Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|martes, junio 18, 2019
  • Siguenos!

Un minuto de silencio 

Pleno extraordinario de la corporación municipal. El teniente-alcalde anuncia que el alcalde ha muerto a causa de un infarto, y pide a todos que se pongan en pie y guarden en su honor un minuto de silencio.

El concejal descreído

Ayer existía y hoy no existe. ¿Qué le vamos a hacer con un minuto de silencio? La gente no consigue aceptar que la muerte lleva a la nada. Bueno, a lo mejor se reencarna en algo o en alguien, vaya usted a saber. O su energía se une a la energía cósmica, de algún modo o manera. Pero eso del cielo y el infierno, bueno, eso es puro oscurantismo medieval. Esta gente sigue esclavizada por supersticiones ancestrales y no hay manera de que se liberen de las mismas. ¡Huy!, por cierto, ahora que me doy cuenta, hoy es martes y 13. Malo, malo, malo. Esto me va a traer muy mala suerte. Voy a tocar madera, cruzar los dedos y frotar el cuerno de unicornio que llevo debajo de la camisa, sin que nadie se entere.

El concejal laicista

Habría que acabar de una vez con esto de los minutos de silencio, otra antigualla confesional franquista, aunque ahora, por lo menos, no se reza en alto. ¿Qué significado tiene guardar un minuto de silencio? ¿Se ha muerto? Pues se ha muerto y ya está. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Y a ver si, por fin, conseguimos quitar el crucifijo de la pared, suprimir el Belén que monta el Ayuntamiento y la cabalgata de Reyes. Va a ser difícil, porque el teniente alcalde no creo que tenga agallas para hacerlo, pero seguiremos insistiendo hasta que lo consigamos. El problema va a ser a qué cabalgata de Reyes voy a llevar a mis hijos pequeños, y cómo les voy a convencer de que no hagan un Belén en casa. La culpa es de su madre, que no es coherente.

El concejal católico

Señor, acógelo en tu Reino. Era un hombre íntegro. Un buen cristiano y tuvo que sufrir mucho por eso. Pero nunca perdió el buen humor. Yo sé que tenía mucha fe y te amaba de verdad, sin alardes ni cosas raras. Con unos cuantos hombres como él, cambiaríamos esta ciudad. Pero Tú sabes más.

El concejal sociólogo

¡Esto es una hipocresía! Si, en realidad, a nadie le importa el muerto. Bueno, tal vez a sus familiares…; pero a los concejales… Mañana se habrán olvidado del alcalde. Pero, claro, hay que demostrar indignación y dolor, aunque no se sienta. Esta sociedad sigue montada sobre la hipocresía y la apariencia. La verdad es que no sé por qué, en vez de seguir la corriente, no me pongo a cantar o a contar chistes. Sí, pensándolo bien, también yo estoy siguiendo la corriente, pero, claro, no es el momento de montar el numerito. Así que pondré cara de circunstancias. Eso sí, escribiré un artículo en la prensa local sobre la hipocresía social.

El concejal impaciente (al oído del que tiene al lado):

—Oye, ya ha pasado un minuto, ¿no?

—Chisss.

—Pero, si ya llevamos media hora de silencio.

—Cállate y aguanta, que están tomando todo por vídeo.

El concejal corrupto

Por fin vamos a poder recalificar los terrenos. A no ser que el nuevo alcalde siga la misma línea de integridad y todo eso. Hasta ahora no ha habido manera de conseguir ni un miserable “sobre” de los constructores. ¡Y mira que es fácil! Algunos lo hacen mal y por eso la prensa se entera. Pero si yo me pongo…, no se entera nadie. Estamos perdiendo unas oportunidades que no volverán. Y todo por eso de la honradez y la integridad. Pero…, si se hace en todas partes. Menos aquí, leñe. Porque hemos tenido la mala suerte de tener un alcalde íntegro y honrado. Cosa que yo he proclamado a los cuatro vientos, para que nadie tenga dudas de mi propia honradez, así vamos preparando el terreno para cuando llegue el momento…

El concejal despistado

Pero, ¿quién se habrá muerto?

El concejal gay

¡Hala!, un homófobo menos. ¡Ay, por favor!, ya era hora de que se muriese, el muy machista. Fíjate tú que se negaba a asistir a los matrimonios entre homosexuales. Y eso que le montamos un buen jaleo cuando organizamos el día del orgullo gay, con nuestro líder al frente. Hasta yo me puse un disfraz y me pinté todo el cuerpo de rositas rojas y azucenitas blancas. (Gracias a eso, el alcalde no me reconoció cuando miró por la ventana). Pero, ni por esas, oye. Pues que se vaya a la porra de Blas, ¡caray!

