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Tras el viaje del Papa a Suecia 

En 1999 la Reforma luterana y la Iglesia Católica, nos pusimos de acuerdo sobre qué entendemos, por Justificación. ¿Somos justificados por la fe independientemente de las obras o por la fe que produce las buenas obras del amor?

La lectura y la traducción correcta de los versículos 34 del capítulo 10 de la Carta a los Hebreos, y del v 1 del capítulo 11, señalados por el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Spe Salvi, iluminan el diálogo ecuménico sobre la naturaleza de la Redención.   

La Redención, ¿es objetiva o es una actitud interior y subjetiva? ¿Es un encuentro con Jesucristo aquí y en el ahora de los dones sobrenaturales de la fe y de la esperanza, que nos alimentan de Cristo en la vida sacramental, o es una realidad que solo esperamos para un mañana? Los hermanos luteranos alemanes, se han puesto de acuerdo con la interpretación propuesta por la exégesis, divulgada por el Papa Benedicto XVI, de los pasajes en cuestión.

«Est autem fides sperandarum substantia rerum, argumentum non apparentium »: «La fe es garantía hypostasis de lo que se espera y prueba elenchos de lo que no se ve».

El concepto de « sustancia » queda modificado en el sentido de que por la fe, de manera incipiente, podríamos decir « en germen » –por tanto según la « sustancia »– ya están presentes en nosotros las realidades que se esperan: el todo, la vida verdadera. Y precisamente porque la realidad misma ya está presente, esta presencia de lo que vendrá genera también certeza: esta « realidad » que ha de venir no es visible aún en el mundo externo (no « aparece »), pero debido a que, como realidad inicial y dinámica, la llevamos dentro de nosotros, nace ya ahora una cierta percepción de la misma. (Spe Salvi & 7.8.9)

Saborearon las buenas nuevas de Dios y los prodigios del mundo futuro.” Hb 6,5. “Vosotros tras haber oído la Palabra de la verdad, la buena nueva de vuestra salvación, y haber creído en él fuisteis sellados por el Espíritu Santo de la promesa. El Espíritu es garantía de nuestra herencia, hasta que el pueblo de su posesión sea redimido, y su gloria sea así alabada.” Ef 1, 13-14; Si 44-50. (1)

Los ejemplos que cita la Biblia de Jerusalén a continuación son la mejor descripción de la fe: Henoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, José, Moisés. Y, desde Moisés, en vez de presentar los modelos creyentes de figuras del sacerdocio y de los sabios, como hizo el Sirácida, Pablo presenta como referencias históricas de la fe: la salida de Egipto, la Pascua, el Mar Rojo, la caída de los muros de Jericó, cosas todas ellas vividas por Israel.

A Lutero, que no tenía mucha simpatía por la Carta a los Hebreos en sí misma, el concepto de « sustancia » no le decía nada en el contexto de su concepción de la fe. Por eso entendió el término hipóstasis/sustancia no en sentido objetivo (de realidad presente en nosotros), sino en el sentido subjetivo, como expresión de una

actitud interior y, por consiguiente, tuvo que comprender naturalmente también el término argumentum como una disposición del sujeto.

Esta interpretación se ha difundido también en la exégesis católica en el siglo XX –al menos en Alemania– de tal manera que la traducción ecuménica del Nuevo Testamento en alemán, aprobada por los Obispos, dice:

« Glaube aber ist: Feststehen in dem, was man erhofft, Überzeugtsein von dem, was man nicht sieht »

Ésta traducción ecuménica de la Biblia alemana proponía una lectura según la cual la fe es: estar firmes en lo que se espera, estar convencidos de lo que no se ve. Benedicto XVI contradijo esta interpretación apoyándose en la lectura correcta del texto griego transmitido por la tradición:

En sí mismo, esto no es erróneo, pero no es el sentido del texto, porque el término griego usado elenchos no tiene el valor subjetivo de « convicción », sino el significado objetivo de « prueba ».

Por eso, la exégesis protestante reciente ha llegado con razón a un convencimiento diferente: « Ahora ya no se puede poner en duda que esta interpretación protestante, que se ha hecho clásica, es insostenible » (2)

La fe no es solamente un tender de la persona hacia lo que ha de venir, y que está todavía totalmente ausente; la fe nos da algo. Nos da ya ahora algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para nosotros una « prueba » de lo que aún no se ve. Ésta atrae al futuro dentro del presente, de modo que el futuro ya no es el puro « todavía-no ». El hecho de que este futuro exista cambia el presente; el presente está marcado por la realidad futura, y así las realidades futuras repercuten en las presentes y las presentes en las futuras. (idem.)

Esperemos que se den los pasos necesarios para ver cumplido el justo y ardiente deseo de celebrar y participar juntos, luteranos y católicos, en el sacramento de la Eucaristía:

Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico. (3)

Un derecho que les asiste para una plena participación en los dones del Bautismo. Para llegar a profesar una misma fe, será necesario anunciar el Misterio Pascual: Un solo Señor, una sola fe un solo Bautismo, proclama Pablo (Ef 4,5) frente a intentos de desarmonizar sus comunidades con ideas y teorías ajenas al Kerigma apostólico.

Papa Francisco y el obispo Presidente de la Asamblea Mundial Luterana Munib A. Younan, firman una Declaración Conjunta en Estocolmo, 31 oct 2016.

Por de pronto, el Papa Francisco y el Representante de la Comunión Luterana Mundial, se sitúan en una perspectiva de hacer ecumenismo práctico. Sin desentenderse de la Caridad, y de las obras de misericordia, no ceder en la oración. Jesucristo es lo que “hace”, rezar al Padre “Ut unum sint”, caminando hacia el Calvario.

CRISTO NUESTRA PASCUA HA RESUCITADO, POR NUESTRA CONVERSIÓN Y LA ORACIÓN COMÚN ANTE EL PADRE, IMPLORAMOS LA VENIDA DEL ESPÍRITU DE SANTIDAD, ACELERAMOS SU VENIDA GLORIOSA.

(1)Nota de la Biblia de Jerusalén, en su comentario a Hb 11,1.

(2)w2.vatican.va/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/.

(3)Declaración Conjunta de Estocolmo del 31.0ct. 2016.

               

                 Juan Ignacio Echegaray

 

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