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Testigos del de la misericordia divina 
07 de Diciembre
Por Ángel Moreno

“Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos” (Mt 9, 35-10,1.5ª.6-8).

COMENTARIO

Este tiempo de Adviento es propicio para anunciar la venida del Reino de Dios. Pero ¿cuál debe ser el mensaje? ¿Tendremos que hacer  una restricción mental, y pensar que la celebración de la venida del Señor es una conmemoración piadosa?

Orígenes comenta: “El reino de Dios está dentro de nosotros, pues cerca está la palabra, en nuestra boca y en nuestro corazón. Sin duda, cuando pedimos que venga el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos” (Orígenes).

Con esta interpretación, nos debemos convertir en testigos para poder ser después mensajeros. En este contexto, la recomendación del Maestro a sus discípulos de orar para que no falten obreros de la mies del Señor, no solo significa que no falten vocaciones, sino que cada uno de nosotros nos convirtamos en verdaderos anunciadores del Reino porque lo dejemos traslucir en nuestras vidas.

La compasión de Jesús ante la multitud no se manifiesta solo en una prodigalidad de bienes materiales, sino en el anuncio de lo que es más importante, que cada uno se sepa amado de Dios, salvado y redimido.

Cuando uno es testigo del derroche de la misericordia divina, le duele que aquellos con los que convive no gocen de la experiencia íntima que sana y cura la dolencia más grave, la del sinsentido.

¡Anuncia que el Reino de Dios está cerca, dentro de cada ser humano, en el corazón! Hazte vocero, auroro, mensajero, testigo, obrero de la mies, trabajador de la viña del Señor, para que gocen de la verdad que les habita cuantos sea posible.

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