la gran mayoría de los que han escrito sobre el tema en la prensa. El informe se basa en el testimonio de 1090 personas y cubre desde 1914 hasta el año 2000, aunque el periodo más destacado es desde 1936. Se estudia la situación educativa de los internados irlandeses, masculinos y femeninos, llevados por congregaciones religiosas. El informe explica que usa el término abuso en su acepción más amplia: no se refiere solo a abuso sexual sino, sobre todo, a abuso físico (castigos, violencia), psicológico y, en general, dejadez, abandono, malas condiciones de vida, alimento, bajo nivel sanitario. El informe no incluye ningún nombre de víctimas ni de culpables, y no tiene una finalidad judicial. Lo que pretende es aliviar, con este reconocimiento, las penas de las víctimas y evitar que situaciones similares se puedan repetir en el futuro. Sobre 25.000 alumnos de colegios, hogares y casas correccionales en el  período que examina, señala 253 acusaciones de abusos sexuales a chicos y 128 a chicas. Del total de centros femeninos, se acusa a tres personas de haber cometido abusos sexuales: las tres son laicas, trabajadoras de los centros. En el caso de los centros masculinos: son 23 religiosos acusados. El resumen dice que “los testigos afirmaron haber sido sometidos a abusos sexuales por religiosos y por personal laico en las escuelas e instituciones y por corresidentes y otros, incluyendo profesionales, tanto externos como internos de las instituciones. También afirmaron haber sido abusados sexualmente por miembros del público en general, incluyendo trabajadores sociales, visitantes, empleados, familias de acogida”. Se denuncia, sobre todo, la ineficacia de los organismos públicos, y de la misma sociedad y las familias, pues todo parece indicar que muchos de los abusos eran conocidos. Se comprueba que la depravación está más extendida socialmente de lo que se cree; el problema no es específico de los religiosos, aunque el foco mediático sólo se haya puesto en el clero. ¿CUÁNTOS ABUSOS SEXUALES SE PRODUCEN EN ALEMANIA Y CUANTOS TIENEN QUE VER CON LA IGLESIA CATÓLICA? Según el vaticanista Luigi Accattoli (“Liberal”, 9 de marzo de 2009) desde 1995 se han denunciado en Alemania 210.000 casos de abusos sexuales; de ellos, 94 afectan a instituciones o personas de la Iglesia Católica. Un 0,004%. Se calcula que hay unos 15.000 casos de abusos a menores denunciados cada año, la mitad en el ámbito familiar. ¿Qué tiene que ver específicamente el ámbito eclesiástico- sacerdotal con los abusos a menores? En principio, nada. Los predadores sexuales acuden allí donde hay menores: colegios, clubes deportivos, guarderías, etc. Hay casos de abusos en las iglesias con clero casado y también en grupos sin clero, como los adventistas o los Testigos de Jehová. Los abusadores buscan lugares donde ganar la confianza de los adultos para acceder a los menores. Uno de los axiomas marginales que se estudia en marqueting, es que en todas las profesiones, grupos y clases sociales, hay un diez por ciento de indeseables. No es de extrañar que haya habido 94 denuncias, en cinco años, aunque no se hayan denunciado algunos casos, pero son pocos dentro de los 210.000 casos, y posiblemente relacionados algunos con el mismo individuo. ¿Son suficientes casos como para establecer la alarma social y el estigma que algunos quieren colocar a la Iglesia y al clero?, ¿o no hay de fondo una campaña “orquestada” para derribar el prestigio de una institución? ¿QUÉ HAY DETRÁS DE LOS ESCÁNDALOS? La discusión actual sobre los sacerdotes pedófilos —considerada desde  el punto de vista sociológico— representa un ejemplo típico de “pánico moral”. El concepto nació en los años 1970. Los “pánicos morales” han sido definidos como problemas socialmente  construidos y caracterizados por una amplificación sistemática de los  datos reales, tanto en la representación mediática como en la  discusión política. Son problemas sociales que surgieron  hace decenios y son replanteados como “nuevos”, o como en dramático crecimiento  reciente; además, su incidencia es exagerada mediante  estadísticas no confirmadas académicamente, pero que se  repiten desde un medio de comunicación a otro y pueden inspirar  campañas mediáticas persistentes. Philip Jenkins ha subrayado el papel que juegan los “empresarios morales”, cuyas intenciones no son siempre claras, en la creación y gestión de esos pánicos. Los “pánicos morales” no hacen bien a nadie,  distorsionan la percepción de los problemas y comprometen la eficacia  de las medidas que deberían resolverlos.  