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Superpoblación 

La amenaza del hambre se viene utilizando hace tiempo como justificación para ejercer un control sobre el crecimiento de la población. Malthus decía que en el banquete de la naturaleza no se habían puesto cubiertos para todos; la naturaleza ordenaba eliminar a los más débiles, y el estado debía ayudar a la naturaleza. Los defensores de esta ideología tienen una visión retrógrada e inmovilista de los recursos de la tierra. Desde Malthus el rendimiento del suelo no ha dejado de mejorar y la producción agrícola es excedente en relación con las necesidades. Los recursos se multiplican porque los hombres son ingeniosos y creativos. No hay mayor riqueza ni fuerza que los hombres. Lo importante no son las cosas sino los hombres, que bien formados serán capaces de transformar las cosas en riquezas y bienes.

El temor a la superpoblación no es de hoy. Ya Platón y Aristóteles se preocupaban por el exceso de población y proponían medidas para limitarla; y así lo hicieron Giovanni-Otero, Francis Bacon y Tomas Hobbes en el s. XVI; igualmente en la China del s. XVIII, poblada entonces por 300 millones de personas.

Pero este temor no ha sido compartido por otros autores como Bodin1 o Fénelon, quien ya escribía en 1699: “Bien cultivada, la tierra alimentaría cien veces más hombres de los que alimenta”.

En la cristiandad, desde los Padres de la Iglesia, la cuestión de tener hijos se sitúa bajo la luz de la moral querida por Dios, lo cual descarta la cuestión del número de hombres.

la hipótesis de Malthus

En 1798, Malthus publica su primer “Ensayo”2: quiere justificar la necesidad de que los poderes públicos eviten el aumento del número de hijos de los pobres. Su hipótesis plantea  que el crecimiento de la población es geométrico, mientras que el de los alimentos es aritmético, mucho más lento.

En Francia divulga sus ideas Jean-Baptiste Say: “Las instituciones más favorables para la felicidad de la humanidad son las que tienden a multiplicar los capitales. Por tanto, conviene que se anime a los hombres a que ahorren en vez de tener hijos”.3

La realidad demográfica ha demostrado que el planteamiento de Malthus era equivocado, sin embargo sus ideas se siguen apoyando. Efectivamente, en el plan de acción de la ONU contra la población se aboga hoy por la implantación del aborto bajo presión en los países en vías de desarrollo, el fomento de la homosexualidad entre los jóvenes, de la anticoncepción, etc.

el miedo de los neomaltusianos

En la segunda mitad del siglo XX se responsabiliza insistentemente a las evoluciones demográficas de las desgracias del mundo. El libro decisivo en la propagación de estas ideas es “The population bomb” (La bomba de la población) de Paul Ehrlich, que generó una controversia mundial en 1968 sobre la población humana y la disponibilidad de alimentos. Para él las cuestiones geodemográficas se reducen a cifras y estadísticas aterradoras: hay demasiados hombres y su número óptimo sería 500 millones.

Lo mismo opina el famoso comandante Cousteau, que en noviembre de 1991 declaraba al Correo de la UNESCO: “La población mundial se debe estabilizar y, para ello, habría que eliminar 350.000 hombres diarios”. Sin comentarios.

las previsiones no se cumplen

La primera aseveración del prólogo del libro de Ehrlich dice que “centenares de millones de hombres van a morir de hambre en los años 1970-1980”. Aunque el hambre es una desgraciada realidad que se produce repetidamente, según la Organización Mundial de la Salud, las principales causas de mortalidad proceden de las enfermedades cardiovasculares (30%), enfermedades infecciosas y parasitarias (17,8%), tumores malignos (12,6%) y traumatismos (9,1 %).

La segunda afirmación es: “Ya nada podrá evitar un aumento importante de la tasa de mortalidad mundial”. Pero los hechos demuestran que esta tasa ha ido disminuyendo desde los años setenta; en los años cincuenta, era de 19,7 muertes por mil habitantes; en 2002, de nueve por mil.4 La tasa de mortalidad solo aumenta en los países con graves conflictos bélicos o políticos: así, los de la herencia soviética5, o aquellos que padecen la pandemia de VIH/ Sida o los países desarrollados cuyo envejecimiento se hace cada día más notorio por la caída de su natalidad.

