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Teresa de Calcuta: las ramas de su obra 

De la íntima unión de Madre Teresa con Dios surgiría la fuerza para extender su obra por el mundo entero. En los países más pobres daría respuesta a las necesidades materiales; en los países más ricos, a las profundas carencias afectivas y humanas de una sociedad en la que la soledad ocultaba la vida de muchas personas en la oscuridad del olvido y del abandono. “No ser nada para nadie es — en palabras de la Madre Teresa— la peor de las pobrezas”.

Cuando la gente preguntaba a las misioneras la razón de su presencia en lugares como Estados Unidos o Gran Bretaña, ellas hacían una reflexión sobre la pobreza más lacerante, aquella surgida allí donde el capitalismo y el materialismo habían marginado a miles de personas que constituían el llamado “cuarto mundo”. Así, en la década de 1970, Madre Teresa extendió su obra por Europa, América del Norte, América Central y Oriente Medio. También estableció las primeras casas en países gobernados por regímenes comunistas, como Zagreb (Croacia) y su Skopje natal (Macedonia).

En 1970 Madre Teresa abrió una casa en Londres; en 1971 llevó a sus hermanas al barrio de South Bronx de Nueva York, cuyo nivel de violencia y peligrosidad hacía que ni siquiera la policía se atreviera a acercarse. En ese mismo año las hermanas llegaron a Belfast, ciudad en la que los enfrentamientos bélicos marcaban la vida de una población en permanente conflicto. En 1973 se instalaron en Gaza, donde asistirían a los refugiados árabes que habían quedado acorralados en la ciudad.

En la década de 1980 llegó a África Central y Occidental y siguió avanzando en el bloque comunista: Alemania de Este en 1981 y Albania en 1991. En estos años Madre Teresa fue recibida por líderes de numerosos países como Sudán, Cuba, Irak y Mongolia.

“yo no hago nada, es Él quien lo hace”

A lo largo de su vida, la santa fundaría un total de 594 casas repartidas por 120 países del mundo. Su gran desilusión fue no recibir autorización para abrir una casa en China. En todo este proceso de expansión Madre Teresa constituyó un magnífico ejemplo de fe y confianza en Dios. Consciente de que su obra no le pertenecía, animaba a sus hermanas de manera constante a buscar el Reino de Dios y su justicia y confiar en que todo lo demás les sería dado por añadidura (cfr. Mt 6, 33). Y así, las misioneras recibieron de la Providencia, en innumerables ocasiones, los medios materiales para llevar a cabo su misión asistencial entre los más pobres. La presencia de Dios en la obra de Teresa de Calcuta alcanza expresiones en las que la única palabra posible es “milagro”.

Basten como ejemplo las siguientes anécdotas que no son sino dos únicas cuentas de un rosario infinito: en cierta ocasión, Madre Teresa recibió la llamada de una de sus misioneras destinada en Agra (India). La hermana le comunicaba la urgente necesidad de un asilo para niños en aquella localidad, para lo cual se requerían cincuenta mil rupias. Ante la ausencia de dicha cantidad, la Madre Teresa se vio obligada a responderle que el proyecto era imposible de afrontar. Al cabo de un rato sonó de nuevo el teléfono, pero esta vez para comunicarle que en Filipinas acababa de serle otorgado el premio Magsaysay dotado con cincuenta mil rupias. Inmediatamente Madre Teresa llamó a la hermana para decirle que Dios deseba que en Agra hubiera un asilo para niños.

En otra ocasión, esta vez en la casa de Calcuta, se necesitaba comida para alimentar a un grupo de siete mil personas durante dos días. Como siempre hacía la Madre Teresa cada vez que se veía ante una necesidad acuciante, se retiró a hacer oración. De manera imprevista, aquel día el Gobierno decidió cerrar durante dos jornadas las escuelas y todo el pan destinado a los alumnos fue entregado a las Misioneras de la Caridad, que lo distribuyeron entre las siete mil personas que tenían a su cuidado.

los sarmientos de la Vid

La Madre Teresa vivió siempre en absoluta dependencia de Dios. Las palabras del Señor en el Evangelio: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (cfr. Mt 7,7) alcanzan pleno significado en ella. La oración le unía de un modo tan íntimo a Dios, que todo lo esperaba de Él y todo lo encontraba en Él. Y de esta estrecha unión surgieron todos los frutos de su obra en la que progresivamente fueron creciendo nuevas ramas. Así, consciente de la necesidad de los pobres de hermanos religiosos y del deseo de muchos jóvenes de compartir su objetivo y forma de vida, Madre Teresa fundó, en la festividad de la Anunciación de 1963, la orden de los Hermanos Misioneros de la Caridad, que oficialmente sería considerada congregación diocesana de Calcuta en 1967. Para entonces ya contaba con treinta y tres hermanos.

