Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, septiembre 17, 2019
  • Siguenos!

Testamento espiritual de Santa Bernadita de Soubirous 

El texto aquí presentado no fue escrito por Santa Bernadette, si bien expresa con precisión lo que fue su vida. Podemos creer que estas palabras estaban vivas en su corazón, aunque ella nunca las habría manifestado ni de palabra ni por escrito. Fue la escritora Marcelle Auclair quien, al escribir su vida, interpretó los más íntimos sentimientos de Bernadette, poniendo en boca de ella estas palabras.

Marie Bernarde Soubirous, “conversa” de las Monjas de Nevers, en el mundo Bernadette, aquella que había visto y hablado con la Santísima Virgen en Lourdes, muere a los treinta y cinco años de edad. Tenía una pierna en putrefacción. Su cuerpo fue exhumado tres veces con motivo del proceso de canonización, con la increíble sorpresa de que siempre estaba intacto, a pesar de que su rosario ya estaba oxidado y su hábito lleno de humedad.

Por la indigencia de mamá y de papá, por la ruina del molino, por el vino del cansancio, por las ovejas con roña: gracias, Dios mío. Por el Procurador, el Comisario y los Gendarmes, por las duras palabras del párroco Don Peyramale.

Por los días en que viniste, Virgen María, y por los días que no viniste, no sabré darte las gracias más que en el Paraíso. Pero por las burlas y los ultrajes, por quienes me han tomado por loca, por quienes me han considerado mentirosa, por quienes me han tachado de interesada, gracias, Virgen Santa.

Por la ortografía que nunca he sabido, por la memoria que nunca he tenido, por mi ignorancia y mi estupidez, gracias. Gracias, porque si hubiera habido en la tierra una niña más estúpida que yo, la habrías escogido a ella.

Por mi madre que murió lejos de mí, por la pena que sentí cuando mi padre, en vez de abrir los brazos a su pequeña Bernadette, me llamó Sor Marie Bernarde: gracias, Jesús. Gracias por haber saciado de amargura este corazón demasiado tierno que me has dado; por la Madre Josefina que me ha proclamado una inútil. Gracias.

Por los sarcasmos de la madre Maestra, por su dura voz, sus injusticias, sus ironías, y por el pan de la humillación, gracias. Gracias por haber sido aquella a quien la Madre Teresa podía decir: “No sé cómo te las apañas para combinar tantos desastres”. Gracias por haber tenido el privilegio de los reproches, por ser aquella de quien las otras hermanas de comunidad decían: “¡Qué suerte no ser como Bernardette”.

Gracias por haber sido Bernadette, amenazada de cárcel porque te había visto, Virgen Santa. Mirada por la gente como un bicho raro, esa Bernadette tan mezquina, que al verla se decía: “Pero ¿quién es esa?”.

Por este mísero cuerpo que me has dado, por esta enfermedad de fuego y de humo, por mis carnes que se están pudriendo, por mis huesos llenos de caries, por mis sudores, mi fiebre, mis dolores sordos y agudos, gracias, Dios mío.

Por esta alma que me has dado, por el desierto de la aridez interior, por tu noche y tus relámpagos, por tus silencios y tus rayos; por todo, por Ti, ausente y presente, gracias; gracias, ¡oh, Jesús!

Añadir comentario