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Todos están llamados a disfrutar de los bienes del Reino 
12 de Febrero
Por Tomás González a.a.

En aquel tiempo dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le toco la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá” (esto es: ábrete”). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de lengua y hablaba correctamente. Y les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (San Marcos 7, 31-37).

COMENTARIO

La escena transcurre en el extranjero, en la Fenicia de siempre: territorio de Tiro y Sidón. Jesús desde allí se dirige al mar de Galilea por la parte norte, por la Decápolis. Es territorio marginal de Israel, donde el culto al Dios de Abrahán se mezcla con tradiciones más o menos politeístas. Quizá por eso Jesús se aísla en cierto modo de la gente, porque sus gestos y ritos pueden ser malinterpretados, tergiversados. Sin embargo su mensaje es el mismo para todos. Dios, el Padre, distribuye los mismos dones, la salud, el bienestar, la curación de toda dolencia, sin mirar si pertenecen a su pueblo o al extranjero, en realidad todos le pertenecen. Todos están llamados a disfrutar de los bienes del Reino y escuchar su palabra, proclamar sus alabanzas son bienes que todos están llamados a compartir.

El personaje central es un sordo y mudo. Ambas incapacidades van unidas, quien no oye no aprende a hablar. Para alabar a Dios, para darle el culto adecuado de acción de gracias es necesario poder y saber hablar.

Por ello Jesús, mira al cielo y pronuncia de la palabra: Effetá, ábrete. La Iglesia en el sacramento del Bautismo, repite ese rito. Al recién bautizado, el celebrante le toca los oídos y repite la palabra de Jesús: Effetá. No basta tener el sentido del oído libre de obstáculos, la fe entra por el oído (Fides ex auditu, dice san Pablo), por lo tanto primero hemos de oír no sólo para conocer el mensaje de la Buena nueva, sino también porque Dios todo lo crea por la Palabra.

Muchos de los signos, de los milagros que hizo Jesús son curaciones de sordos y ciegos. No es que los ciegos y los sordos abundaran en su tiempo más que en otras épocas, sino que la ceguera y la sordera impedían a quienes las sufrían participar en el culto, ni siquiera podían entrar en el recinto del templo. Jesús viene a redimir a todo hombre mediante la fe y como digo la fe viene por el oído y culmina en la confesión, es decir por la confesión de la fe que es alabanza a Dios por su existencia, por sus dones, por su cuidado generoso.

Jesús les manda que no lo digan a nadie, quizá porque no quiere que le confunda con alguno de aquellos curanderos más o menos mágicos que abundaban en todas las épocas.

Ellos no dejan de expresar su asombro y más aún, dan a Dios el culto debido: “Todo lo ha hecho bien, hace hablar a los mudos y oír a los sordos”.

¿Damos nosotros a Dios semejante testimonio?

¿Somos capaces de dar gracias a Dios porque con nosotros todo lo ha hecho bien?

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