Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|viernes, septiembre 25, 2020
  • Siguenos!

Si te dejas llevar por la cólera 
15 de Junio
Por José Cañizares

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo». (Mateo 5, 20-26)

En este Evangelio el Señor empieza por aclararnos como debemos entender la ley y la justicia, y como debemos respetarla y potenciarla en nuestras actuaciones, ya que para un cristiano el objetivo máximo de la justicia es la aplicación del amor al prójimo.

También el Señor nos abre los ojos para que tengamos en cuenta la amplitud que para nosotros tiene el concepto del “no matarás”. Muchas veces matamos a nuestro prójimo con nuestra palabra, con nuestro rencor hacia el, con nuestro menosprecio, incluso con nuestra mirada, muchas veces sin misericordia. Y no sabemos el efecto que estas actuaciones nuestras pueden tener en la otra persona, que tan necesitada puede estar de una palabra o de un gesto amable. Tengamos en cuenta que nuestra transmisión de la palabra de Dios al prójimo está totalmente asociada con la imagen que el tenga de nosotros, y que debe ver nuestra sinceridad, nuestra coherencia entre lo que le decimos y lo que ve en nuestras actuaciones.

Muchas veces nos engañamos pensando que lo que le decimos al prójimo, aunque sepamos que puede ser doloroso para el, al fin y al cabo solo se lo decimos por su bien. Debemos dejar de ser los que apliquemos la justicia con nuestro prójimo. Solo el Señor puede juzgar, con su infinita misericordia, a cada uno de nosotros.

Y démonos cuenta también que, en muchas ocasiones, al juzgar al prójimo nos justificarnos por considerarnos pensando que  somos menos pecadores que el, o sea nos vernos  superiores a el, al menos en la fe. Recordemos que el Señor nos dice que el que quiera ser el primero que sea el último, y que vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.

Continua el Señor en este evangelio haciéndonos ver que, cuando queramos ir a El, a presentarle nuestras ofrendas de cada día, que vayamos limpios de corazón, reconciliados con los demás, eso es lo que quiere ver en nosotros, cómo llevamos a la práctica el amor al hermano. En otro pasaje evangélico nos dice: “el único pecado que Dios no consigue perdonar es nuestra falta de perdón a los demás”. Recordamos aquí lo que nos dice el papa Francisco: “El amor al prójimo es una actitud tan fundamental que Jesús llega a afirmar que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si no queremos hacer las paces con el prójimo”

Por último en este evangelio Dios nos apremia a que nos reconciliemos con quien tengamos pleitos de cualquier tipo, que lo hagamos antes de que sea demasiado tarde, y nos advierte de las consecuencias que para nosotros puede tener el llegar a dar cuenta de nuestra vida sin haber llevado a la práctica hasta el final el amor al prójimo.

Nos ayudará mucho a entender y a aplicar estas recomendaciones que nos hace el Señor, tener en cuenta como El nos ama, como nos acoge siempre con su misericordia, y como nos perdona de una forma gratuita, sin tener en cuenta nuestros defectos ni nuestros pecados.

La mejor forma de poner todo esto en práctica es empezar por aplicarlo en nuestra familia, la que tenemos cada día a nuestro lado,  en la convivencia diaria.. Tengamos en cuenta que una familia verdaderamente cristiana es el mejor testimonio que podemos dar en nuestro entorno, de lo cual la sociedad está tan necesitada, pues desgraciadamente lo que sale en los medios son, generalmente los casos de  familias que, por no tener en su centro al Señor, acaban deshechas. Y no nos olvidemos de rezar por la familia.

Añadir comentario