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Teofanías Biblicas. Segunda parte 

Sin ánimo exhaustivo en el relato y enumeración de estos acontecimientos, tal como ya se dejó apuntado en la primera parte de este artículo, nos ocuparemos ahora de los tres primeros grupos de las teofanías bíblicas: teofanías de la voz y el poder de Dios que baja del cielo, teofanías de los ángeles mensajeros de Dios y teofanías oníricas.

Teofanías de la voz y el poder de Dios que baja del cielo

Antiguo Testamento: Caín, Noé, Abrahán y Moisés mantienen conversaciones con Dios con entera libertad. Caín le miente, y se muestra irónico cuando Dios le pregunta por su hermano al que acaba de matar (Gén 4). Noé escucha obediente las instrucciones del Señor para la construcción del primer barco conocido, y sumiso, prepara un astillero lejos del mar (Gén 6). Abrahán, ya con muchos años, se queja ante Él de que no tiene hijos que lo hereden, y Dios le promete una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y las arenas del mar (Gén 15). Moisés, en el monte Horeb, sin atreverse a levantar la cabeza para mirarle, le pregunta cuál es su nombre para decirles a los hijos de Israel, que gimen en la esclavitud de Egipto, quién lo envía a libertarlos (Éx 3). Y así habla también con Josué en el río Jordán para ensalzarlo ante el pueblo, como antes hizo con Moisés (Jos 3), y con Gedeón, antes de la batalla con los madianitas, en el tiempo de los Jueces (Jue 7), y con un Samuel niño en la noche del templo de Silo, que oía la voz del Señor y no la reconocía, y asustado, acudió hasta tres veces junto al lecho de su maestro (I Sam 3).

Nuevo Testamento: El Dios uno y trino, se manifiesta en el bautismo de Jesús en el Jordán, cuando los cielos se abren y surge de lo alto la voz del Padre que manifiesta su amor por el Hijo (Mc 1 y Lc 3); y, del mismo modo, en la transfiguración del monte Tabor, cuando la voz del Señor sale de la nube (Mt 17, Mc 9 y Lc 9). Jesús se aparece a las mujeres y a los discípulos en varias ocasiones después de su resurrección (Mt 28,9, Mc 16,9-20, Lc 24,13 y 24,36, y Jn 20,24 y 21). Venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2). El fariseo Saulo es derribado del caballo camino de Damasco, y el propio Jesús le pregunta: “¡Saulo, Saulo!, ¿por qué me persigues?” (Hch 9). Jesús instruye a Ananías en Damasco, para que reciba a Pablo que llegará ciego (Hch 9,11). A Pedro, en Jope, Dios le habla y le ordena comer los alimentos considerados impuros (Hch 10). Venida del Espíritu Santo sobre sobre Cornelio y los suyos (Hch 10,44)

Teofanías de los ángeles mensajeros de Dios

Antiguo Testamento: Un Querubín, con una espada de fuego, protege el Árbol de la Vida después de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso (Gén 3). Entre Cadés y Bared, un ángel del Señor se apareció a Agar, la esclava de Sara que estaba encinta de Ismael, hijo de Abrahán, y le pide que no huya de su señora (Gén 16). Junto a la encina de Mambré, ángeles peregrinos que viajaban a Sodoma y Gomorra para destruir las ciudades, confirman la promesa de fertilidad hecha a Abrahán y a Sara por el Señor; y, enterado Abrahán del motivo de su viaje, regatea con ellos para evitar la catástrofe (Gén 18). Dos ángeles visitan la casa de Lot, en Sodoma, antes de la destrucción de la ciudad (Gén 19). Un ángel detiene el puñal de Abrahán cuando se disponía a sacrificar a su hijo Isaac por obediencia al Señor (Gén 22). Un ángel lucha toda la noche con Jacob cuando regresaba a su tierra con sus esposas Lía y Raquel, hijas de su tío Labán (Gén 32). Un ángel reprende a los israelitas por su idolatría cerca de Galgala, en el lugar de los Lloradores (Jue 2). Un ángel visita a Gedeón antes de su victoria sobre los madianitas (Jue 6). El ángel Rafael acompaña al hijo de Tobías por las orillas del río Tigris para cobrar la deuda de su padre (Tob 5). Un ángel anuncia el nacimiento de Sansón a su madre, que era estéril (Jue 13). El ángel Gabriel adoctrina al profeta Daniel sobre el sentido de la profecía de Jeremías de las 70 semanas de años (Dan 9).

