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Trabajad por lo que perdura para la vida eterna 
1 de Mayo
Por Ramón Domínguez

 

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:

«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:

«La obra de Dios es Esta: que creáis en el que él ha enviado». (Jn 6,22-29)

Jesús ha dado a comer con cinco panes y dos peces a más de cinco mil personas, la gente, admirada quiere proclamarle rey, pero Jesús, después de obligar a sus discípulos a que monten en la barca y se alejen del lugar, huye al monte él solo para orar. Por la noche aparecerá ante sus discípulos caminando sobre las aguas del lago y los conducirá hacia Cafarnaum.

La gente, al ver por la mañana que Jesús no se encuentra en el lugar acuden en su busca y, al encontrarlo en Cafarnaum le preguntan extrañados: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”. Todas estas personas han sido beneficiadas por el portento que ha hecho Jesús y acuden entusiasmadas, pero éste conoce muy bien sus intenciones. Han visto, pero no han comprendido el sentido profundo del signo que ha realizado Jesús. Se quedan en lo inmediato, en que han saciado su estómago, pero no alcanzan a entender lo que ello significa. Por eso Jesús les recriminará: “Me buscáis porque comisteis hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna”. El pan que comieron era solamente un signo, de hecho comieron ayer y hoy vuelven a tener hambre, Cristo, en cambio, tiene un pan que el que lo coma no volverá a tener hambre jamás. ¿Cuál es este pan?, se lo explicará más adelante: este pan es su cuerpo entregado por la vida del mundo.

El sentido de este pan nos lo aclara la carta a los Hebreos, cuando hace exclamar a Cristo: “He aquí, oh Dios, que me has dado un cuerpo para hacer tu voluntad”. Viene a ser lo mismo que pedimos en el Padre nuestro: “danos hoy nuestro pan de cada día”. Porque la vida del hombre está en hacer la voluntad de Dios, ya que esta voluntad es que el hombre tenga vida y vida en abundancia.

Nosotros pensamos que la vida está en que se haga nuestra voluntad y por ello buscamos el modo de lograrlo, aunque sea acudiendo a Dios para que satisfaga nuestros deseos. Esta es la actitud del hombre religioso que busca agradar a Dios, le rinde culto y le ofrece sacrificios con la esperanza de que Dios le conceda lo que desea en su corazón. Este es el sentir y el obrar de todas las religiones, un intento, en el fondo, de que Dios haga nuestra voluntad. No es esta la actitud de Jesús, él mismo afirmará que no ha venido a hacer su voluntad sino la del Padre que lo ha enviado. Por ello, cuando sus discípulos, en otro momento, le instan a que coma les declarará que su verdadero alimento es hacer la voluntad del Padre.

Esta es la actitud propia de la fe, la de quien sabe que es amadlo y que todo cuando acontece en su vida es gracia, por lo que vive haciendo la voluntad de Aquel que sabe que le ama y le lleva a un destino glorioso. Este es el pan que Jesús ofrece a la gente, el pan que sacia para siempre, porque el que está en la voluntad de Dios, como dirá Juan de la Cruz, “ni cansa ni se cansa”, porque recibe la vida del amor de Dios.

Para recibir este pan es necesaria una cosa. Cuando la gente le pregunta. “¿qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?” Jesús les contestará: “que creáis en el que él ha enviado”. Creer en Cristo, y creer en él supone seguir sus pasos, y al igual que él, entrar cada día en la voluntad de Dios, comiendo el pan que nos da el día de hoy. Cada día se presentan ante nosotros acontecimientos diversos, unos agradable, otros menos, pero todos ellos nos permiten comer el pan que el Padre nos da cada día y, como Jesús, ver saciada nuestra hambre con el alimento que ahora, ya sí conocemos: entrar en la voluntad de Dios.

 

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