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«Somos también culpables de la situación que vive la familia» 

  • Los padres sinodales reconocen en los grupos de debate del Sínodo que han fallado en la formación y en la educación de la fe, y
Los padres sinodales, cardenales y obispos, abandonan el aula del Sínodo tras la sesión matutina de ayer. Los trabajos se extenderán hasta el día 25
Efe

En el Sínodo de la familia hay espacio para la autocrítica, para ver qué cosas no están funcionando en la Iglesia y descubrir los mayores errores en la transmisión de la fe antes de empezar a pensar en las soluciones que puedan adoptarse. Durante los últimos días, los 330 participantes en esta asamblea han debatido en 13 grupos distintos para hacer introspección y presentar sus aportaciones al «Instrumentum Laboris», el documento de trabajo de este encuentro destinado a actualizar la respuesta de la comunidad cristiana a los grandes problemas de las familias.

De uno de los dos «círculos menores» –así se llama a estos grupos– de lengua española llegó el «mea culpa» más interesante. Con un hombre muy cercano al Papa como moderador, el cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, los padres sinodales de este «círculo menor» reconocieron que «habían fallado» en la «formación cristiana» y en la «educación de la fe». Por eso muchas personas llegan al matrimonio «con muchas lagunas». «Es cierto que los factores externos nos afectan y son fuertes, pero ¿cómo hemos respondido como Iglesia? ¿Qué hemos dejado de hacer?», se preguntaron los miembros de este grupo, quienes se consideraron también «culpables de la situación de la familia, ya que, en muchas ocasiones, hemos vivido de rentas».

Los obispos de este círculo de habla hispana, cuyo relator es el cardenal panameño de origen navarro, José Luis Lacunza Maestrojuan, encontraron la raíz de «la crisis» por la que atraviesa la Iglesia por su postura ante la familia en «el tipo de catequesis que hemos hecho». «Se necesita una preparación más profunda», puede leerse en la lista de recomendaciones de este «círculo menor». «Falta algo muy esencial: tratamos de resolver problemas sin saber cuál es su origen. Hay necesidad de mayor renovación, no sólo de las personas, sino también de las comunidades, teniendo cuidado con el lenguaje y el modo de presentar la doctrina», se añade.

Los participantes en este grupo continuaron la autocrítica al denunciar que «falta análisis» sobre cómo las nuevas tecnologías influyen en el hombre. Sin meterse más en harina, advirtieron que «conllevan soledad, falta de comunicación e individualismo». Para hacer frente a estos problemas, la Iglesia está llamada a llevar su misión de «sembrar en la cultura el Evangelio de la familia», pero el problema es que «no siempre conocemos la cultura». En este debate estaba el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que ayer intervino ante los medios de comunicación en el «briefing» diario: «Percibo un deseo de mostrar al mundo que la estructura básica fundamental de cada persona es la familia, hasta el punto de que Jesús quiso venir al mundo en una familia»

No todos los grupos lingüísticos están en la misma onda de examen de conciencia para poner sobre el tapete los errores que comete la jerarquía eclesiástica al presentar el mensaje de la Iglesia y en el lenguaje que utiliza para ello. La voluntad por hablar claro no parece unánime. Buena prueba de ello es la frase que acuñaron los miembros de uno de los grupos de lengua italiana. En sus observaciones afirmaron que la Iglesia tiene «una mirada positiva de la sexualidad, porque es expresión de tensión sinfónica entre eros y ágape».

Otros «círculos menores» instaron a la asamblea a que plantee una lectura «menos negativa» de la situación de la familia hoy, mientras que algunos padres sinodales lamentaron que muchos de los análisis del «Instrumentum Laboris» estén demasiado centrados en la realidad de Occidente. «Los contextos históricos y las culturas no son los mismos. No se puede decir que los matrimonios y los bautismos disminuyen en todo el mundo», escribieron los miembros de un grupo de lengua francesa.

 

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