Años más tarde, en 1976, el día de la festividad del Sagrado Corazón, fundaría también la rama contemplativa de las Misioneras de la Caridad. La misión específica de estas hermanas era entregar su vida por la salvación y la santificación de los más pobres entre los pobres a través de la adoración eucarística, la contemplación, el silencio la soledad y la penitencia. Además, durante dos o tres horas, acompañaban diariamente a los más necesitados.

Igualmente, y en respuesta a la vocación de algunos hombres de seguir una vida contemplativa al servicio de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Contemplativos Misioneros de la Caridad el 19 de marzo de 1979. La congregación, erigida en la diócesis de Roma en 1993, incluía hermanos y sacerdotes.

En 1984, Madre Teresa emprendería la fundación de los Padres Misioneros de la Caridad que dedican su vida al servicio sacerdotal de los pobres; ofrecen asistencia espiritual a la familia de los Misioneros de la Caridad y dan a conocer la espiritualidad y el mensaje propio de la orden. Los Padres Misioneros se convirtieron en congregación con derecho diocesano en Tijuana, México, en 1992.

dolor ofrecido con vocación misionera

Pero la llamada del Señor y la respuesta de Madre Teresa marcaron la vida de muchas más personas. Desde comienzos de los años cincuenta, Madre Teresa empezó a pedir a los enfermos católicos que ofrecieran su sufrimiento y oraciones por ella y su misión. “El sufrimiento en sí mismo no es nada, pero el sufrimiento compartido con la pasión de Cristo es un don divino. Cuando el sufrimiento se acepta y se soporta en comunión con los demás, se convierte en alegría” explicaba.

La vida de un cristiano se fundamenta, de manera insoslayable, en la experiencia de la cruz y es la aceptación de nuestra cruz y el hallazgo de su más profundo sentido lo que nos pueden conducir a las más altas cimas espirituales.

La idea de Madre Teresa consistía en que el ofrecimiento del dolor y las dificultades de los que sufrían sustentara la labor de las misioneras. Así en 1953, Jacqueline de Decker, enfermera y asistente social belga que, en su día, deseara ingresar en la orden como misionera de la caridad, se convirtió en “colaboradora enferma y sufriente de Madre Teresa” a petición de esta. La grave enfermedad que padecía Jacqueline y que la había obligado a abandonar su vocación primera significó así su gran aportación a una misión para la que había que ofrecer mucho. “La verdad es que usted puede hacer mucho más en su lecho de dolor que yo corriendo de aquí para allá. Juntas podemos hacer que yo disponga de las fuerzas que vienen de Aquel que puede dármelas”, le escribió Madre Teresa. Jacqueline promovió el movimiento de Colaboradores Enfermos y Sufrientes, del que sería titular hasta la década de 1990. Este movimiento dio sentido a la vida de muchas personas que encontraron en sus padecimientos un camino de unión a Dios.

Por otro lado, la obra de Madre Teresa, abierta desde sus comienzos a la colaboración de personas de todos los credos, consolidó en 1969 una asociación para reunir específicamente a todos sus colaboradores bajo el nombre de “Asociación Internacional de Colaboradores de Madre Teresa”. Además, en 1981 se emprendería el Movimiento Corpus Christi para sacerdotes diocesanos, con el fin de que también estos pudieran compartir el carisma de la congregación. Y para sostener a los sacerdotes en todas sus dificultades y soledades, fundó en 1987 el Movimiento de Intercesores Verónica destinado a la adopción espiritual de sacerdotes. Al igual que Verónica en el camino al Calvario, las hermanas misioneras de la Caridad y de otras órdenes ayudarían, mediante este movimiento, a sus sacerdotes con sacrificios y oraciones.

Y, por último, la obra de Madre Teresa vio crecer pronto en su seno otra rama más que realizaría una misión fundamental, los voluntarios y benefactores de la orden. La labor de Madre Teresa atrajo a muchas personas, especialmente jóvenes, que, procedentes de todos los lugares del mundo se unían en el servicio y la entrega a los más pobres. ”Nuestra labor se ha convertido en un medio de unidad. Japoneses, europeos, estadounidenses… Es tan maravilloso verlos trabajar juntos. Cada día vienen a la Casa Madre. Participan en la santa misa, la adoración. Nuestro hogar ha unido a la gente. Allí muchos han tocado a Dios”. En su generosidad Madre Teresa dio vida a una misión que guarda un sitio para cada uno de nosotros, fiel reflejo del deseo de Dios.

Victoria Escudero

Voluntaria de las Misioneras de la Caridad

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