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Soplando vida 

“¿Quién ha dicho que todo está perdido?”

Adriana Torres (Sevilla, 1968)

Hace años un tío mío me dijo algo que marcó el resto de mi vida. Mi prima de ocho años acababa de tener un accidente de coche y mientras agonizaba en la UVI, mi tío repetía una y otra vez: “la esperanza es lo último que se pierde”. Adriana Torres (Sevilla, 1968) me vuelve a recordar ese momento con su exposición titulada “¿Quién ha dicho que todo está perdido?”. Esta artista sevillana habla de la esperanza, de la fe en Dios, en uno mismo, en la vida, en las personas, como soplo vital alimentando de fuerza.

La pieza crucial de la exposición, que lleva justamente el título “¿Quién ha dicho que todo está perdido?”, es una silla de ruedas con estas palabras escritas en el respaldo y unas alas de paloma gigantes detrás. Claramente nos sentimos invitados a sentarnos en la silla, que parece que nos tele transporta a otro lugar, quizás ficticio, quizás un paraíso. Nunca antes nos hubiéramos sentido llamados a utilizar una silla de ruedas como espacio de descanso, o como trampolín donde soñar —más bien suele representar discapacidad, connotaciones de mutilación, de encarcelamiento vital, de limitaciones…— pero en esta obra adquiere un significado opuesto. ¿Quién ha dicho que una enfermedad es una condena? Desde una discapacidad se puede ver el mundo con mucha más libertad que como la vemos el resto de los que nos movemos como peonzas sin encontrar sentido a nuestras acciones. Esta obra nos llama a entrar en nuestro ser separándolo del cuerpo; parece incluso que nos invita a volar desde nuestro interior. Toda la fuerza, todo el amor reside dentro de nosotros y una incapacidad física, una limitación material o económica no puede cortar nuestros sueños, nuestra esperanza, nuestra alma.

“Conciencia desvelada”

¿Cuántas veces te has despertado por la noche inquieto por algo que daba vueltas en tu cabeza? Y cuando dabas vueltas y vueltas en la cama sin conciliar el sueño, ¿por qué un ruido interior te taladraba? En esos momentos el silencio de la noche, la soledad, el paso lento del tiempo te hace ver las cosas de otra manera. A menudo, no es que los problemas cambien es que los ves desde otra perspectiva, la del corazón, y ahí en la paz interior de la oscuridad nocturna se entrevén rayos de luz, salidas que con el ruido exterior no nos percatamos. Estos momentos de claridad en la tormenta los describe Torres con sus piezas “Conciencia Desvelada”, en las que utiliza fundas de almohada para pintar retratos de personas en pleno sueño, donde su corazón toma el protagonismo de su cuerpo y transforma su espíritu. Es una manera de decir que escuches más a tu corazón y silencies la mente que no te deja oír sus latidos. Para mí representa el momento en el que consigues abandonar tu conciencia y adentrarte en la voluntad de Dios, escuchando su llamada, que solo se oye en el silencio exterior e interior.

Hay tantos momentos en los que perdemos la confianza, esa que tardamos tanto en conocer. Sin embargo, en múltiples ocasiones la hemos visto resurgir con la caricia de la Virgen, recordándonos que nos protege y que mora a nuestro lado. Pero, ¿por qué nos olvidamos una y otra vez de que no estamos solos? Dios utiliza a los que nos rodean para cogernos de la mano y susurrarnos esas palabras, convirtiendo a las personas en instrumentos de su Amor.

“Transfusión”

La artista utiliza instrumentos hospitalarios para reflejar esas palabras de apoyo que nos entran en vena como un aliento vital que nos remonta. Adriana Torres hace una llamada a la confianza en Dios, en uno mismo, en los demás, como si todos fuéramos un equipo que lucha por el mismo fin, por un resurgir de las cenizas que tantas veces nos asfixian cortándonos la respiración y las ganas de vivir. En esos momentos en que todo se cae a tu alrededor es cuando debes recordar la fuerza que late en tu interior, el apoyo de los demás, palabra a palabra, como un goteo de amor que te dará la fuerza que te falte. La obra “Transfusión” describe esto con un goteo hospitalario, etiquetado con las palabras “Suero de Aliento”, que descarga una cadena de mensajes de apoyo como “Juntos podemos”, “Dame la mano”, “No tengas miedo”…, entrando en vena como una transfusión de suero vital que cura de todo desaliento, preocupación o angustia.

Lo interesante es que esta sanación de cuerpo y alma no requiere de soluciones prácticas o materiales, sino simplemente “de la capacidad de dar y de recibir”, como diría Adriana Torres, es decir, de amar y dejarse amar. Y concluye la artista que “para esto no hace falta mucho; esta capacidad la tenemos todos”, solo hace falta pulsar el interruptor, tener la voluntad de hacerlo y la docilidad para dejarse llevar. La Virgen mueve tu mano cuando tú ya no sabes cómo. Solo hay que llamarla a tu auxilio y ese suero de aliento entrará en tu ser revitalizando, despertando la apatía y calmando el desasosiego.

“Luz de Vida”

Una de las obras que más me emociona es “Luz de Vida”, titulada así porque, en palabras de la artista, “describe la vida que se ilumina cuando recibe la luz y a la vez alumbra a su alrededor”. Esta pieza es la escultura de un corazón en resina, lo que significa que la materia con la que está realizada es traslúcida, y cobra su sentido completo cuando la luz la atraviesa iluminándola como si latiera un foco en su interior, deslumbrándonos con su luz.

Para mí es, sin duda, el Corazón de Jesús que vive dentro del nuestro haciendo de nosotros un sagrario viviente. Su luz pasa a través de nosotros para que seamos luz del mundo. Es interesante cómo la artista explica que “este corazón si no recibe la luz no la da, y por tanto da la luz que recibe”. Esta escultura describe cómo debemos dejarnos invadir y colmar por el amor de Dios para poder llevarlo a los que nos rodean. Y esa es la santidad, no tanto la acción de amar a Dios en totalidad como el dejarse amar completamente por Él.

María Tarruella

Comisaria Arte + Fe

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