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“Todo el mundo te busca” 
13 de Enero
Por Mª Nieves Díez Taboada

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía era muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca».
Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios
(San Marcos 1, 29-39).

COMENTARIO

Este pasaje sucede después de la predicación de Juan, con su dura exigencia de conversión, “Mi bautismo es de agua y significa un cambio de vida y de corazón”. Sus respuestas a las preguntas de la gente son propuestas de justicia con el hermano:” no cobréis de más, el que tenga dos capas dé una al que no tiene, no abuséis de vuestro cargo”. Sobre esta tierra removida caerá, para el que esté abierto a recibirlo, la palabra de Jesús, el Mesías. Y cuando Juan que estaba en prisión, envía a los discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir?” Él contesta: “Id y decidle a Juan: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan y se predica la buena nueva a los pobres” (Is 26,19;29,18-19;35,5-6;61,1).  “Jesús presenta, por tanto, las curaciones como los signos de la llegada del   reino de Dios.  Acoge y libera a los marginados por la ley, los enfermos, endemoniados, oprimidos y leprosos que vienen a él para experimentar su amor y misericordia. Es una especie de contagio de la bondad de Dios.” (Andrés Manrique “Odres nuevos”).

Ahora Marcos nos presenta a Jesús, con sus cuatro primeros discípulos, de nuevo dispuesto a actuar dando vida en la salud a la suegra de Pedro. Resulta especialmente tierno cómo, ante la fiebre, que otros evangelistas califican de “muy ardiente”, muy elevada diríamos hoy, la coge de la mano y la levanta. Es un gesto resucitador no solo sanador, “Jesús la libera de las ataduras que no le permiten la vida de servicio”; la curación física además lleva como otras veces, la renovación del espíritu aherrojado por el pecado.

 ¿Cómo es posible que, los escribas y doctores conocedores de la escritura, no sintieran en sus corazones la sospecha de la entidad divina de Jesús? El pueblo que le seguía sí veía en él a un profeta que le da una esperanza en el futuro. “Todo el mundo te busca” Los sencillos de corazón sí presienten al salvador, no acuden simplemente como a un curandero, sino a alguien que les conduce a una nueva vida espiritual.  “Al anochecer cuando se puso el sol, le llevaron muchos enfermos y endemoniados.” Y a los demonios no les dejaba hablar. El secreto mesiánico que prohíbe a sus discípulos y a los espíritus proclamarlo como Mesías, se debe a que se le esperaba como un líder político, jefe de un pueblo con ejército y poder, y esto podía dificultar su misión de traer el mensaje de justicia y amor de la buena nueva.

El papa Francisco ve en las curaciones de Jesús, a estas personas apartadas, el gran reto de la Iglesia actual “en el Evangelio de los marginados se juega nuestra credibilidad”. El catolicismo necesita dejar a un lado su excesiva eclesialidad como institución y así volverá a estar cercana al pueblo si se tiñe de ternura, misericordia, compasión y caridad con los más pobres.

Esta es la esencia del evangelio. Cristo viene a darnos acceso a la felicidad en una futura identificación con Dios Amor.  Vemos en literatura y cine cómo el hombre añora y sueña en ficciones la llegada de un ser liberador, un salvador, un héroe lleno de cualidades extraordinarias para evitar la destrucción, generada por la maldad misma del ser humano. Pero se limita a sí mismo enredado en su deseo de ser un dios estrecho, lleno de animalidad y tarado por su incapacidad y sus debilidades. De todas ellas solo puede liberarlo Dios, capaz de dar todos los bienes soñados por el hombre, un ser superior, dueño y señor del tiempo y el espacio, rebosante de la energía creadora del Amor. Ese ser reside dentro de nosotros y su propuesta de ternura y misericordia nos apremia a actuar.

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