Un mensaje profundo en un lenguaje sencillo|miércoles, octubre 16, 2019
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Un paso más 

Solo con imaginar tu Calvario, oírlo de boca de tus apóstoles o simplemente leerlo en ese pequeño librito de Los Evangelios, se me parte tanto el corazón que no puedo dejar de llorar; se inundan mis manos, el suelo de la Iglesia, mi alma entera.

Qué egoísta soy cuando te digo: ¡Aguanta Jesús, aguanta un poco más! ¡Son tantos nuestros pecados, somos tantos a resucitar contigo!

Quiero ponerme de tu lado y entenderte; quiero, mi Dios, acompañarte en tu camino a la Muerte, no como el que mira y llora, sino como el que te comprende y admira tu Amor por el hombre.

Qué voy hacer sino gritarte ¡Un paso más, un paso más Jesús! Aquel día no estaba yo para animarte porque aún no había resucitado a la vida, ni Tú tampoco habías muerto. Pero hoy sí te puedo decir: ¡Un paso más!, mientras recibes un sufrimiento inhumano, porque inhumano es el hombre cuando odia,  cuando no cree en Ti.

Un paso más y te clavarán en la Cruz… ¡De qué condena infernal nos has salvado para llegar a esto libremente! Una lágrima más Señor, una bocanada más de aire (mi alma ya no puede más) y tus últimas palabras, Jesús, por favor —esas en que dices que me perdonas— y ahora muere, Dios mío, muere tranquilo, tu Padre está Contigo.

No llores más, no sufras más, no te atormentes más y yo dejaré de llorar tu angustia.

¡Por favor, sálvame ya y resucita pronto! Tres días fue demasiado tiempo para mí; ya, ya sé que tenías que pasar por el infierno ¡Y eso qué eras Dios! Pero como hombre debías saber el por qué de tu Muerte y entender a tu Padre; como Dios, salvarlo de esa terrible condena. Aún así, Señor, tres días fue mucho tiempo sin Ti. No sé después dónde anduviste: si “charlando con tu Padre”, con los Profetas o haciendo las moradas para nosotros. Supongo que sí, porque desde tu Resurrección ya el Cielo se abrió para todos. ¡A qué precio mi Dios, a qué precio pagaste la gloria del alma!

Déjame decirte una y otra vez gracias, gracias, gracias. Tus palabras “Yo estaré siempre con vosotros” me llenan de esperanza. Y a cada hora, a cada momento de mi vida te digo: “Jesús no te separes de mi ni un minuto y cuando llame la tentación a mi puerta, sal Tú a abrir por mí”.

¡Te quiero mi Dios! He dejado de llorar hasta el próximo año…

Emma Diez Lobo   

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