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El hombre es casa de oración 
20 de Noviembre
Por Alfredo Esteban

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».
Todos los días enseñaba en el templo.
Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo (San Lucas 19, 45-48).

COMENTARIO

La Palabra que nos presenta el Evangelio de hoy es buena noticia en dos sentidos: de una parte nos habla del Templo como lugar de reunión de los creyentes, pero como en el pasaje actual aparece el Señor y nos sorprende con las manos en la masa, utilizado el Templo para las compras y ventas de diversa índole. Actualmente se utiliza en muchas ocasiones para dar consejos e invitar a los fieles a ser buenas personas.

De otra parte y según nuestro parecer, es importante releer la Palabra de hoy, que nos dice que somos Templos vivos, es decir, somos casa de oración, aunque lo hayamos convertido con nuestra manera de ser y vivir en una tienda de continuos trapicheos, justificando nuestras obras con todo tipo de razones.

Hoy más que nunca nos urge tener presente la Buena Nueva que nos trae este pequeño relato del Evangelio de San Lucas porque, a nuestro parecer, nos puede ayudar a pensar, meditar o preguntarnos: ¿qué estamos haciendo con nuestra vida?, ¿quiénes somos?, ¿para qué vivimos?, ¿a dónde vamos?

Se dice actualmente que los “hombres y mujeres modernos” estamos centrados básicamente en los aspectos económicos, pensamos que esto ha sido así desde que tenemos conciencia de estar en el mundo. También lo dice D. Miguel de Cervantes: “tanto tienes, tanto vales” (Don Quijote de la Mancha II 43). Lo mismo ocurre con las vivencias espirituales han estado siempre con nosotros, hoy sin embargo, han quedado a diferencia de otros tiempos, relegadas a un segundo o hasta tercer plano. Nacer, crecer, reproducirse y morir; ¿es esto solamente el ser humano? o ¿hay algo más?

El Evangelio nos invita a pensar en lo esencial: qué relación tenemos con los demás, ¿somos generosos o egoístas?, poder descubrir nuestras limitaciones nos ayuda a saber para que vivimos: ¿para amar o para destruir? Encontrarse con el amor gratuito del prójimo es descubrir que no estamos solos en el mundo, es descubrir que Dios existe y que su fundamento está en que Él es amor. Sin Dios solo podemos tener una relación de poder.

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