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Solo Dios basta 
14 de octubre
Por Miguel Iborra

Reflexion, evangelio, hoy

«En aquel tiempo exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.


Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”». (Mt 11,25-30)

Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada,Teresa de Ávila, Teresa de Jesús, Doctora por la Universidad de Salamanca, Patrona de los escritores españoles, Alcaldesa honorífica de la Villa de Alba de Tormes, Doctora de la Iglesia, Madre espiritual y Madre de las almas que aspiran a la vida de perfección… no nació una santa, ¡se hizo santa!. Santa Teresa de Jesús no tenía una formación académica, pero siempre sacó provecho de las enseñanzas de teólogos, literatos y maestros espirituales, escribiendo más de dos mil páginas.

¡Oh Hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir, dolor hacéis,
y sin dolor, deshacéis
el amor de las criaturas.

Así, exultante de amor como una joven que contempla arrobada a su enamorado y le regala versos; así, como quien no puede describir la belleza que ven sus ojos y considera que toda creación palidece al compararse con su Creador, se dirigía Teresa de Jesús a Jesucristo en uno de sus célebres poemas. No fue un éxtasis transitorio lo que la llevó a componerlo: en sus obras en prosa y en verso, son numerosísimas las veces que la Santa se dirige a Dios, hablándole directamente y ponderando la enorme belleza del rostro de Cristo, que ella percibía en sus ratos de oración mental, en su tiempo ante el Santísimo, en sus meditaciones del Evangelio y, sobre todo, en sus trances místicos, en los que Jesús se le mostró «en su Divina humanidad».

Quizás por esa forma tan gráfica de expresarse y de referirse a la Belleza con mayúsculas, han sido miles los artistas de todo el mundo que, desde hace cinco siglos, se han acercado a la Santa para contribuir a ilustrar su vida, sus palabras, su entorno y su fe. Y que, además, han contribuido desde sus diferentes disciplinas a fomentar la devoción a Teresa de Jesús, diseminando por iglesias, conventos y bibliotecas tallas, cuadros, piezas de orfebrería, grabados, reliquias y relicarios que evocan a la gran reformadora de la Orden carmelitana.

 Su mensaje:

  • Que dejemos actuar a Dios en nuestro corazón.
  • Que procuremos crecer en amistad con Dios por la oración.
  • Que luchemos contra cuanto nos aleja del Señor.
  • Que procuremos alcanzar la santidad cueste lo que cueste.

Su oración:

Señor, Dios nuestro, que, por tu Espíritu, has suscitado a Santa Teresa para mostrar a tu Iglesia el camino de la perfección, concédenos vivir de su doctrina y enciende en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Amén.

Esto nos recuerda que no podemos vivir el Evangelio según nuestros criterios, sino según la fe de la Iglesia: «Creed firmemente lo que cree la Santa Madre Iglesia, y a buen seguro que vais por buen camino».

Miguel Iborra

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