Nuevo Testamento: Un ángel se aparece a Zacarías en el templo de Jerusalén para anunciarle el nacimiento de su hijo Juan, de Isabel, su esposa, que era estéril y de edad muy avanzada (Lc 1,5). El ángel Gabriel visita a una virgen de Nazaret llamada María, y le anuncia el nacimiento de Jesús, el Salvador (Lc 1,26). Un ángel anuncia a los pastores de Belén la buena noticia del nacimiento del Salvador (Lc 2,10). Junto al ángel anunciador, llega una legión de ángeles del cielo que cantan el Gloria (Lc 2,15). Un ángel se aparece a María Magdalena y a la otra María para decirles que Jesús ha resucitado (Mt 28,5, Mc 16,1, Lucas 24,1y Jn 20,1). Un ángel del Señor habló a Felipe y lo encaminó para que se encontrase con el eunuco etíope al que bautizó (Hch 8,26). Un ángel quita a Pedro las cadenas y lo libera de la cárcel de Herodes Agripa (Hch 12). Un ángel visita al gentil Cornelio y le dice que llame a Pedro (Hch 10,1 y 10,30).

Teofanías oníricas

Antiguo Testamento: Entre Berseba y Harán, yendo de camino, Jacob contempla proféticamente en sueños una escalera que une la tierra y el cielo (Gén 28,12). En casa de su tío Labán, Dios le ordena en sueños que regrese a su tierra con sus esposas Lía y Raquel (Gén 31,11). José cuenta a sus hermanos los sueños de las gavillas de trigo y las estrellas que lo enaltecen como imagen de Jesucristo (Gén 27). Salomón recibe en sueños las promesas de Dios para obtener el don de la sabiduría y la santificación del templo que había construido (2 Re 2,11 y 9). Mardoqueo, judío de la tribu de Benjamín, cautivo en Babilonia por Nabucodonosor, recibió en sueños un mensaje para la salvación del pueblo, y fue exaltado en la corte del rey Asuero (Est 10 y 11). El profeta Daniel es instruido en sueños por el ángel Rafael sobre el significado de la profecía de Jeremías de las setenta semanas de años (Dan 9,21).

Nuevo Testamento: El ángel del Señor se aparece a José hasta cuatro veces en sueños, así para disipar sus dudas y pedirle que reciba en casa a su esposa, pues la criatura de su seno es obra del Espíritu Santo (Mt 1,20), o cuando le avisa de que tome el niño y a su madre y huya a Egipto porque Herodes quiere matarlo (Mt 2,13), o cuando a la muerte de Herodes le dice que vuelva a su tierra (Mt 2,20), o cuando, avisado en sueños a su regreso de que Arquelao reinaba en Judea, decidió viajar a Nazaret (Mt 2,22). Los magos de oriente, después de adorar al niño en Belén, recibieron en sueños un oráculo para que regresaran a su tierra por otro camino y no volvieran a Herodes (Mt 2,12).

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De muchas otras maneras se ha manifestado Dios a los hombres tal como se relata en los libros de la Biblia: Así mediante el fuego, como en el episodio de la zarza que ardía sin extinguirse en Horeb, el fuego que enciende los altares de los holocaustos, el que cae desde el cielo como castigo de hombres o ciudades, o el que brota de la tierra en columnas ígneas para defender al pueblo o guiarlo en la noche. También mediante el agua, como las aguas violentas del diluvio, o las aguas ensangrentadas del Nilo, o los mares y ríos que separan sus aguas para que pase el pueblo o sus enviados por sus fondos o cauces, o las fuentes que brotan de las rocas para que beba el pueblo. También mediante hechos prodigiosos, como los leones hambrientos que cierran sus bocas ante el profeta, las mujeres estériles que conciben, como Sara, Ana, la madre de Sansón, e Isabel; los muertos que resucitan, sin referirnos aquí a los milagros de Jesús; el sol y la luna que se detienen en el cielo sobre el valle de Ayalón, para que Josué consume su victoria sobre los enemigos; o las murallas de Jericó que se derrumban al son de las trompas de cuerno de carnero. Y también mediante las visiones proféticas o celestiales, como las de los profetas, y en particular, la del profeta Daniel, que vio venir al Hijo del hombre entre las nubes del cielo (Dan 7,13), y la de san Esteban, a punto de morir lapidado, que vio los cielos abiertos y la gloria de Dios (Hch 7,56). Pero todo ello, puede ser objeto de otro comentario.

Horacio Vázquez Cermeño

 

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