Las elevadas mortalidades no se deben a la “superpoblación”, sino al contexto político y desastrosas gestiones de los estados. La más mortífera tuvo lugar en China en los “años negros” 1958-1961. La intensificación de la colectivización de la agricultura dentro del programa “gran salto adelante” y la prioridad dada a las inversiones militares provocó una crisis de producción alimentaria devastadora. Otro tanto ocurrió en Corea del Norte con unos tres millones de muertos por desnutrición entre 1995 y 2000: el totalitarismo político que  transformó ese país en un inmenso cuartel6, la autarquía colectivista que impidió los intercambios, unas decisiones económicas desastrosas y la represión implacable han provocado la bancarrota del país. Otras elevadas mortalidades tienen como causa los conflictos de poder, como la guerra Irán-Irak, la guerra civil en Sudán, o las luchas internas en Angola o Afganistán. También se ha extendido una terrible práctica entre las clases dirigentes de muchos países, consistente en provocar hambrunas para obtener financiaciones que les beneficien, como ocurrió con los dirigentes etíopes, que así consiguieron financiar su guerra con Eritrea.7

Ehrlich muestra su desconocimiento de los mecanismos demográficos, pues en los años setenta anunciaba que habría siete mil millones de hombres en el año 2000; cuando ya en 1934 la lógica de la transición demográfica formulada por Adolphe Landry permitía anticipar que esta previsión era excesiva.8

el mito de la “explosión demográfica”

Los neomaltusianos siguen basando sus afirmaciones en la expresión “explosión demográfica”, dando a entender que la población mundial cada vez crecerá a mayor ritmo, lo que supone un desconocimiento de las lógicas demográficas, especialmente del esquema de la transición demográfica.

La transición demográfica es el período durante el cual las poblaciones contemporáneas, gracias a los progresos económicos y sanitarios, pasan de regímenes que se caracterizaban demográficamente por unas tasas de mortalidad y de natalidad muy elevadas a unos regímenes de baja mortalidad, acompañados, consecuentemente, por una disminución de la natalidad. Este esquema no es una teoría, puesto que su elaboración procede de la descripción pura de acontecimientos históricos. La transición demográfica se puede observar en todos los continentes, incluidos Iberoamérica, Asia y África.

El esquema de la transición demográfica tiene dos particularidades:

1.ª La primera es el calendario, muy variable según los países. Así, Europa occidental empezó su transición a finales del siglo XVIII y ya la ha terminado hace tiempo, mientras que el subcontinente indio, comenzó en los años veinte y todavía no la ha terminado. Comparar, por ejemplo, la evolución demográfica de la Unión india con la de Alemania en 2003 no tiene mucho sentido; la verdadera comparación sería entre la Unión india en 2003 y Alemania a finales del siglo XIX. Tampoco es adecuado comparar los crecimientos de China y de Gran Bretaña en el siglo XX, pues sería considerar dos períodos demográficos y dos contextos históricos diferentes; comparando estos dos países durante el período más intenso de su transición, es decir, China en el siglo XX con Gran Bretaña en el XIX, se demuestra que la transición inglesa ha sido más intensa que la transición china, puesto que la población de Gran Bretaña se multiplicó por cuatro en el siglo XIX, mientras que la de China solo se multiplicó por tres.

2.ª La segunda particularidad de cada transición demográfica consiste en su intensidad, más elevada cuanto más corto es el período de la transición. Una población que pasa por la transición en menos de medio siglo, como Taiwán, Corea del Sur o Túnez, se multiplica durante este período más que una población cuya transición dura un siglo o más. Por este motivo, los países del Sur, que han sabido beneficiarse rápidamente de los progresos sanitarios de los del Norte, experimentan un descenso de mortalidad más rápido y, por tanto, su multiplicador de transición es más elevado.