El concejal “sincero buscador de la verdad”

Emplearé este minuto para seguir buscando sinceramente la verdad sobre la vida y la muerte, como siempre que hay un minuto de silencio. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Existe Dios? Siempre llego a la misma conclusión: no se puede saber. O no hay tiempo suficiente en esta vida para saberlo. Pero nadie me puede negar que soy un sincero buscador de la verdad. Por eso, seguiré indagando sinceramente la verdad, aprovechando los minutos de silencio que haya durante el año, que serán dos o tres, por desgracia.

La señora de la limpieza (detrás de la puerta)

Ayúdalo, Jesús. Era un hombre bueno. A mí siempre me trataba con respeto, y hasta me llamaba por mi nombre. Consiguió que me pagasen un buen sueldo y me ayudó a llevar a mis hijos a un buen colegio. Y aquella vez que rompí un cenicero de porcelana, en vez de reñirme, se echó a reír y me invitó a una copita de jerez. Padre Nuestro que estás en los cielos…

El secretario del Ayuntamiento

Lo has hecho bien, chico. Pocos alcaldes he conocido como tú. El Señor te lo tendrá en cuenta. Ni un euro te has llevado por la puerta de atrás. Los del partido contrario, tenían ganas de cogerte, y no pararon de investigar hasta que se convencieron de lo que no querían convencerse. La verdad es que no salían de su asombro al comprobar que existía un alcalde honrado, porque cree el ladrón que todos son de su condición.

El bedel

Señor, te has llevado a un hombre bueno. Nadie me trataba con tanto respeto. Y nunca me pidió que le hiciese favores de esos que humillan, como ir al bar a comprarle un café o cosas por el estilo. No, a este hombre, Señor, que yo sepa, nunca se le subió el poder a la cabeza.

El cámara

Todos parecen muy impresionados. Pero ya sé de qué va esto. Todos muy serios y, dentro de un rato, todos riendo en el bar de la esquina. Voy a hacer una toma de aquel que está hablando para que se vea cómo guardan algunos un minuto de silencio.

El concejal antinatalista

Nueve hijos. A ver, ¿para qué quería este tío nueve hijos? ¿Para que le lloren ahora en el entierro? Claro, era uno de esos católicos que obedecen a la Iglesia y no se atreven a hacer lo que desean. ¡Nueve hijos! Y la mujer, una esclava. Si eso es caridad cristiana… Seguro que por detrás nos criticaba a los que solo tenemos uno o dos hijos, y nos llamaba egoístas. Pues ¡qué te pudras! Yo solo tengo uno y no quiero más, porque soy libre para vivir la vida. Bueno, tener tengo medio, porque desde que me divorcié tengo que compartirlo con mi ex. El otro día me dijo que estaba deprimido porque su madre y yo nos hemos separado. En fin, cosas de niños, ya se le pasará. Todo se pasa en esta vida.

Un concejal amigo

Amigo mío. Has sabido ser un buen amigo. Has sido el único que se ha preocupado por mi alma. Cuántas veces me animaste a cambiar de vida, y yo siempre dándote largas. Pero me parece que te vas a salir con la tuya. Hoy mismo iré a confesarme, después de tantos años, y el día de tu funeral recibiré la comunión. Ya sé que muchos se van a sorprender cuando me vean, pero me trae sin cuidado. No se sorprendieron nunca cuando me vieron vivir como un animal. Y si me preguntan, les explicaré que fuiste tú, con tu ejemplo y con tu palabra, el que me animó a salir de la basura. Reza por mí para que persevere en mi propósito.

El teniente-alcalde

Tendré que “trasladar” unas palabras ante los medios de comunicación, pero la verdad es que no se me ocurre nada original. Diré lo de siempre: Señores y señoras (¿o señoras y señores?): Queremos manifestar nuestro más profundo dolor por el fallecimiento de nuestro alcalde, y nuestro más sentido pésame a su esposa y a sus hijos. Nuestro difunto alcalde, no, nuestro alcalde fue un hombre que supo regir con inteligencia y valentía las riendas de esta ciudad (lo de las riendas queda fatal, la ciudad no es una mula ¿o sí?). Fue un hombre que supo gobernar con acierto esta gran ciudad. Hacemos votos… (fuera, lo de votos es muy antiguo, y aquí nadie quiere hacer votos de nada). Estoy dispuesto a recoger su testigo y llevarlo dignamente hasta la meta (van a pensar que tengo muchas ganas de ser el nuevo alcalde, cosa que es verdad. Mejor, en plural: estamos dispuestos). Hasta la meta, que es convertir esta ciudad en… (¿en qué?). En una ciudad de vanguardia (¡eso es!) desde el punto de vista cultural y económico (¡esto queda bien!). Una meta que nunca se alcanza, porque la vida sigue, sigue igual, como decía aquel poeta (¿o cantante?)… (no me extrañaría que pusieran en YouTube el vídeo de mi discurso). Bueno, ya se ha acabado el minuto. A ver, la prensa y la televisión, que voy a “trasladar” unas palabras.

Añadir comentario