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¿Un porro…? 

Los derivados del cannabis se obtienen de la planta hembra  llamada “cannabis sativa”.  El hachís se elabora a partir de la resina que hay en las flores. La marihuana se elabora triturando las flores, hojas y tallos secos. La concentración de delta-9-tetrahidrocannabidol, que es el principal componente activo del cannabis, es mayor en el hachís que en la marihuana. Tiene una potente acción depresora sobre el Sistema Nervioso Central

El THC es soluble en grasa, por lo que se puede detectar durante un mes en el organismo. Al ser fumado, pasa de inmediato a la sangre y llega rápidamente a los pulmones, al hígado, al cerebro y a todos los tejidos grasos. Existe en el cuerpo humano, una sustancia similar al THC, la anandamida, cuya función se desconoce.

¿Por qué ha crecido su consumo? Un 45% de los jóvenes en España, reconoce haber consumido hachís. Hay varios factores implicados:

La escasa percepción de riesgo para la salud que tienen los jóvenes.

La cercanía de España a Marruecos, principal productor, favorece su amplia circulación.

Para los jóvenes es fácil disponer de dinero y un porro cuesta un euro.

Fumar un porro forma parte de la cultura del ocio que impera hoy día.

El deseo de los jóvenes de experimentar nuevas sensaciones.

Por ello, me marco como principal objetivo de este artículo que los jóvenes conozcan los riesgos asociados a su consumo.

Las más recientes investigaciones ya no nos permiten llamar “droga blanda” al cannabis y sus derivados. Los últimos estudios han demostrado que fumar porros de forma habitual incrementa la posibilidad de desarrollar a largo plazo un trastorno psicótico, con alucinaciones, delirios y alteraciones cognitivas y del comportamiento que impiden realizar una vida normal. A corto plazo, produce problemas de atención, concentración, memorización, fracaso escolar, conductas agresivas y trastornos de ansiedad y depresivos.

Los consumidores buscan los efectos psicológicos que produce el THC. El tiempo subjetivo se ralentiza y la memoria a corto plazo empeora. Los colores, sonidos y las percepciones espaciales se distorsionan. El apetito aumenta, los colores pueden parecer más brillantes, los sonidos más intensos. La marihuana alivia la tensión y aporta una falsa sensación de bienestar. Pero el THC modifica el funcionamiento de neurotransmisores como la dopamina y el glutamato, que están implicados en el desarrollo de la esquizofrenia. Por tanto, el riesgo de esquizofrenia se explica porque el THC incrementa los niveles de dopamina e inhibe la producción de glutamato. La acción del cannabis sobre el tercer neurotransmisor, la serotonina, aumenta el riesgo de trastornos depresivos y de ansiedad.

A nivel cognitivo, el consumo de cannabis daña la memoria y las capacidades cognitivas, como aquellas en las que interviene la velocidad de reacción, el aprendizaje, la formación de conceptos, la percepción, la coordinación motora, la capacidad de atención o detección de señales o estímulos, etc. Los consumidores se vuelven torpes, no entienden lo que leen, les cuesta fijar la vista sobre objetos en movimiento y mengua la capacidad de controlar sus manos. Estos efectos, persisten durante cuatro horas y son responsables de multitud de accidentes de tráfico o laborales.

A nivel neurológico, el consumo de cannabis produce una disminución de la fuerza muscular, incoordinación, movimientos anormales, ataxia (paralización de los músculos y alteración de la coordinación muscular).

La acumulación de thc en el cerebro, produce grandes déficits de memoria, disminuye la capacidad de atención y concentración, alterando la capacidad de aprendizaje. La mezcla de hachís con alcohol produce mareos o lipotimias, a causa de la acción vasodilatadora del alcohol.

Es importante, también, tener en cuenta que el hachís puede estar mezclado con otras sustancias extrañas, para abaratar su coste, y causar daños graves en el cerebro.

En un estudio realizado en Suiza con 50.000 personas, los resultados han sido concluyentes: el riesgo de padecer esquizofrenia es directamente proporcional al consumo de cannabis a la edad de 18 años; 27 años después, el seguimiento clínico de estas 50.000 personas, confirma una asociación directa entre la droga y la enfermedad mental. Estudios similares se han realizado en Dinamarca, Alemania, Nueva Zelanda, etc, y han confirmado los mismos resultados. Los consumidores habituales de cannabis desarrollaban más síntomas psicóticos.

Recientemente, una periodista inglesa, Nicky Taylor, fumó cannabis durante un mes para un experimento para un documental de la BBC. Así se expresa ella misma: “Experimenté una combinación de paranoia, miedo y desasosiego; desarrollé síntomas de esquizofrenia, como alucinaciones; perdí capacidad de concentración; tenía paranoias; engordé mucho; tuve importantes alteraciones del sueño; terminé en el sofá, sin sentido; la droga había acabado con mi capacidad de pensar, me parecía que todo el mundo me odiaba”.

Para resumir, los efectos secundarios que hasta ahora han sido demostrados son:

Aumento brusco del apetito.

Pérdida de fuerza muscular.

Síntomas de intranquilidad e insomnio.

Temblores.

Alteraciones sensoriales.

Sequedad de boca y ojos enrojecidos.

Hipersudoración.

Taquicardia.

Hipotensión ortostática (cuando se está de pie).

Disminución de la temperatura corporal.

Mareo.

Dolor de cabeza.

Náuseas.

Disminución de la capacidad de atención, concentración y memorización.

Limitación del rendimiento físico o intelectual.

Disminución de la capacidad de coordinación psicomotriz.

Causa un elevado número de accidentes de tráfico.

Confusión mental y alteraciones cognitivas.

Impulsividad y agresividad.

Conductas paranoides.

Trastornos de ansiedad

Ataques de pánico.

Agitación y miedo a perder el control.

Aumenta los riesgos asociados al tabaco como bronquitis, hipertensión, EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) o cáncer de pulmón.

Síndrome amotivacional, caracterizado por abulia, apatía, pasividad,

indiferencia o irritabilidad y fatigabilidad fácil.

Trastornos depresivos.

Trastornos psicóticos.

En el próximo número de la revista redactaré otro artículo que complementa éste, y responde a importantes preguntas que se hacen los padres: ¿Cómo puedo saber si mis hijos consumen cánnabis?, o ¿Cómo puedo prevenir el consumo de cánnabis en mis hijos?

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