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El Papa denuncia la esclavitud femenina e infantil en Tailandia 

La Hna. Dorineide Pantoja Ferreira, de Brasil, forma parte de un proyecto dirigido a adolescentes que viven en asentamientos precarios, los cuales, según la misionera, son el grupo más vulnerable socialmente. Ella comenta las palabras del Papa en el discurso a las Autoridades, los representantes de la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático

Bianca Fraccalvieri – Bangkok

“Pienso en todas aquellas mujeres y niños de nuestro tiempo que son particularmente vulnerados, violentados y expuestos a toda forma de explotación, esclavitud, violencia y abuso”. Es un extracto del primer discurso del Papa Francisco a las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en Tailandia. El Pontífice abordó uno de los problemas sobre los que tanto el gobierno como la Iglesia tienen una visión especial: el del turismo sexual, la trata de seres humanos y el trabajo forzado.

El flagelo del turismo sexual 

Durante dos años y siete meses en Tailandia, la Hna. Dorineide Pantoja Ferreira, de Brasil, forma parte de un proyecto dirigido a adolescentes que viven en asentamientos precarios, los cuales, según la misionera, son el grupo más vulnerable socialmente.

Se trata de ofrecer una formación humana para que los jóvenes puedan llegar a la edad adulta con madurez. En el caso de los niños, el esfuerzo es para que reconozcan el valor de las mujeres. Y en el caso de las niñas, se les advierte de los riesgos que corren y se les acompaña en un recorrido para aprender a disfrutar de la “belleza de ser mujer”.

Aquí en Tailandia, como en otras partes del mundo, el reclutamiento se hace de la manera “estándar”: las niñas, en este caso especialmente en Laos y Myanmar, se sienten atraídas por la promesa de un buen trabajo, pero terminan cayendo en la red de la trata y la prostitución, favorecidas por un contexto social de gran vulnerabilidad.

Que las mujeres sean más valoradas y reconocidas

Comentando las palabras del Santo Padre, la Hna. Dora – como se la conoce – se siente satisfecha con la llamada a un mayor reconocimiento de la dignidad de la mujer, para que pueda disfrutar de “la libertad y del derecho a gestionar su propia vida”. La misionera recuerda también el Sínodo que sólo concluyó sobre la Amazonia, uno de cuyos temas era precisamente el del liderazgo de las mujeres:

“Espero que tanto las palabras del Papa como las del Sínodo para la Amazonia inspiren a la Iglesia en Tailandia y que las mujeres sean más valoradas y reconocidas.

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