El crecimiento demográfico intenso de los dos últimos siglos resulta de un progreso considerable de la humanidad, que ha conseguido disminuir muchísimo la mortalidad. En numerosos países, la mortalidad infantil, la materna y la de los niños y adolescentes ha bajado más de un 95%; consecuentemente, la esperanza de vida se ha doblado o triplicado en algunas poblaciones.

Pero el siglo XXI no está experimentando una “explosión demográfica”, un crecimiento exponencial, sino una clara desaceleración. Por el efecto de la velocidad adquirida se producirá un aumento de la población mundial de un 50% entre 2000 y 2050, frente al 140 % que se produjo en el medio siglo anterior. Se plantean entonces dos cuestiones: ¿Es la superpoblación responsable del hambre en el mundo? ¿Es la causante de una contaminación elevada?

políticas que impiden el desarrollo

Las bolsas de pobreza no son debidas a excesos de población, sino casi siempre a malas gestiones políticas. Por ejemplo, Rusia está clasificada como país con “desarrollo humano medio”, a pesar de las cuantiosas riquezas de su territorio; y esto no por su cantidad de población (que disminuye), sino por la herencia soviética. África es un continente con unas posibilidades económicas considerables, pero sufre el perjuicio de malas políticas: por ejemplo, Guinea, cuyos recursos naturales son tan abundantes, está entre los países con “débil desarrollo humano”,9 no por el número de sus habitantes, sino por la pésima gestión de sus políticas totalitarias. Algo así sucede con Birmania, entre los países más pobres del mundo, que posee recursos de todo tipo, ricos y abundantes: cursos de agua, extensas tierras fértiles, gran diversidad de bosques, amplias costas para la pesca, recursos mineros variadísimos que incluyen piedras preciosas, petróleo, gas natural…  El fracaso de su desarrollo nada tiene que ver con la superpoblación, sino con su política.

Los causantes son los estados “incapacitantes”, que otorgan una buena parte de su poder a políticos que van en contra del interés de los pobres.  Hay personajes políticos que se sirven de los recursos públicos para  asegurarse su perpetuación en el poder, y  que se aprovechan sin ningún escrúpulo de su posición para acumular  riquezas y poderes personales, beneficiando a los que les apoyan, sin ninguna consideración por el interés público.

¿habrá recursos para todos?

Los recursos son algo relativo: solo existen si se perciben como tal y si se sabe utilizarlos; por lo tanto, varían según las épocas, las culturas y los proyectos de sus gestores. Por ejemplo, algunas sociedades se niegan a comer determinadas legumbres porque no entran en sus hábitos alimentarios, aunque las tierras sean capaces de producir grandes cantidades; por otro lado, es cierto que puede haber escasez de una materia determinada, pero ello incita a buscar otros sustitutos.

Los recursos no han dejado de crecer con el progreso de la humanidad, ya que el hombre, mediante la tecnología, los produce10: “No hay ninguna necesidad de un segundo planeta para alimentar al mundo”, pues “la prolongación de las tendencias del pasado conduce a que el conjunto de la producción agrícola se vaya a duplicar desde ahora hasta el año 2050”.11

a mayor número de habitantes, ¿mayor contaminación?

1) La antigua URSS, uno los territorios más afectados por las catástrofes ecológicas, es de los menos densos del mundo. La causa de sus agresiones medioambientales no es el número de habitantes, sino la intensa utilización de procedimientos industriales muy contaminantes y deficientes sistemas de seguridad.12

2) Corea del Norte padece una deforestación masiva provocando así una corrosiva erosión y los cultivos son cada vez más vulnerables. Esto se debe a medidas políticas y económicas desastrosas, en pro de una autarquía colectivista e impuesta por un totalitarismo que ha producido la quiebra del país, no al número de coreanos. De hecho, la densidad de población de Corea del Norte es tres veces menor que la de Corea del Sur, quien, además, tiene que alimentar a unos habitantes cuya esperanza de vida excede en diez años a la de sus hermanos del Norte.

