Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, octubre 22, 2019
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Tejiendo nuestras vidas 

Cuánto tiempo dedicamos a tejer nuestra existencia, a tramar todos los hilos que nos permitan sentir la ansiada seguridad de tenerlo todo atado, de ser nuestros propios dioses, de poseer nuestras vidas. Y que será que después de tanto trabajo inútil nos invade la impresión de estar encerrando el alma, de estar embalsando el mar. De que nuestra misma vida, de tanto querer guardarla se escapa entre nuestros dedos. Y entonces Tú llegas, Padre, y nos hablas de pobreza, de morir para nacer, de vaciarse por dentro, de abrir nuestro corazón, y dejarnos habitar.

Nos hablas de perdonar incluso al que nos ofende. Nos hablas de ser por Ti esclavos de nuestro hermano. Y nos parece que, así, nos propones lo imposible. Nos invitas a un camino que no podemos seguir. Y es en nuestro abatimiento, cuando nos hemos rendido, cuando estamos derrotados, que levantamos los ojos como el ciego del camino y pedimos un milagro para poder verte a Ti.

Y entonces Tú te apareces como siempre, imprevisible, con el rostro de Jesús a ofrecernos tu Palabra, que es tu presencia en la tierra. Y a regalarnos el cielo tan solo con confiar plenamente en tu Promesa. Y es esa misma Palabra la que se ocupa de hacer tu trabajo en nuestro alma.

Y un día, el que Tú quieres, nos damos cuenta que aquel “imposible” que siempre nos proponías es hoy una realidad en la que vivo y habito, envuelta en Eternidad.“Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños… Tu no quieres sacrificios ni ofrendas y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: “Aquí estoy —como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad” (Sal 39, 5.7-9)

Olga Alonso Pelegrín

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