Los “pánicos morales” contienen en principio condiciones  objetivas y peligros reales. No se inventan la existencia de un  problema, sin embargo exageran sus dimensiones estadísticas. En una serie de estudios exhaustivos, el mismo Jenkins ha mostrado cómo  la cuestión de los sacerdotes pedófilos es tal vez el ejemplo más  típico de un “pánico moral”. En primer lugar, existe el dato real: existen sacerdotes pedófilos. Algunos casos son desconcertantes y desagradables, han llevado a condenas definitivas y los mismos acusados nunca se han proclamado inocentes. Estos casos en los Estados Unidos, en Irlanda, en Australia explican las severas palabras del Papa y su solicitud de perdón hacia  las víctimas. Sin  embargo, dado que pedir perdón no basta, sino que se necesita que los  casos no se repitan, no es indiferente saber si los casos son dos, doscientos o veinte mil. Tampoco es irrelevante saber si el número de casos es mayor o menor entre los religiosos  católicos de los que hay en otras categorías de personas. Los datos más completos han sido recogidos en los Estados  Unidos, donde en el 2004 la Conferencia Episcopal encargó un estudio  independiente al John Joy College of Criminal Justice de la City  University of NewYork, que no es una universidad católica y es unánimemente reconocida como la institución académica más acreditada  de los USA en materia de criminología. Este estudio nos dice que, desde el 1950 al 2002, 4392 sacerdotes  americanos (entre más de 109.000) han sido acusados de presuntas relaciones sexuales con menores. De estos, poco más de un centenar han sido  condenados por los tribunales civiles. El bajo número de condenas por parte del Estado se debe a denuncias a sacerdotes ya fallecidos, o a hechos prescritos, o a la ausencia de violación de una ley civil (en distintos Estados americanos, una relación sexual consentida con un  menor de más de dieciséis años, no es delito). Pero también ha habido muchos casos clamorosos de sacerdotes inocentes  acusados. Estos casos, además, se han multiplicado en los años 1990, cuando algunos bufetes de abogados han creído que podían obtener beneficios millonarios sobre la base de simples sospechas.  Según aquella investigación el 78,2% de las acusaciones se refiere a menores que han  superado la pubertad. Tener relaciones sexuales con una chica de 17  años no es un hecho elogiable, menos aún para un  sacerdote: sin embargo, no se trata de pedofilia. Por lo tanto, los sacerdotes acusados de efectiva pedofilia en los USA  son 958 en 42 años, 18 por año. Las condenas han sido 54, poco más de  una por cada año. Sin embargo, de los 62.000 autores de abusos a menores a lo largo del 2008, los que corresponden a sacerdotes no son ni representativos. El hecho de que aparezcan insistentemente aquellos casos que  se refieren al área geográfica de Bavaria, de donde proviene el Papa y  que, habiendo tenido lugar en los años 1980, se presenten como recientes; y que, a partir de ello se provoque una espiral de polémicas capciosas que constituyen un ataque directo anunciado cada día con grandes titulares, acompañando a nuevos “descubrimientos”, pone de manifiesto cómo el “pánico moral” es promovido por “empresarios morales” de manera organizada y sistemática. El caso que —como algunos periódicos han titulado— “involucra al Papa” es, un paradigma. Se refiere a un episodio en el  que un sacerdote de Essen, ya culpable de abusos, fue acogido en 1980 por la  Arquidiócesis de München y Freising, de la que era arzobispo el actual  Pontífice. El caso se conoció en 1985 y fue juzgado por un tribunal alemán en 1986, aclarándose además  que la decisión de acoger al mencionado sacerdote no había sido tomada  por el Card. Ratzinger, quien ni siquiera la conocía, lo que no es  extraño en una gran diócesis con una compleja burocracia. El hecho de que hoy un periódico alemán decida reabrir el caso, y  presentarlo en primera plana 24 años después de la sentencia, se  debería cuestionar. Según  los estudios de Jenkins, si se compara la Iglesia católica de EEUU con las principales denominaciones protestantes se  descubre que la presencia de pedófilos es de dos a diez veces más alta en estas últimas. La cuestión es relevante porque muestra que el  problema no es el celibato: la mayor parte de los pastores  protestantes está casada. En el mismo período en el que un centenar de  sacerdotes americanos era condenado por abusos sexuales sobre menores,  el número de profesores de gimnasia y entrenadores de equipos  deportivos juveniles —en su mayoría casados— juzgados culpables del mismo abuso por los tribunales USA rozaba los 6000. Peor aún,  considerando los informes periódicos del gobierno americano, aproximadamente 66% de los ataques sexuales a menores son causados por familiares: padrastros, tíos, primos, hermanos y por desgracia también los propios padres de familia. Datos similares existen en  otros países. Finalmente, hay un dato muy significativo: más del 80% de los pedófilos son homosexuales, varones que abusan de varones. Según Jenkins, más del 90% de los sacerdotes católicos condenados