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TAMBIÉN NOSOTROS LE HEMOS RECONOCIDO 
07 de Abril
Por Francisco Javier Alba

“Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?” Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llama Cleofás, le respondió: “¿Eres el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?”. Él les dijo: “¿Qué?”. Ellos le contestaron: “Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de nosotros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”. Entonces él les dijo: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Llegaron cerca de la aldea adonde iban, y él simuló que iba a seguir caminando, pero ellos lo apremiaron diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos,  tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y le reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Y levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían  reconocido al partir el pan”  (San Lucas 24, 13-35).

COMENTARIO

“Aquel mismo día”, con estas palabras comienza el Evangelio de hoy. También hoy estamos en  “Aquel mismo día, estamos todavía en la Octava de Pascua,  en el mismo día de la Pascua. Y nosotros hoy discípulos de Jesús, vamos caminando como los discípulos de Emaús, seguimos con nuestra vida y rutina diaria. Pero acontece algo asombroso: Jesús se acerca  “en persona” y se pone a caminar con nosotros, “en persona”.

Los ojos de los discípulos de Emaús “no eran capaces de reconocerlo”. Puede que nosotros tampoco, y por eso estemos entristecidos e incluso le podamos decir a Jesús como Cleofás: ¿Es que tú no te enteras de lo que ha pasado, de lo que sucede? ¿Eres acaso un forastero a nuestros sufrimientos? ¿No sabes que yo esperaba que nos libraras de ellos? ¿Estás vivo realmente y resucitado?

A los discípulos de Emaús ni siquiera les valía el testimonio de las mujeres que habían encontrado el sepulcro vacío a las que se les habían aparecido los ángeles diciéndoles que estaba vivo. Puede que a nosotros tampoco nos convenzan del todo los testimonios de los demás. ¡Qué necios y torpes somos! ¿Cuántos profetas nos han anunciado durante años la resurrección de Jesucristo?

Pero necesitamos el encuentro personal con Él, con Jesucristo, con el Resucitado. Porque la fe no nos la podemos dar a nosotros mismos, la fe es un don que recibimos gratuitamente, siempre respetando nuestra libertad. Y por eso le hemos de pedir: “Quédate con nosotros”, como le dijeron los discípulos al llegar a Emaús. Y entonces El Señor entrará para quedarse y sentarse a la mesa con nosotros. Y entonces podremos decir también nosotros: “Es verdad, ha resucitado el Señor”, verdaderamente ha resucitado.

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