3) En 2003 los Estados Unidos contaminaban entre tres y cuatro veces más que la Unión Europea. Sin embargo, ésta sumaba 378 millones de habitantes, mientras que EEUU solo tenía 289. La densidad de la UE era de 117 habitantes/km2 y la de EEUU de 30. El problema es que los EEUU tienen un territorio muy extenso y rico, por lo que muchas veces eligen soluciones fáciles y se movilizan menos contra la contaminación.13

4) En otros lugares, unas poblaciones poco densas pueden atentar contra el medio ambiente mediante la utilización de métodos antiguos o cualquier otra forma de sobreexplotación.

Así pues, el nivel de contaminación en un territorio no procede de la densidad de población, sino de inadecuados métodos de producción y de los comportamientos y costumbres de sus habitantes.

no pueden lograr un desarrollo sostenible

Según el informe Brundtland de 1987, “es sostenible aquel desarrollo que responde a las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para responder a sus propias necesidades”. Existe una repetición continua de tópicos, según los cuales la “explosión demográfica” del Tercer Mundo imposibilitaría cualquier desarrollo sostenible, o bien que la explotación por el Norte sería una catástrofe… Pero se oculta que algunos países no tienen desarrollo alguno y, por lo tanto, ¿cómo van a alcanzar un desarrollo sostenible? Estos países son, en África, Liberia, Sierra Leona, Somalia, Mozambique y el Congo; en Asia, Irak, Yemen, Afganistán, Timor oriental y Corea del Norte.

Estos países no han sido más “colonizados” o más “explotados” que otros que marchan mejor; sin embargo, su historia se caracteriza por guerras o violentos conflictos civiles. Algunos de ellos han sufrido durante largo tiempo unos gobiernos autocráticos que solo muestran interés por las armas que les permitan perpetuarse en el poder, sin prestar ninguna atención al bien común ni a la alimentación de sus poblaciones. Según el PNUD, en 1995, en el África subsahariana, los gastos militares han supuesto ocho mil millones de dólares, lo cual equivale, aproximadamente, a la cantidad necesaria para permitir el acceso generalizado al agua potable y a las infraestructuras sanitarias en todos los países en desarrollo.14

Como dice el premio Nobel de economía Amartya Sen, “el hambre aparece solo donde no hay democracia”.15 Ayer, los hombres sabían producir más y mejor: de ahí el espectacular aumento de la longevidad, causa fundamental del crecimiento del número de hombres en la tierra desde hace dos siglos; mañana, los hombres seguirán aprendiendo a producir más y mejor. Escuchar a los voceros de la catástrofe, que recurren a la población como chivo expiatorio, no ayudará a mejorar el desarrollo sostenible.

1 J. BODIN, Les six livres de la Republique (París 1576) V, 7.

2 MALTHUS, Essai sur le principe de population (1803, reedición Seghers, Paris, 1963) 147.

3 J.-B. SAY, Cours complet, 1828, VI parte, 11 EI-IRUCH, La bombe P, 46.

4 Population et Avenir, 660, nov-dic 2002.

5 G-.F.Dumont, L´Heritage demographique du systéme sovietique, en A.-L.Sanguin (dir.), L´Europe de l´Est quinze ans aprés la chute du mur (L’Harmattan, Paris 2003).

6 Géopolitique de la faim.

7 Ibidem.

8 A. LANDRY, La révolution démographique (París 1934, reedición Ined, 1982).

9 PNUD (Plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo), Rapport mondial sur le devéloppement humain 1995 (Economica, Paris 1995) 128.

10 Le Monde (4-5 de febrero de 1996) 3.

11 PNUD, o.c., 114-115.

12 M. Schooyans, Bioéthique el population (Le Sarment – Fayard, Paris 1994).

13 Estimaciones de Eurostat, 1 de enero de 2003.

16 PNUD, o.c., 114.

15 Le Monde (12 de junio de 2002).

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