por  abusos sexuales sobre menores y pedofilia es homosexual. Si en la Iglesia puede haber habido efectivamente un problema, éste no se  debe al celibato, sino a una tolerancia hacia la homosexualidad, en  particular en los seminarios en los años setenta, cuando se ordenaba  la gran mayoría de los sacerdotes que posteriormente han sido condenados por los  abusos. Es un problema que Benedicto XVI está corrigiendo enérgicamente. Pero ¿por qué replantear en 2010 casos viejos o muchas veces ya conocidos, al ritmo de uno al día,  atacando siempre más directamente al Papa – paradójico, si se considera la gran severidad del antes cardenal  Ratzinger y después Benedicto XVI sobre este tema? Los “empresarios morales” que organizan el pánico tienen una agenda  que va emergiendo cada vez con más claridad, y cuyo objetivo no es  precisamente la protección de los niños: lobbys muy poderosos buscan descalificar ante  todo la voz de la Iglesia mediante una acusación infamante y hoy muy  fácil de hacer: la de favorecer o tolerar la pedofilia. PERIODISTAS POR LA REVOLUCIÓN SEXUAL «Es fácil explicar el ensañamiento de los medios sobre el clero católico —dice Accattoli— el mundo de los periodistas apoya espontáneamente la “revolución sexual”. Se concentra claramente en el clero católico la mayor resistencia a tal orientación, de aquí el ímpetu con el que da realce —si puede— a las contradicciones». Sorprende también que la atención se haya desviado, por ejemplo, hacia el celibato y no hacia la homosexualidad que hay detrás de la mayoría de los casos. Se silencia, en muchos medios, el dato positivo de que la Iglesia esté reaccionando ante lo sucedido entre sus filas, así como el desolador panorama moral de la sociedad en general. Nuestra sociedad civil y política parece no advertir la corrupción omnipresente, el tráfico indecente de pornografia y prostitución infantil. ¿Se ha organizado una cobertura siquiera parecida para combatir la prostitución infantil en Tailandia, Filipinas, el Caribe…, que esclaviza a cientos de miles de niños desde hace años? SIN OBJETIVIDAD HACIA LA IGLESIA No son pocos los que consideran que la prensa internacional presenta los casos de abusos sexuales en el clero de forma distinta que en cualquier otro colectivo. Cada año hay un ramillete de profesores seglares en nuestro país condenados por abusos contra menores y nadie pide al Ministro de Educación que comparezca ante los medios y prometa erradicar un problema que según un estudio muy citado por las asociaciones especializadas (del doctor Félix López, encargado por el Ministerio de Asuntos Sociales en 1994) afecta a un 23% de las niñas y un 10% de los niños. Es paradigmático el caso del periódico The New York Times que pierde el equilibrio y la objetividad cuando se trata de informar sobre la Iglesia Católica. Lo que está sucediendo con este periódico sale de lo ordinario. Nos encontramos ante la negación de las más elementales reglas profesionales del periodismo, cuando se afirman con insistencia cosas que no se demuestran, y sólo cabe preguntarse por las causas de semejante comportamiento. Es verdad que al ser la fe la depositaria de la confianza en el sacerdote, es más escandaloso que sea precisamente éste el causante de abusos. También es cierto que un solo caso es injustificable y lamentable. Ha repugnado, y con razón, el silencio sistemático sobre estos casos durante años, sugiriendo una cierta complicidad o encubrimiento por parte de algunas autoridades eclesiásticas, que en ocasiones preferían el “buen nombre” a la justicia y la reparación. Ahí probablemente ha estado el error más funesto y la lección aprendida en el arco que va del año 2002 a 2010. El Papa mismo ha reconocido y ha llamado severamente la atención, primero a los obispos americanos en el 2002, ahora a los irlandeses en el 2010, quedando muy clara la manera de proceder en adelante para la Iglesia universal. Es verdad que se trata de una “horrible enfermedad”, y el Papa mismo afirma: “Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resolverá de inmediato. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer”. Es decir, no es momento de “cantar victoria”; por el contrario, es la hora de la penitencia, de la oración y del examen para que no vuelva a suceder; es la hora de tomar medidas claras y firmes en los seminarios y en las decisiones disciplinares; es el momento de aplicar con todo el rigor necesario el derecho, tanto civil como eclesiástico, sabiendo que eso resulta a la larga la solución más pastoral, acorde con la dignidad humana y el prestigio de la Iglesia. Los abusos a menores por parte de responsables eclesiales son especialmente reprobables, pero la cuestión es más amplia y focalizar las acusaciones en la Iglesia falsea la perspectiva.

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