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Tiempo de espera y alegría 
1 de enero
Por Antonio Simón

«Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.  Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.  Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores.  María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.  Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho». (Lc, 2 16-21)


Hoy no parece lógico empezar sin desear a todos un Feliz Año Nuevo y que este abra nuestros corazones a este Jesús que se ha hecho carne para traer la salvación a este mundo sufriente.

Han pasado sólo un par de días desde mi último comentario y seguimos viviendo en la alegría y la esperanza que abre en nuestra vida la encarnación de Dios. Una encarnación que como dice Isaías realizará que “el lobo vivirá con el cordero”, un signo fundamental en esta Jornada Mundial de la Paz. Esta paz no puede nacer solo de nuestras buenas intenciones, sino que se realiza como anticipo de la paz a la que el Señor nos ha llamado y nace de la conversión de nuestros corazones al dejar que Jesús se haga carne en nuestra historia.

Por eso hoy creo es un día importante para revisar la encíclica “Pacem in Terris” y estar atentos a la predicación del Santo Padre en el día de hoy, y enfrentar cada uno su vida con estas palabras.

Porque, ¿qué sentido tiene para nosotros esta encarnación del mismo Dios? ¿En qué ha cambiado nuestra vida respecto a la de quienes no la viven? Hagamos a un profundo examen de conciencia y reflexionemos si, como dijo el Papa el pasado 7 de noviembre, no seremos “cristianos paganos”.

Como nos dice el evangelio, son los pobres, los que viven a la intemperie, los que trabajan por el pan, los que reciben el anuncio del ángel y reconocen esta encarnación, no lo que viven pendientes de sus negocios, se divierten o están encerrados en plegarias “formales” alrededor del templo; no basta solo con un mero barniz de ritos y prácticas para encarnar a Dios.

Esta encarnación no es algo teórico; encarnarse es “hacerse carne” y Jesús hoy se debe encarnar en su Iglesia, que somos todos y cada uno de los bautizados. Por eso es fundamental que hagamos memoria de nuestra historia[1], poniendo ante Él nuestros pecados y limitaciones, haciendo palpable al mundo de qué nos ha salvado. Esta es la gloria de Dios, que le alabemos y bendigamos por nuestra historia.

Otro aspecto importante es que esta historia no está completa, debemos guardarla en nuestro corazón y hacerla crecer, como María, para lo que Él nos ha dejado su Espíritu, los sacramentos y su Palabra, a la que debemos cada día más conformar nuestra vida. Es por eso que es importante vigilar y guardar nuestro corazón[2], para evitar que las preocupaciones, las tentaciones, el afán de riqueza y de reconocimiento lo inunden y alejen de él la gracia de Dios, deshaciendo esta “encarnación”.

Sin desesperar, porque mi experiencia es que el demonio no dejará nunca de decirnos que es mentira, que nuestro pecado es constante, que no tenemos arreglo…, pero cuando estamos débiles nuestra única defensa es poner ante Él nuestra historia, lo que Dios ha hecho en nuestra vida, acudir a sus sacramentos y clamar por su intercesión y la de nuestra Madre, para con su ayuda superar esos momentos.

Que en este año el Señor nos bendiga a todos, no aparte su rostro de nosotros y nos conceda la Paz.

[1] Para profundizar en esto ver homilía del papa del pasado 7 de Octubre en Santa Marta.
[2] Ver homilía del papa, sobre el examen de conciencia, del pasado 10 de Octubre en Santa Marta.

Antonio Simón

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